Después de 40 años entre aguas negras y barro, Chimila estrenó calle pavimentada: “aquí venían era a pedir votos”


El alcalde Carlos Pinedo Cuello entregó una nueva vía en Chimila I, un sector que durante décadas convivió con calles destruidas, alcantarillas rebosadas y abandono institucional. La obra incluyó pavimentación, alcantarillado y redes de acueducto.

Durante años, en Chimila caminar significaba esquivar charcos de aguas residuales, hundirse en el barro y convivir con el olor del alcantarillado rebosado frente a las casas.

La calle 9J, entre carreras 51 y 54, era una herida abierta en medio del barrio. Cuando llovía, el fango se apoderaba de la vía. Cuando hacía sol, quedaban los huecos, el polvo y las tuberías colapsadas. Los vecinos crecieron viendo pasar administraciones enteras prometiendo arreglos que nunca llegaron. Hasta ahora.

Cuarenta años después de esperar una intervención, los habitantes de Chimila I recibieron una obra que, según la comunidad, cambió la realidad de una de las calles más golpeadas del sector. El alcalde Carlos Pinedo Cuello entregó oficialmente la pavimentación de la vía, junto con nuevas redes de alcantarillado y acueducto.

La calle donde el agua sucia se metía a las casas

En Chimila el problema dejó de ser solamente una calle dañada hace mucho tiempo.

Las aguas residuales corrían frente a las viviendas y en épocas de lluvia terminaban entrando a las casas.

Los vecinos tenían que soportar malos olores, barro y enfermedades mientras esperaban soluciones que nunca aparecían.

Por eso la entrega de la obra terminó convirtiéndose en un acto cargado de reclamos acumulados durante décadas.

Ya no vivimos con aguas residuales en las calles ni en nuestras casas”, dijo Arturo Morales, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Altos de Chimila, al agradecer la intervención del Distrito.

Las palabras resumían el cansancio de toda una comunidad que durante años sintió que la ciudad avanzaba en otros sectores mientras ellos seguían atrapados entre calles destruidas y tuberías viejas.

“Aquí ningún alcalde aparecía”

La obra tuvo una inversión superior a los 429 millones de pesos e incluyó 115 metros lineales de pavimento, una vía de más de cinco metros de ancho, nuevas redes de alcantarillado y tuberías de acueducto.

Pero más allá de las cifras, en Chimila el discurso giró alrededor del abandono.

Los líderes comunitarios repitieron una frase que se escuchó varias veces durante el acto de entrega: durante 40 años los políticos llegaban al barrio solamente en campaña.

“Todas las administraciones pasaban por acá solo a hacer campaña”, expresó la lideresa Adalgiza Jiménez frente a los asistentes.

Varios residentes terminaron recibiendo la obra como una especie de revancha contra décadas de olvido institucional.

El alcalde respondió a las críticas

Durante la entrega, Carlos Pinedo Cuello aseguró que la transformación de Santa Marta está llegando a sectores históricamente olvidados.

“Ya no estamos aquí prometiendo algo, aquí estamos dando resultados concretos”, expresó el mandatario ante la comunidad.

El alcalde también anunció que actualmente el Distrito tiene contratadas 211 obras en diferentes barrios de la ciudad y confirmó la entrega de 15 mejoramientos de vivienda para familias vulnerables de Chimila.

Mientras hablaba, varios residentes observaban la nueva calle pavimentada donde antes había barro, aguas estancadas y alcantarillas colapsadas.

Para muchos habitantes, el verdadero cambio empezó cuando dejaron de vivir pendientes de las lluvias.

Antes, un aguacero convertía la calle en un problema. El agua se mezclaba con el lodo y las aguas residuales. Los motociclistas evitaban pasar y los peatones terminaban brincando entre charcos para llegar a sus casas.

Ahora la escena es distinta.

La nueva vía quedó construida con pavimento de 20 centímetros de espesor y una durabilidad estimada de dos décadas. La comunidad asegura que por primera vez siente que una obra llegó para quedarse y no para servir como otra promesa de campaña.

En Chimila la calle dejó de ser un símbolo de abandono.

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Y después de 40 años, eso ya es suficiente para que muchos crean que algo finalmente empezó a cambiar.


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