
No paran los ataques a pescadores en la Ciénaga Grande: familiares bloquearon la Troncal pidiendo ayuda desesperada al Gobierno
Familias desesperadas cerraron la principal vía del Caribe colombiano para exigir la intervención urgente del Gobierno Nacional. Denuncian que grupos armados siguen robando lanchas, motores y reteniendo pescadores mientras el miedo se apodera de las comunidades costeras.
Cada vez que una lancha se pierde en el horizonte, decenas de familias quedan atrapadas en la misma incertidumbre: si volverán a ver con vida a sus esposos, hijos, hermanos o padres. En la Ciénaga Grande de Santa Marta pescar dejó de ser un trabajo para convertirse en una actividad marcada por el miedo, donde hombres armados interceptan embarcaciones, despojan a los pescadores de todo lo que tienen y los abandonan a su suerte en medio del agua. Algunos regresan. Otros tardan horas. Y sobre algunos más, las familias aseguran que ni siquiera tienen noticias.
Cansados de esperar soluciones mientras la delincuencia sigue gobernando en la ciénaga, familiares de pescadores decidieron bloquear la Troncal del Caribe a la altura de Tasajera. La protesta nació del desespero de una comunidad que siente que quedó sola frente a grupos criminales que controlan sectores estratégicos de pesca y que continúan sembrando terror entre quienes dependen del mar para sobrevivir.
El agua ya no da tranquilidad, da miedo
Lo que antes representaba alimento y sustento hoy es visto por muchos pescadores como una ruta de alto riesgo.
Las denuncias señalan que hombres armados una vez más interceptaron embarcaciones durante una jornada de trabajo, amenazaron a los tripulantes con armas de fuego y les quitaron sus elementos de trabajo.
Después del asalto, las víctimas son dejadas flotando en medio de la ciénaga o en aguas del Caribe, obligadas a buscar ayuda como puedan para regresar a tierra firme.
La situación se agravó aún más tras conocerse denuncias sobre varios trabajadores que presuntamente fueron retenidos y que todavía no regresan a sus hogares, aumentando la angustia de sus familiares.
Una región marcada por la sangre
El temor que hoy domina a Puebloviejo, Tasajera y otras comunidades ribereñas tiene antecedentes recientes.
La herida provocada por la masacre del pasado 10 de mayo en Palmira sigue abierta.
Aquella noche, hombres armados irrumpieron en una vivienda y asesinaron a cinco personas pertenecientes a familias de pescadores ampliamente conocidas en la región.
Entre las víctimas estaban un padre junto a dos de sus hijos, dos hermanos dedicados a la pesca y jóvenes que apenas comenzaban a construir su futuro.
Desde entonces, la sensación de vulnerabilidad se profundizó entre los habitantes, quienes consideran que las medidas anunciadas tras aquella tragedia nunca lograron devolverles la tranquilidad.
La paciencia se agotó
Los líderes de la protesta insistieron en que el bloqueo no está relacionado con problemas de servicios públicos ni con otras reclamaciones históricas del territorio. Esta vez el motivo es el miedo.
La comunidad asegura que hace pocos días las autoridades prometieron acciones concretas para reforzar la seguridad, incluyendo presencia militar permanente, patrullajes acuáticos y una base del Ejército en la zona.
Sin embargo, los habitantes denuncian que esas medidas siguen sin ejecutarse mientras los grupos armados continúan actuando con total libertad.
“Nos están robando, nos están amenazando y nadie hace nada”, es la frase que más se repite entre quienes permanecen sobre la carretera exigiendo respuestas.
El mensaje para Petro
La protesta escaló hasta convertirse en un llamado directo al presidente Gustavo Petro.
Los manifestantes aseguran que mantendrán el cierre vial hasta recibir garantías reales para los pescadores y sus familias.
Exigen la presencia permanente de la Fuerza Pública en las aguas de la Ciénaga Grande y en los puntos donde se han concentrado los ataques.
Mientras tanto, la Troncal del Caribe permanece bloqueada por una comunidad que siente que el Estado llegó tarde.
Porque en la Ciénaga Grande el miedo ya no es perder una lancha o un motor.
El miedo es despedirse de un ser querido en la madrugada para salir a pescar y que nunca vuelva a aparecer.
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