
Paloma y Cepeda dicen que serán los de la solución al agua de Santa Marta ¿A quién le cree?
Paloma Valencia e Iván Cepeda coincidieron en la ciudad prometiendo acabar con la crisis del agua. Uno habló de continuidad con Petro. La otra de gerencia y articulación. Pero en los barrios la gente ya perdió la paciencia.
Santa Marta escuchó el mismo discurso dos veces en una sola tarde. Cambiaron los escenarios, las banderas políticas y los aplausos, pero la promesa fue exactamente la misma: acabar con el sufrimiento del agua y el colapso del alcantarillado.
Mientras miles de samarios todavía llenan tanques, compran pimpinas o esperan carrotanques en pleno 2026, Iván Cepeda y Paloma Valencia aterrizaron en Santa Marta al mismo tiempo para disputar algo más importante que votos: la credibilidad.
Los dos saben cuál es la verdadera herida de esta ciudad. Un sufrimiento eterno por el agua y rebosamiento de alcantarillas que se convierten en el caballito de batalla de cada político.
Dos discursos distintos para el mismo dolor
Cepeda llenó el Parque Bolívar con una narrativa de continuidad. Habló de seguir los proyectos impulsados por el presidente Gustavo Petro y defendió que la solución para Santa Marta ya empezó a construirse desde el Gobierno nacional.
Mencionó la necesidad de acelerar las obras que buscan aumentar el abastecimiento de agua y resolver el desastre sanitario que vive la ciudad cada vez que las alcantarillas revientan en sectores turísticos, residenciales y populares.
Su mensaje es que no hay que empezar de cero porque el camino ya está trazado.
En otro lugar a la misma hora, Paloma Valencia reunió a cientos de mujeres y simpatizantes en otro evento masivo. Allí tomó el mismo problema y lo convirtió en una crítica contra el Gobierno actual.
Dijo que trabajará de la mano con la Alcaldía y la Gobernación para ejecutar soluciones reales y acabar con décadas de abandono. Habló de gestión, ejecución y articulación institucional. Su discurso apuntó a algo que en Santa Marta genera eco inmediato: la gente siente que los proyectos se anuncian más rápido de lo que se construyen.
La ciudad donde el agua se volvió una promesa eterna
El problema para ambos candidatos es que Santa Marta ya no le cree a los políticos. Ya casi finaliza el gobierno de Gustavo Petro y sigue sin dejar definidas las dos plantas desalinizadoras que prometió.
La ciudad lleva años escuchando palabras como “solución definitiva”, “megaproyecto”, “revolución del agua” y “transformación histórica”. Mientras tanto, hay barrios donde el agua llega de madrugada, urbanizaciones donde las motobombas trabajan más que los electrodomésticos y sectores turísticos donde el alcantarillado rebosa frente a hoteles y restaurantes.
En algunos puntos de la ciudad el olor a aguas residuales se volvió parte del paisaje.
Por eso los discursos políticos ya no emocionan.
Muchos asistentes a los eventos aplaudieron, grabaron videos y levantaron banderas, pero en conversaciones fuera de tarima aparecía la misma pregunta: “¿Ahora sí será verdad?”
La pelea por la confianza
Iván Cepeda apuesta a convencer de que la continuidad del petrismo permitirá destrabar las obras que ya fueron anunciadas para Santa Marta. Su ventaja política está en que el Gobierno nacional ya tiene presencia en la discusión técnica y financiera del problema.
Sin embargo, carga también con el desgaste de una ciudadanía que todavía espera resultados visibles.
Paloma Valencia, en cambio, intenta posicionarse como la opción que puede ejecutar con mayor velocidad y control administrativo. Busca conectar con quienes creen que el problema de Santa Marta no es solo falta de plata, sino exceso de discursos y poca eficiencia.
Pero también enfrenta una duda difícil: si llega al poder, ¿mantendría intactos los proyectos impulsados por Petro o cambiaría el rumbo?
Ahí está la gran incertidumbre.
Santa Marta ya no quiere discursos
En esta ciudad el agua dejó de ser un debate técnico. Ahora es una rabia cotidiana.
La vive la madre que guarda agua en baldes por si acaso.
La vive el comerciante que espanta malos olores frente a su negocio.
La vive el turista que encuentra alcantarillas rebosadas en zonas exclusivas.
La vive el barrio que pasa días enteros esperando una gota.
Por eso, mientras Paloma Valencia e Iván Cepeda prometían soluciones desde escenarios distintos, Santa Marta parecía observarlos con una mezcla de esperanza y cansancio.
Porque aquí ya casi nadie quiere escuchar quién tiene la culpa.
La gente lo que quiere es abrir la llave… y que salga agua.
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