
La necesidad lo llevó a subirse al árbol: murió buscando mangos para vender en las calles
El vendedor informal y padre de tres hijos, intentó conseguir fruta por su cuenta para seguir trabajando ante el alto costo del mango en los mercados. Una caída desde varios metros de altura acabó con la vida del hombre que durante más de 20 años recorrió las calles vendiendo frutas para sostener a su familia.
La necesidad terminó siendo más fuerte que el miedo.
Jorge Luis Palomino Ochoa salió a buscar la mercancía con la que pensaba ganarse el sustento del día. A sus 48 años seguía recorriendo las calles de Barranquilla vendiendo frutas, cargando sobre sus hombros la responsabilidad de mantener a su familia. Pero esta vez no fue a comprar mangos. Decidió subirse a un árbol para bajarlos él mismo y ahorrar dinero. Esa decisión puso fin a su vida.
El hombre cayó desde varios metros de altura cuando intentaba recolectar la fruta en el barrio Rivera. El golpe fue devastador. Vecinos corrieron a auxiliarlo mientras agonizaba sobre el pavimento, pero las heridas fueron demasiado graves. Minutos después murió en una clínica.
El mango estaba demasiado caro
Detrás de la tragedia hay una realidad que conocen miles de vendedores informales: cada peso cuenta.
Familiares relataron que Jorge Luis buscaba una alternativa para continuar trabajando debido al alto costo que había alcanzado el mango en los mercados. Comprar la fruta significaba reducir las ganancias de una actividad que ya de por sí dependía del esfuerzo diario y de las ventas callejeras.
Por eso llegó hasta la carrera 48 con calle 74. Allí observó un árbol cargado de mangos y decidió hacer lo que probablemente había hecho en otros momentos de su vida: treparse para recogerlos.
Sin embargo, los años habían pasado.
Lo que parecía una tarea sencilla terminó convirtiéndose en una tragedia irreversible.
Una caída que dejó sin aliento al sector
Testigos observaron con horror el momento en que el vendedor perdió el equilibrio mientras estaba sobre una de las ramas.
La caída fue violenta.
Su cuerpo impactó directamente contra la vía, provocándole un severo trauma craneoencefálico. El estruendo alertó a vecinos y comerciantes de la zona, quienes salieron de inmediato para ayudarlo.
La escena era desesperante.
Mientras algunos intentaban mantenerlo consciente, otros buscaban la forma de trasladarlo rápidamente a un centro asistencial. Finalmente fue llevado a la Clínica General del Norte, donde ingresó en estado crítico.
Los médicos hicieron todo lo posible por salvarle la vida, pero la gravedad de las lesiones terminó imponiéndose.
Minutos después se confirmó su fallecimiento.
«Pensábamos que había ido a comprar fruta»
La noticia cayó como un golpe demoledor entre familiares y compañeros de trabajo.
Lisbeth Alcalá, allegada al vendedor y también dedicada al comercio informal, aseguró que nadie imaginó que Jorge Luis había decidido subirse al árbol.
Según explicó, creían que estaba realizando una compra como acostumbraba hacerlo para abastecerse de mercancía.
«El mango está caro. No estábamos comprando mango porque yo también soy vendedora informal y tampoco estoy comprando mango, sino que me lo traen y yo se los compro a otra persona», expresó en medio del dolor.
Sus palabras reflejan la realidad de muchos trabajadores informales que luchan diariamente para obtener ganancias cada vez más reducidas por el aumento de los costos.
La muerte de Jorge Luis Palomino Ochoa dejó mucho más que una noticia trágica.
Dejó a tres hijos sin su padre.
Dejó una familia sin uno de sus principales apoyos económicos.
Dejó vacía la ruta diaria de un hombre que durante más de dos décadas caminó las calles vendiendo frutas para llevar comida a su hogar.
Familiares, amigos y conocidos lo recuerdan como una persona servicial, amable y trabajadora. Un hombre que nunca le tuvo miedo al esfuerzo y que convirtió el rebusque en su forma de vida.
«Era una persona muy querida, muy amable, nadie puede hablar mal de él», dijeron sus allegados mientras intentaban asimilar la pérdida.
Paradójicamente, aquello que buscaba para sostener a su familia terminó arrebatándole la vida.
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