Mujer huyó de la policía, se escondió con dos armas y terminó riéndose de su propia captura


Fue sorprendida escondida en un lote baldío con dos armas de fuego tras huir de un operativo en el barrio 7 de Mayo, en Sabanalarga. Su reacción no fue miedo ni arrepentimiento: rió y posó sonriente mientras era capturada.

La escena desconcertó incluso a los policías acostumbrados a todo. Acorralada, con dos armas de fuego incautadas y las cámaras encima, la mujer no mostró nervios ni preocupación. Se rió. Sonrió de oreja a oreja. Como si la captura no fuera el cierre de una persecución, sino un trofeo.

La mujer fue detenida en flagrancia tras una persecución de película en el barrio 7 de Mayo, en el municipio de Sabanalarga, Atlántico. Todo comenzó durante labores rutinarias de patrullaje cuando uniformados de la Policía Nacional detectaron una motocicleta negra ocupada por tres personas. La orden de detenerse fue clara. La respuesta, inmediata y desafiante: aceleraron y huyeron.

La persecución fue breve pero intensa. Varias cuadras después, los ocupantes abandonaron la motocicleta y se dispersaron corriendo en distintas direcciones, intentando perderse entre calles y lotes sin construir. Creyeron que podían evadir a las autoridades.

La comunidad fue clave. Vecinos alertaron a los uniformados sobre una mujer que ingresó de forma sospechosa a un terreno baldío cercano. Entre maleza y polvo, el operativo tomó un giro definitivo. Allí fue localizada. Estaba escondida, pero no desarmada. En su poder tenía dos armas de fuego de fabricación industrial: una pistola y un revólver. No presentó ningún documento que acreditara permiso para su tenencia o porte.

La capturada fue identificada como Michelle Padilla Carrillo, detenida en flagrancia por el delito de fabricación, tráfico y porte de armas de fuego. Durante el procedimiento se le informaron sus derechos mientras los agentes aseguraban las armas y la motocicleta abandonada durante la huida.

Lo que terminó de sellar el impacto del caso fue su actitud final. Al momento de ser fotografiada por las autoridades, no bajó la mirada ni ocultó el rostro. Sonrió. Un gesto que descolocó incluso a quienes ejecutaban el protocolo.

La mujer, junto con las armas y el vehículo incautados, fue puesta a disposición de la Fiscalía General de la Nación para su respectiva judicialización.

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Desde la Policía del Atlántico reiteraron el llamado a la ciudadanía para seguir colaborando con información oportuna. En este caso, la alerta comunitaria fue decisiva para cerrar una persecución que terminó, de manera insólita, entre maleza, armas… y una sonrisa.


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