
Ya no tendrán que caminar kilómetros para llegar al colegio: 3.521 estudiantes rurales reciben bicicletas de manos de la gobernadora
La mandataria departamental inició en Plato la entrega de las ‘Bicis de la Alegría’, una inversión de $3.572 millones que busca facilitar el desplazamiento de estudiantes de zonas apartadas y combatir uno de los factores que alimentan la deserción escolar: las largas distancias para llegar a clases.
Para miles de niños del Magdalena, estudiar también significa caminar largas distancias antes de sentarse frente a un tablero. Esa realidad comenzará a cambiar para 3.521 estudiantes de zonas rurales que recibirán bicicletas para desplazarse desde sus hogares hasta las instituciones educativas.
La gobernadora Margarita Guerra puso en marcha este viernes en Plato el programa ‘Bicis de la Alegría’, una estrategia dirigida principalmente a niños, niñas y adolescentes que viven en veredas, corregimientos y sectores dispersos del departamento, donde llegar diariamente al colegio puede convertirse en una dificultad que termina afectando la permanencia escolar.
La primera entrega comenzó en Plato
La cancha del barrio Juan XXIII fue el escenario escogido para iniciar un recorrido que posteriormente llegará a las diferentes subregiones del Magdalena. En Plato fueron entregadas las primeras 100 bicicletas, mientras que para toda la subregión centro están destinadas 670.
Los vehículos cuentan con canastilla, termo, luz frontal, paral, casco y chaleco, elementos incluidos para brindar mayores condiciones de seguridad durante los desplazamientos de los estudiantes.


Más allá de entregar un medio de transporte, la Gobernación pretende reducir el esfuerzo y el tiempo que muchos menores deben invertir diariamente para asistir a clases, especialmente aquellos que viven en lugares donde las distancias entre las viviendas y las instituciones educativas son considerables.
Una bicicleta contra la deserción escolar
La gobernadora Margarita Guerra aseguró que solicitó priorizar a las comunidades rurales y particularmente a las instituciones educativas departamentales ubicadas en sectores dispersos de lo que denominó la “Magdalena profunda”.
“Yo trabajo por un presente y que lleguen al colegio en bicicleta marca la diferencia y permite disminuir los indicadores de deserción escolar”, manifestó la mandataria durante el lanzamiento del programa.
La apuesta parte de una realidad que golpea especialmente al campo: las dificultades de movilidad pueden convertirse en una barrera para garantizar la permanencia de los estudiantes en las aulas. Con las bicicletas, la administración departamental busca acortar esas distancias y facilitar que los jóvenes puedan cumplir diariamente con su jornada académica.
Las bicicletas llegarán a todo el Magdalena
Las 3.521 bicicletas serán distribuidas entre las diferentes subregiones del departamento. La subregión Río recibirá 921; la Norte, 860; la Centro, 670; la Sur, otras 670, mientras que para el Distrito de Santa Marta fueron destinadas 400.

Los beneficiarios serán estudiantes de sexto a décimo grado, principalmente de sectores rurales donde las condiciones de desplazamiento dificultan el acceso cotidiano a las instituciones educativas.
El alcalde de Plato, Armando Campuzano, acompañó la primera jornada y destacó que el programa también puede incentivar la actividad física entre los menores. “Estas bicicletas fortalecen el tejido social y permiten una sociedad comprometida con el progreso”, señaló.
Una inversión de $3.572 millones
El proyecto representa una inversión de $3.572 millones por parte de la Gobernación del Magdalena. La administración departamental espera que el impacto pueda medirse posteriormente en mejores condiciones de acceso y permanencia dentro del sistema educativo.
Para los estudiantes beneficiados, sin embargo, el cambio será mucho más cotidiano: tendrán una alternativa para dejar atrás recorridos a pie que podían tomar largos periodos antes y después de cada jornada escolar.
Las primeras bicicletas ya comenzaron a rodar en Plato. Ahora el programa deberá llegar hasta las comunidades rurales para las que fue diseñado, aquellas donde estudiar sigue exigiendo levantarse más temprano, recorrer kilómetros y vencer una distancia que, para muchos niños del Magdalena, también se había convertido en una barrera para permanecer en las aulas.
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