
Apagones diarios paralizan Minca: Comercio denuncia pérdidas diarias por crisis eléctrica que los impacta
Hoteles vacíos, turistas molestos, comida dañada y comerciantes perdiendo dinero todos los días hacen parte del drama que vive Minca por los constantes cortes de energía. Mientras el pueblo queda paralizado cada noche, las facturas siguen llegando completas y la comunidad asegura sentirse abandonada.
En Minca ya hay negocios que empiezan a contar las pérdidas antes de abrir las puertas.
Restaurantes botando comida dañada. Hostales soportando reclamos de turistas furiosos. Empleados esperando que vuelva la energía para poder trabajar. Familias enteras pasando noches en completa oscuridad y comerciantes viendo cómo las ventas se desploman mientras el pueblo queda paralizado durante horas.
La crisis eléctrica dejó de ser una molestia pasajera. En Minca se convirtió en una pesadilla diaria.
Según denuncian habitantes y empresarios del corregimiento, los apagones ocurren todos los días y duran hasta cinco horas continuas. El patrón se repite casi siempre igual: la energía se va alrededor de las 8:00 de la noche y regresa cerca de la 1:00 de la madrugada.
Mientras tanto, el pueblo entero queda detenido.
El turismo comenzó a cansarse
Lo más grave para la comunidad es que el problema ya golpeó directamente el corazón económico de Minca: el turismo.
Muchos visitantes llegan buscando descanso, naturaleza y tranquilidad, pero terminan enfrentándose a habitaciones sin aire o ventiladores, calles completamente oscuras, restaurantes cerrados y hoteles improvisando soluciones para evitar que los huéspedes abandonen el lugar molestos.
Algunos turistas optan por irse antes de tiempo. Otros dejan comentarios negativos que afectan la reputación del corregimiento como destino turístico.
Y cada mala experiencia termina golpeando el bolsillo de quienes viven del turismo.
Hoteles, hostales, cafeterías, bares, operadores turísticos y pequeños emprendimientos aseguran que las pérdidas económicas ya son diarias. Hay establecimientos que simplemente quedan imposibilitados para operar cuando se va la energía.
Sin luz, Minca deja de producir dinero.
Negocios funcionando a medias y comida terminando en la basura
La situación también está destruyendo la estabilidad de muchos comerciantes que dependen completamente del servicio eléctrico.
Los restaurantes tienen que botar carnes, bebidas y alimentos refrigerados después de varias horas sin energía. Algunos negocios reducen horarios porque trabajar así se volvió insostenible. Otros gastan más dinero intentando sostenerse con plantas eléctricas o soluciones improvisadas.
Cada apagón significa pérdidas.
Y lo que más molesta a la comunidad es que, pese a los cortes permanentes, las facturas de energía siguen llegando prácticamente intactas, sin reducciones considerables en el cobro.
El sentimiento de abandono crece cada semana.
Muchos habitantes aseguran que pagan un servicio que simplemente dejó de funcionar con normalidad.
“El pueblo queda muerto”
En las noches, la imagen se repite una y otra vez.
Las calles quedan oscuras, el movimiento desaparece y gran parte de la actividad comercial se detiene. Hay negocios que bajan las rejas porque trabajar sin electricidad se vuelve imposible.
Minca, uno de los destinos ecológicos más importantes de Santa Marta y del Caribe colombiano, termina convertido en un pueblo apagado en plena temporada turística.
La situación también afecta a niños, adultos mayores y personas enfermas que deben soportar altas temperaturas y largas horas sin condiciones mínimas de bienestar.
Dormir se volvió difícil. Trabajar también.
La comunidad explotó
Cansados de la situación, habitantes, comerciantes y representantes del sector turístico hicieron pública su indignación y exigieron respuestas urgentes.
La comunidad pidió explicaciones claras sobre las causas de los apagones, información previa cuando existan suspensiones programadas y, sobre todo, soluciones reales que permitan estabilizar el servicio eléctrico en el corregimiento.
También reclamaron inversiones urgentes en infraestructura energética y mayor comunicación con los moradores.
El mensaje que hoy sale desde Minca refleja la desesperación de un pueblo que siente cómo se le está apagando su principal fuente de ingresos mientras nadie ofrece respuestas concretas.
Porque detrás de cada corte de energía hay turistas inconformes, negocios perdiendo plata, trabajadores afectados y familias enteras sobreviviendo en medio de la oscuridad.
Y mientras Minca sigue paralizada cinco horas cada noche, las cuentas siguen llegando puntuales.
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