
¿Quién está amenazando a Margarita Guerra? Gobernadora denuncia presiones y habla de corrupción en oficinas y hospitales
La mandataria departamental aseguró que durante meses ha soportado amenazas, presiones, insultos, humillaciones y ataques por las decisiones que ha tomado al frente de la administración departamental. En un fuerte pronunciamiento público, afirmó que encontró oficinas y hospitales convertidos, según ella, en “focos de corrupción y de negocios personales”, y advirtió que seguirá tomando decisiones con “carácter y mano fuerte”.
La gobernadora del Magdalena, Margarita Guerra aseguró que lleva meses soportando amenazas y presiones que, según su denuncia, buscan doblegar su voluntad y condicionar la manera como está gobernando el departamento.
La mandataria sorprendió con un extenso pronunciamiento publicado en sus redes sociales, en el que habló de ataques permanentes, descalificaciones, insultos, humillaciones y una exposición pública que, sostiene, ha intentado quebrantar su carácter. La situación habría llegado a un punto especialmente delicado: Guerra aseguró que las amenazas que recibe también la obligan a pensar en la seguridad de su familia.
“Durante meses he soportado ataques permanentes, amenazas, presiones, descalificaciones, insultos, múltiples humillaciones y una injusta exposición pública que ha intentado de mil formas quebrantar mi carácter y mi voluntad”, expresó.
La gobernadora evitó revelar nombres, sectores políticos o personas que estarían detrás de esas presiones. Sin embargo, el contenido de su declaración dejó un interrogante en el escenario político del Magdalena: ¿quiénes estarían intentando presionarla y qué decisiones de su gobierno habrían provocado semejante reacción?
“El Magdalena no tiene dueño”
Guerra sostuvo que decidió hacer pública la situación después de guardar silencio durante meses para concentrarse en la administración. Aseguró que llegó a la Gobernación con la intención de ejercer el cargo con autonomía y rechazó que las decisiones oficiales tengan que responder a intereses particulares.
“El Magdalena no tiene dueño. No es de colores, no es de apellidos, ni es de sectores exclusivos”, afirmó la mandataria, en uno de los apartes más fuertes de su pronunciamiento.
La frase adquiere especial peso político porque Guerra plantea que parte de las resistencias que enfrenta tendrían origen precisamente en las decisiones adoptadas para modificar prácticas que encontró dentro de la administración. Según explicó, gobernar con independencia, corregir procedimientos y realizar depuraciones ha tenido consecuencias que está dispuesta a asumir.
“Gobernar con autonomía, corregir lo que estaba mal, depurar cuando corresponde y poner siempre por delante el interés general, claro que tiene sus costos. Los he asumido con dignidad y los seguiré asumiendo”, señaló.
Aunque evitó señalar directamente a los responsables, su mensaje marca distancia frente a sectores que, de acuerdo con su versión, pretenderían mantener cuotas de poder o intereses particulares dentro de la estructura departamental.
Graves señalamientos sobre oficinas y hospitales
El pronunciamiento se tornó más fuerte cuando la gobernadora habló de lo que asegura haber encontrado dentro de algunas dependencias y entidades del departamento. Guerra sostuvo que ha tomado decisiones para desmontar clientelismos y estructuras que, según ella, funcionaban para beneficiar intereses individuales.
“He tomado decisiones proyectando un Magdalena para todos, sin clientelismos y sin quienes solo generan odio y buscan únicamente intereses individuales, como es el caso de oficinas y hospitales que tristemente encontramos al servicio de unos pocos, convertidas en verdaderos focos de corrupción y de negocios personales”, denunció.
La afirmación resulta particularmente delicada porque pone al descubierto presuntas irregularidades dentro de oficinas públicas y hospitales, aunque la mandataria tampoco precisó cuáles serían las entidades comprometidas, quiénes se habrían beneficiado o si existen investigaciones disciplinarias, fiscales o penales relacionadas con esos señalamientos.
Lo que sí dejó claro es que atribuye parte de la presión que asegura estar enfrentando a las decisiones adoptadas para intervenir esas situaciones.
Las amenazas llegaron al terreno familiar
Más allá de la confrontación política, Margarita Guerra aseguró que existe una preocupación que terminó llevándola a hablar públicamente: su familia.
“Pero también tengo una familia. Personas que amo profundamente, y su seguridad son una prioridad irrenunciable para mí”, manifestó.
La gobernadora tampoco detalló la naturaleza de las amenazas, cuándo comenzaron, por qué medios las habría recibido o si los hechos ya fueron puestos formalmente en conocimiento de la Fiscalía, la Policía o los organismos encargados de su seguridad.
Sin embargo, confirmó que las intimidaciones existen al señalar posteriormente: “Ante cada amenaza que recibo, confío en que tengo una protección superior y cuento con el acompañamiento de un departamento entero”.
Su declaración convierte el asunto en algo que supera una simple disputa política. Si existen amenazas relacionadas con decisiones administrativas tomadas desde la Gobernación, corresponderá a las autoridades establecer su procedencia, determinar quién estaría detrás de ellas y esclarecer si guardan relación con los intereses que Guerra asegura haber tocado durante su gestión.
“Carácter y mano fuerte”
El mensaje también pareció dirigido a quienes esperaban que las presiones terminaran modificando el rumbo de su administración. Guerra aseguró que continuará tomando las decisiones que considere necesarias y que su independencia constituye una línea que no está dispuesta a negociar.
“La ética y la independencia no son negociables para mí”, sentenció.
La mandataria insistió en que pretende mantener una administración abierta a distintos sectores y concentrarse en inversiones, seguridad, productores, jóvenes y obras para los municipios, evitando que las disputas políticas consuman el tiempo de su gobierno.
Además, defendió que sigue siendo la misma mujer que recorrió el departamento durante la campaña electoral y aseguró que conservará su estilo cercano, aunque acompañándolo de decisiones firmes cuando considere necesario corregir situaciones heredadas.
“Seguiré siendo una Gobernadora alegre, pero también con carácter y mano fuerte para tomar las decisiones que se necesiten para corregir los errores del pasado”, concluyó.
Margarita Guerra decidió hablar después de meses en silencio y su declaración deja un escenario cargado de interrogantes. Denuncia amenazas, habla de presiones, asegura haber tocado intereses y señala presuntos focos de corrupción, pero mantiene en reserva los nombres de quienes estarían detrás de ellos.
Ahora el asunto queda también en manos de las autoridades. Porque cuando una gobernadora asegura públicamente que está siendo amenazada por ejercer con autonomía el poder que recibió en las urnas, la discusión deja de limitarse a las diferencias políticas: hay responsables que deben ser identificados y hechos que necesitan ser esclarecidos.
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