Comunidad de Puebloviejo recibió transformador de alta capacidad para superar crisis de energía que afectaba a cientos de familias


Los constantes cortes terminaron cuando el viejo transformador de 50 KVA colapsó y dejó a varias comunidades de Palmira, en Puebloviejo, sin energía. Ruta Magdalena Sierra Mar conoció la emergencia y gestionó en pocas horas un equipo de 120 KVA que permitió recuperar el servicio con mayor capacidad. Para cerca de 700 a 1.000 personas, la solución significó volver a encender ventiladores, conservar alimentos, cargar celulares y recuperar actividades cotidianas que dependen de la electricidad.

El viejo transformador aguantó hasta que pudo. Durante un tiempo había soportado sobrecargas y fallas que se traducían en cortes constantes para las familias de Palmira. Finalmente colapsó y dejó a varias comunidades enfrentadas a una realidad especialmente dura en esta zona del Magdalena: quedarse sin energía en medio del calor.

Sin electricidad, el problema dejó de ser solamente técnico. En las casas comenzaron las dificultades para conservar alimentos, encender ventiladores, cargar teléfonos y mantener funcionando pequeños negocios y actividades que dependen del servicio. La incertidumbre era mayor porque el equipo averiado tenía apenas 50 KVA y la demanda del sector había terminado superando su capacidad.

La solución llegó desde un actor que estaba en el territorio por una razón distinta. Ruta Magdalena Sierra Mar, encargada de la operación, mantenimiento y ampliación de la vía Ciénaga–Barranquilla, conoció lo que estaba ocurriendo y decidió gestionar un nuevo transformador.

Pero en lugar de reemplazar el dañado por otro de características similares, consiguió uno de 120 KVA, más del doble de la capacidad anterior.

Para las familias, aquello significaba algo mucho más sencillo y urgente: volver a tener luz y contar con un servicio con mayor capacidad para responder a las necesidades de la comunidad.

El transformador ya venía avisando

Los problemas habían comenzado antes del colapso definitivo. El equipo que atendía al sector presentaba fallas recurrentes y estaba sometido a sobrecarga, una situación frecuente en poblaciones donde la demanda eléctrica ha aumentado con los años.

“Se les iba la luz. Estaba ya con un tema de sobrecarga, que además es muy común en el sector. Hasta que el transformador no pudo más, se prendió y se quedaron sin luz”, explicó un representante de Ruta Magdalena Sierra Mar.

El daño terminó afectando la cotidianidad de numerosas familias de Palmira. Según las estimaciones conocidas durante la gestión, entre 700 y 1.000 personas podrían beneficiarse con la solución, distribuidas en varios sectores.

En un territorio acostumbrado a altas temperaturas, quedarse sin electricidad también significa pasar días y noches sin ventiladores. Para quienes tienen pequeños establecimientos representa además el riesgo de perder productos refrigerados y detener parte de su actividad económica.

Por eso, cada hora comenzaba a contar.

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Una llamada puso en marcha la solución

Ruta Magdalena Sierra Mar se enteró de la emergencia mientras adelantaba trabajos relacionados con el corredor Ciénaga–Barranquilla. La información también llegó a través de la administración municipal y rápidamente comenzó la comunicación para buscar una salida.

La concesión estableció contacto con el alcalde y conoció las dificultades que existían para disponer inmediatamente de los recursos necesarios.

Fue entonces cuando decidió asumir la gestión.

“Nos pusimos en marcha con la tarea de solucionar ese mismo día el tema”, explicó el representante de la concesión.

La búsqueda comenzó aproximadamente a las 10:00 de la mañana. Entre la 1:00 y las 2:00 de la tarde el transformador ya había sido localizado y gestionado. Después quedaba esperar la intervención del operador eléctrico para instalarlo.

Horas más tarde, durante la tarde y la noche, se realizaron los trabajos correspondientes y la comunidad pudo recuperar el servicio.

De 50 a 120 KVA

La diferencia entre el transformador averiado y el nuevo equipo terminó convirtiéndose en uno de los aspectos más importantes de la solución.

El anterior tenía una capacidad de 50 KVA. El gestionado por Ruta Magdalena Sierra Mar es de 120 KVA.

“Pensando que podíamos mejorar la calidad de vida de la gente, nos hicimos a la tarea de conseguir uno de 120. Le ayudamos al barrio, a la gente, y pudieron tener el servicio de luz, pero además tenerlo con mayor confiabilidad”, explicó el vocero.

Incluso entre los habitantes la capacidad del nuevo equipo generó comentarios. Algunos aseguraban, en tono jocoso, que difícilmente había en los alrededores otro transformador de ese tamaño.

Pero detrás de la comparación existe un asunto más importante: la comunidad pasó de depender de un equipo que venía trabajando al límite a contar con una infraestructura de mayor capacidad.

Para cientos de personas, los números se traducen en algo concreto. Poder encender nuevamente una bombilla, un ventilador o una nevera sin vivir con la misma incertidumbre de que el transformador vuelva a colapsar por sobrecarga.

Cuando una carretera también ayuda a sus vecinos

Ruta Magdalena Sierra Mar llegó a este territorio para asumir una misión principalmente vial: operar, mantener y ampliar el corredor Ciénaga–Barranquilla. Sin embargo, las obras han generado una relación permanente con las comunidades que viven a sus costados.

Palmira terminó siendo una muestra de cómo esa presencia puede ir más allá de la carretera.

“Queremos que sientan que la vía también los puede ayudar y que nos vean como alguien que aporta en beneficio de la gente”, señaló el representante de la concesión.

Ese relacionamiento ya había tenido otros momentos. Durante las inundaciones registradas a comienzos de año, la concesión apoyó a comunidades damnificadas con cerca de 600 mercados y ha participado en acciones relacionadas con el manejo de aguas en sectores cercanos al proyecto.

También ha vinculado mano de obra no calificada procedente de poblaciones como Puebloviejo, Palmira, Cansacará y sectores de la Isla de Salamanca, permitiendo que habitantes de la zona encuentren oportunidades laborales alrededor de la transformación del corredor.

Mucho más que un equipo eléctrico

Para una empresa, un transformador puede resumirse en capacidad, especificaciones y costo. Para una comunidad que acaba de quedarse a oscuras, significa otra cosa.

Es la nevera que vuelve a funcionar, el ventilador que puede encenderse durante una noche caliente, el teléfono que vuelve a cargarse, el negocio que puede seguir trabajando y una familia que deja de preguntarse cuánto tiempo tendrá que permanecer sin electricidad.

Eso fue lo que significó pasar de un transformador averiado de 50 KVA a uno nuevo de 120 KVA en Palmira.

La carretera Ciénaga–Barranquilla continúa su proceso de transformación bajo la operación de Ruta Magdalena Sierra Mar. Pero esta vez el cambio ocurrió unos metros más allá del asfalto, dentro de las casas de una comunidad que llevaba días padeciendo fallas eléctricas.

Porque para cientos de familias de Palmira aquel transformador no llegó simplemente a reemplazar una máquina dañada: llegó para volver a encender una parte esencial de su vida cotidiana.


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