40 pescadores presuntamente secuestrados por grupo armado: familia denuncia robo de motores y lanchas


Cerca de 40 pescadores de Ciénaga y Puebloviejo habrían sido retenidos por grupos al margen de la ley tras salir a faena en la madrugada de este sábado.

El mar, que durante años ha sido sustento, hoy se convirtió en escenario de una amenaza que mantiene en incertidumbre a decenas de familias en el Magdalena.

La situación comenzó en la madrugada de este sábado, cuando aproximadamente 40 pescadores zarparon desde el barrio Abajo, como parte de su rutina diaria, hacia sus labores en altamar. Se adentraron al mar, como todos los dias.

Todo transcurría con normalidad hasta que, horas después, una llamada cambió por completo el panorama. Uno de ellos logró comunicarse y alertó sobre lo que estaban viviendo.

“Nos dijeron que vivieron maltratos, un tipo de retención, digámoslo así, a manos de grupos al margen de la ley”, relató Yolanda, familiar de varios de los afectados.

La frase, repetida entre allegados, refleja lo poco que se sabe, pero también la gravedad de lo ocurrido. La comunicación fue breve. Se cortó. Desde ese momento no ha habido más contacto.

El silencio pesa. Pasan los minutos. Pasan las horas. Y la angustia crece en Ciénaga y Puebloviejo, donde las familias siguen esperando noticias sin tener claridad sobre el paradero de los pescadores ni las condiciones en las que se encuentran. No hay confirmaciones oficiales. Solo versiones que apuntan a la presencia de estructuras ilegales en el mar.

La violencia, que durante años ha marcado territorios en tierra, ahora parece extenderse hacia las aguas. El control de rutas, la intimidación y la retención de civiles ya no serían hechos aislados en zonas rurales, sino que comienzan a sentirse también en altamar. Un escenario que preocupa. Que alarma. Que cambia las dinámicas de quienes viven de la pesca.

Además del drama humano, está el golpe económico. Según denunciaron los familiares, los pescadores habrían sido despojados de al menos 10 motores, varias lanchas y sus redes de pesca. Herramientas esenciales. Sin ellas, no hay trabajo. No hay ingreso. No hay cómo sostener a sus familias.

Ante esta desesperada situación, uno de sus allegados decidió hablar.

«No sabemos la problemática que están viviendo donde los tienen. Es muy triste lo que están pasando, y pido que nos ayuden a recuperarlos”, insistió Yolanda, dejando en evidencia la desesperación que hoy se siente en estas comunidades costeras.

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Por ahora, la incertidumbre domina. No hay respuestas claras. No hay información oficial sobre operativos o ubicaciones. Solo familias que esperan. Que resisten. Que miran al mar con temor, mientras la violencia, silenciosa, parece haber encontrado un nuevo espacio.


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