“Yo le dije que no saliera”: la dolorosa despedida de una madre junto al cuerpo de su hijo baleado


La mujer permaneció de pie frente al cuerpo del joven mientras la Policía realizaba la inspección judicial. Entre lágrimas contenidas y frases que estremecieron a quienes estaban alrededor, relató que horas antes le había pedido que no saliera de casa porque presentía que algo malo iba a pasar.

El cuerpo del joven estaba tirado sobre el pavimento, rodeado de policías, vecinos y familiares que apenas podían sostener el llanto. A pocos metros, una mujer observaba fija el cadáver de su hijo y hablaba con una serenidad que golpeaba más duro que los gritos. Era su madre. La misma que, horas antes del crimen, le pidió que se quedara en casa porque sentía que algo malo iba a ocurrir.

Pero él salió. Y terminó muerto en una calle de Cali.

Mi hijo no era una joyita, yo la tengo clara”, dijo ella frente a todos, sin intentar disfrazar la realidad de quien acababa de perder. Sus palabras comenzaron a recorrer el lugar mientras agentes judiciales adelantaban el levantamiento del cadáver y varias personas guardaban silencio para escucharla.

“Una madre siente las cosas”

La mujer relató que antes de la tragedia sostuvo una conversación con su hijo que hoy le retumba en la cabeza. Según contó, algo dentro de ella le decía que no debía dejarlo salir.

Porque una madre siente… porque Dios me ama”, expresó mientras miraba el cuerpo tendido sobre el suelo.

Después recordó la última respuesta que recibió de él.

“Yo le dije: ‘no vaya’… y él me respondió: ‘mamá, es que yo estoy bien’”.

Minutos después, la tragedia le dio la razón a ese presentimiento que todavía intentaba entender frente al cadáver de su hijo.

El dolor de una madre que luchó sola

Mientras otra mujer lloraba desconsoladamente junto al cuerpo, ella siguió hablando con una calma extraña, como si el dolor ya la hubiera dejado sin fuerzas para quebrarse por completo.

Dijo que durante años trabajó sola para sacar adelante a sus hijos. Contó que es cristiana desde hace más de una década y que, pese a sus dificultades físicas, nunca dejó de responder por su familia.

Yo fui mamá y papá para ellos”, manifestó.

Luego lanzó una frase que dejó en silencio a quienes estaban alrededor de la escena del crimen.

“Uno de la puerta para afuera no sabe qué hacen los hijos… pero de la puerta para adentro sí sabe qué hijos tiene”.

Aquellas palabras parecían una mezcla de resignación, sinceridad y defensa. Una madre reconociendo los errores de su hijo, pero también reclamando el derecho de seguir amándolo pese a todo.

El mensaje para el asesino

Con el paso de los minutos, la voz comenzó a quebrársele. Aun así, siguió firme frente al cuerpo. Nunca se apartó de él.

Entonces habló del hombre que disparó.

“El que lo hizo que tenga paz con el Señor… porque todos los días de su vida va a vivir atormentado”.

Después soltó otra frase que terminó de estremecer la escena.

“Yo sé que al velorio va a llegar… y va a llegar avergonzado”.

Nadie respondió. Nadie habló. Solo quedaron los murmullos, el sonido de las radios policiales y el dolor de una madre obligada a despedirse de su hijo en plena calle.

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La escena quedó marcada por la crudeza de una mujer que enfrentó el peor momento de su vida mirando de frente el cadáver de su hijo, hablando sin rabia, pero con una tristeza que terminó golpeando a todos los que estaban allí.


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