
¿Buenavista dejará de esperar? : el presidente electo llegó al pueblo olvidado y prometió cambiar su historia
Durante décadas, Buenavista ha sobrevivido entre el agua, el abandono y las promesas incumplidas. Este sábado, el presidente electo Abelardo De La Espriella llegó hasta el pueblo palafito de la Ciénaga Grande de Santa Marta para anunciar inversiones en agua potable, saneamiento y educación. La visita, acompañada por Carlos Vives, la próxima primera dama y parte de su gabinete, marcó un compromiso que ahora la comunidad espera ver convertido en obras.
Buenavista amaneció diferente. Desde temprano, cientos de habitantes salieron a los puentes de madera y a los accesos del pueblo palafito para recibir al hombre que en pocas semanas asumirá la Presidencia de Colombia.
Abelardo De La Espriella recorrió las calles sobre el agua acompañado por la próxima primera dama, Ana Lucía Pineda; el designado ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán; el cantante Carlos Vives; la gobernadora encargada Betty Horta; el alcalde de Sitio Nuevo y líderes comunitarios.
Más que una visita protocolaria, la comunidad esperaba respuestas para un territorio que durante mucho tiempo ha enfrentado enormes dificultades para acceder a servicios básicos.
“Los palafitos nunca más serán tierra del olvido”
Frente a la comunidad, el presidente electo aseguró que los pueblos palafitos dejarán de ocupar un lugar secundario dentro de las prioridades del Estado.
Su principal anuncio estuvo dirigido a resolver una de las necesidades más urgentes de Buenavista: el acceso permanente al agua potable y al saneamiento básico.
El proyecto será desarrollado mediante una alianza entre el Gobierno Nacional, la Fundación Tras La Perla, liderada por Carlos Vives, y empresas del sector privado, con el propósito de garantizar una solución sostenible para cerca de 900 habitantes.
Durante su intervención también aseguró que la educación será otro de los pilares para transformar el territorio.
“Los palafitos nunca más serán tierra del olvido. Soy de esta región y conozco las necesidades de su gente. Vamos a invertir para que el desarrollo llegue por fin a estas comunidades”, expresó el mandatario electo.
Un modelo construido desde la comunidad
El recorrido permitió mostrar los avances alcanzados por Buenavista durante los últimos años gracias al trabajo desarrollado por la Fundación Tras La Perla y una amplia alianza de entidades públicas, privadas, universidades y organismos internacionales.
Carlos Vives destacó que el proceso nunca estuvo basado en el asistencialismo, sino en fortalecer las capacidades de la propia comunidad.
Según explicó el artista, los habitantes han logrado administrar su propio sistema de agua y demostrar que el desarrollo puede construirse cuando existen herramientas, acompañamiento técnico y oportunidades para emprender.
Ese modelo fue presentado al presidente electo como una experiencia que podría replicarse en otras comunidades de la Ciénaga Grande.
La inauguración que simboliza un nuevo comienzo
Uno de los momentos más importantes de la jornada fue la inauguración de La Casa de Buenavista, un espacio concebido para impulsar el desarrollo económico y social del corregimiento.
Allí también fue presentada la denominada KZ del Agua, considerada la primera planta de potabilización instalada en una comunidad anfibia de la Ciénaga Grande de Santa Marta.
La iniciativa ha sido posible gracias al trabajo conjunto entre la Fundación Tras La Perla, CAF, organizaciones internacionales, universidades y aliados técnicos que durante más de cinco años han acompañado el proceso de transformación del territorio.
Ahora la comunidad espera que las promesas se conviertan en obras
La visita concluyó con un recorrido en el que pescadores, madres cabeza de hogar, docentes y líderes comunitarios expusieron directamente al presidente electo las necesidades que aún enfrenta Buenavista.
Para la comunidad, los anuncios representan una esperanza, pero el verdadero cambio llegará cuando los proyectos comiencen a ejecutarse.
Con ese compromiso terminó una jornada considerada histórica para uno de los pueblos palafitos más emblemáticos del Caribe colombiano, un territorio que durante décadas esperó ser escuchado y que ahora confía en que las promesas hechas desde los puentes de madera se traduzcan en agua potable, educación y una vida más digna para sus habitantes.
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