
Dudas explotan alrededor del supuesto atentado contra Abelardo de la Espriella; se trataría de un montaje
La campaña del precandidato denunció un supuesto plan criminal en Envigado con un “falso escolta”, una pistola traumática y binoculares. Pero las pruebas oficiales siguen sin aparecer, no hay capturados ni investigaciones confirmadas, y ahora el caso salpica a sectores cercanos a Federico Gutiérrez.
La campaña de Abelardo de la Espriella armó un escándalo por un supuesto atentado en su contra. Hablaron de un falso escolta, mostraron una pistola traumática, binoculares y hasta planos. Pero mientras el relato crecía en redes y declaraciones públicas, las pruebas reales comenzaron a desaparecer.
Hasta ahora no hay capturas, tampoco investigaciones judiciales abiertas ni confirmaciones oficiales que sostengan la versión de un atentado.
Y como si eso no fuera suficiente, el episodio terminó tomando un giro todavía más incómodo: el hombre mencionado en el caso tendría presuntas cercanías políticas con sectores cercanos al alcalde Federico Gutiérrez, uno de los dirigentes que ha mostrado simpatía hacia la candidatura de Abelardo.
El supuesto atentado quedó lleno de vacíos
La denuncia fue presentada como un hecho grave ocurrido en Envigado. Según la campaña, detectaron a un hombre que se hacía pasar por escolta y que portaba un arma traumática, conocida popularmente como una “pistola de mentiras”.
También hablaron de binoculares y documentos relacionados con movimientos del esquema de seguridad del precandidato.
Las imágenes circularon rápidamente y la narrativa del miedo empezó a moverse con fuerza en redes sociales. Sin embargo, conforme avanzaron las horas comenzaron a surgir preguntas que nadie respondió con claridad.
¿Dónde están los informes oficiales? ¿Qué autoridad confirmó el supuesto plan? ¿Por qué no hay capturados? ¿Dónde está la investigación judicial?
Por ahora, las respuestas siguen sin aparecer.

Las conexiones políticas complicaron más el caso
El episodio comenzó a debilitarse todavía más cuando aparecieron versiones sobre presuntas cercanías entre el hombre mencionado y sectores políticos próximos a Federico Gutiérrez.
Eso terminó golpeando directamente la narrativa inicial de la campaña, porque el supuesto enemigo terminaría conectado políticamente con sectores que han mostrado afinidad hacia Abelardo de la Espriella.

La situación abrió un nuevo frente de críticas y cuestionamientos públicos.
En redes sociales y sectores políticos comenzó a crecer la percepción de que todo el episodio habría sido exagerado o utilizado mediáticamente para victimizar la candidatura.
Del miedo al ridículo político
Lo que pretendía convertirse en una denuncia explosiva terminó convertido en un problema para la propia campaña.
Las imágenes dramáticas, el lenguaje alarmista y la ausencia de pruebas concretas hicieron que la historia empezara a derrumbarse sola frente a la opinión pública.

Cada hora sin capturas ni confirmaciones oficiales alimentó más la sensación de que el supuesto atentado tenía demasiados vacíos y demasiadas escenas montadas para generar impacto.
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Ahora, lejos de consolidar una denuncia creíble, el caso dejó instalada otra percepción: que el relato del “falso escolta” terminó convertido en un boomerang político que se les devolvió en plena cara.
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