Mujer capturada en Inglaterra por tener una esclava por 25 años; encerrada, desnutrida y maltratada


Un jurado declaró culpable a una mujer en Gloucestershire, Inglaterra, por someter durante más de dos décadas a una joven a trabajos forzados, aislamiento y violencia sistemática dentro de su propia casa.

Durante un cuarto de siglo, una vivienda en el sur de Inglaterra ocultó una realidad que hoy estremece al país. Allí, una mujer mantuvo a otra bajo control absoluto, sin libertad, sin salario y sin derechos, obligándola a servir a una familia numerosa como si fuera invisible para el mundo exterior. Sometida a actos de crueldad por mas de 20 años.

El Tribunal de la Corona de Gloucestershire encontró culpable a Amanda Wixon, de 56 años, por encarcelamiento falso y múltiples agresiones, tras comprobar que la víctima —hoy de 40 años— fue retenida desde su adolescencia para realizar tareas domésticas y cuidar a los diez hijos de su captora.

La sentencia será leída el 12 de marzo, mientras Wixon permanece en libertad bajo fianza.

25 años de esclavitud

La historia comenzó en 1996, cuando la joven, entonces de 16 años y con dificultades del habla, conoció a la familia. Bajo la promesa de protección, se mudó a la casa. Lo que siguió fue una relación marcada por el abuso: no podía salir, poca alimentación, no recibía atención médica, ni dental y era sometida a jornadas extenuantes de trabajo, siempre bajo amenazas.

“Wixon le prohibía a la víctima lavarse, pero la obligaba a bañar a los niños y a prepararle los baños a Wixon. Le permitía a la víctima comer una vez al día, generalmente restos de comida, y la víctima solía esconder dulces para comerlos a escondidas si tenía hambre”, agregó la Policía.

De acuerdo con la investigación policial y el fallo del jurado, la víctima fue privada de alimentos de forma regular, obligada a usar ropa vieja y a dormir en un espacio reducido e insalubre. Solo se le permitía comer una vez al día y, en ocasiones, sobrevivía con sobras. Aun así, debía mantener la casa, limpiar pisos y preparar a los niños cada mañana. Un horror en cuatro paredes.

“En una ocasión, metieron su cabeza a un inodoro para después echarle líquidos de limpieza en la garganta”, relató la víctima.

La violencia era un método de control. Si no cumplía las órdenes, era castigada. También se le impidió mantener contacto con el exterior: cuando obtuvo un teléfono móvil, le fue arrebatado, golpeado y destruido. Las autoridades señalaron que sufrió daños físicos severos a lo largo de los años y que su apariencia evidenciaba un abandono extremo.

“En el momento de su descubrimiento, estaba desnutrida, le habían cortado el cabello a la fuerza y le habían quitado todos los dientes golpeándola con un palo de escoba”, explicaron las autoridades.

Las imágenes divulgadas por la Policía de Gloucestershire muestran el lugar donde vivía: un cuarto precario, sin condiciones mínimas de higiene. El caso fue asumido por el Departamento de Investigación Criminal (CID), que calificó los hechos como delitos de esclavitud moderna, una figura que el Reino Unido combate desde hace años, pero que rara vez se revela con esta crudeza.

Después de mas de 20 años de tratos humillantes y violencia, la esclavitud terminó. En 2021, cuando la víctima logró comunicarse en secreto con un conocido para pedir ayuda. Paralelamente, uno de los hijos de Wixon alertó a las autoridades. Al momento del rescate, la mujer presentaba signos claros de desnutrición y abandono prolongado.

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La condena ha provocado indignación nacional y reabrió el debate sobre cómo la esclavitud puede persistir, silenciosa, incluso en sociedades con fuertes sistemas de protección. Para muchos, el fallo no solo busca castigar a la responsable, sino también recordar que estos crímenes pueden ocurrir a plena vista, detrás de una puerta cerrada.


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