Dos adolescentes de 12 y 13 años reportados como desaparecidos en Cartagena fueron encontrados juntos en un hotel de Santa Marta


Dijeron que decidieron vivir una aventura de amor y que ambos estaban bien. Los dos menores de 12 y de 13 años de edad reportados como desaparecidos desde el 17 de abril en Cartagena, fueron ubicados en un hotel de Santa Marta; activaron ruta de restablecimiento de derechos.

Se fueron sin dejar rastro y aparecieron juntos, lejos de casa, mientras sus familias los buscaban con desespero y angustia.

La confirmación llegó en la madrugada de este lunes, tras horas de incertidumbre que comenzaron desde el pasado 17 de abril. Shayra Sophia Flórez Zuluaga, de 12 años, y Juan Sebastián Medina, de 13, habían sido reportados como desaparecidos en Cartagena. Desde entonces, sus familiares vivieron una espera tensa. La angustia crecía con cada minuto.

Las autoridades iniciaron la búsqueda. Se activaron alertas. Se revisaron pistas. Cada dato era clave. Sin embargo, mientras en Cartagena se multiplicaban los esfuerzos por ubicarlos, los menores ya estaban fuera de la ciudad.

El hallazgo se produjo en un lugar inesperado. En Santa Marta. Un hotel. Una habitación donde ambos permanecían juntos. Hasta allí llegaron las autoridades tras seguir indicios que finalmente permitieron dar con su paradero. Fue un momento determinante. El fin de la incertidumbre.

Según las primeras versiones, los menores habrían salido de sus casas por decisión propia. Una relación que, al parecer, se desarrollaba de forma clandestina. Mientras sus familias creían que estaban en sus rutinas habituales, ellos planeaban un encuentro lejos de todos.

Ahorraron, se pusieron de acuerdo y tomaron carretera hasta la capital del Magdalena donde estuvieron haciendo planes como si se trataran de adultos sin tener ninguna comunicación con sus familias. Para los familiares, las horas previas al hallazgo fueron asfixiantes. La ausencia repentina. El desconocimiento total de su ubicación. El temor constante. Cada escenario posible cruzaba por sus mentes.

Mientras en un hogar se encendían las alarmas y sus padres lloraban, en otro lugar se desarrollaba lo que los propios indicios describen como una “aventura”.

Dos menores que, sin dimensionar el riesgo, decidieron apartarse del entorno familiar para vivir un momento juntos. Sin medir consecuencias.

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Tras ser ubicados, ambos quedaron bajo protección de las autoridades. Se activó el proceso de restablecimiento de derechos, con la intervención de entidades encargadas de su bienestar. Se evalúan las condiciones en las que estuvieron durante su ausencia. El caso ahora entra en una fase de seguimiento institucional. Hay alivio por el desenlace. Pero también queda la huella de lo vivido. Horas de angustia que marcaron a unas familias.


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