Zona Bananera, el municipio donde la muerte se volvió rutina; fue el más violento de Magdalena en el 2025


Con 109 homicidios en 2025, Zona Bananera registró la cifra más alta de su historia y se convirtió en el segundo territorio más violento del departamento, solo por debajo de Santa Marta. La disputa entre el Clan del Golfo y las Autodefensas Conquistadores de la Sierra dejó a la población atrapada entre extorsiones, amenazas y asesinatos selectivos.

En Zona Bananera, matar mínimo de a dos se volvió costumbre.

En 2025, el municipio cerró con 109 homicidios, una cifra histórica que no solo supera a poblaciones más grandes, sino que confirma que aquí la violencia dejó de ser un hecho aislado y se convirtió en una forma de control.

Un pueblo partido en dos

Zona Bananera no duerme tranquila. Amanece con rumores, panfletos y órdenes que cambian según quién mande ese día.

En la mañana, cuentan líderes comunitarios, un grupo armado pasa y ordena cerrar el comercio. En la tarde, otro llega y exige abrir. El que no obedece, paga. El que duda, muere.

Así se vive en medio de la disputa entre el Clan del Golfo y las Autodefensas Conquistadores de la Sierra, dos estructuras criminales que se pelean el territorio, el microtráfico y la extorsión, mientras la población queda atrapada en la mitad.

Muchos homicidios no ocurrieron en calles oscuras ni en enfrentamientos.

Ocurrieron dentro de viviendas o en una esquina a plena luz del día, con sicarios que llegan, disparan y se van. En varios casos, dos personas asesinadas en un mismo hecho, como mensajes de poder y castigo.

A unos los señalan de colaborar con el Golfo; a otros, de servir a los Conquistadores. En Zona Bananera, la sospecha se paga con la vida.

Extorsión, microtráfico y miedo

La economía cotidiana del municipio está atravesada por el miedo. Comerciantes pagan para abrir.

Transportadores pagan para circular. Familias pagan para no ser marcadas.

El microtráfico se expandió como negocio base de la guerra, alimentando una violencia que ya no distingue horas ni lugares.

Las amenazas se cumplen. Los panfletos no son advertencias vacías. Son sentencias anticipadas.

Una alcaldía desbordada

Para la comunidad, la seguridad le quedó grande a la alcaldía de Clareth Olaya Jiménez.

Las políticas anunciadas no se reflejan en las calles. El control no llegó. La prevención no apareció. Y la violencia, lejos de ceder, se profundizó.

Cada día hay más homicidios, más extorsiones, más silencios forzados. El Estado local parece ir siempre un paso atrás.

Fuerza Pública insuficiente

La Fuerza Pública no ha logrado contener la escalada. Los operativos resultan temporales, los refuerzos se sienten pasajeros y la estructura criminal permanece.

Cuando la Policía se va, los armados regresan. Y con ellos, las órdenes y el miedo.

La cifra golpea todavía más cuando se compara: Zona Bananera, con menos población que Ciénaga, 78.500 versus 134 mil, terminó el año con más homicidios. 109 muertos frente a los 96 de Ciénaga. Un dato que desnuda la dimensión del colapso en seguridad.

Zona Bananera cerró 2025 sin alivio.

Aquí la muerte no sorprende, se espera.

Se sabe que puede llegar en la mañana, en la tarde o en la noche. En la tienda, en la casa, en la esquina.

El municipio agrícola y bananero, históricamente marcado por el trabajo y la tierra, hoy es recordado por otra cosecha: la de los muertos.

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Y mientras la disputa criminal sigue, la gente sobrevive obedeciendo órdenes que no vienen del Estado, sino de quienes aprendieron a gobernar con balas.


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