El aterrador prontuario de alias Yogui; el peligroso delincuente que pasó del hurto al sicariato con las ACSN


Era un hombre bien referenciado por las autoridades de Santa Marta. Tenía un prontuario que iba desde atracos en busetas hasta ataques armados para las ACSN. Todo apunta a un ajuste de cuentas dentro del mundo criminal que él mismo habitó. Una muerte cantada en el mundo del hampa

A Yogui no lo sorprendieron ni lo encontraron por casualidad: lo buscaron, lo montaron a un carro y lo llevaron a morir. El sicario que pasó de asaltar busetas a ejecutar ataques armados para las ACSN fue traicionado y ejecutado en plena vía al estadio Sierra Nevada, en una muerte que confirma que en el mundo criminal el ascenso es veloz, pero la caída es letal.

El cuerpo quedó tirado en plena vía, sin nadie que lo reclamara, sin una mano amiga que preguntara qué pasó. Así terminó la vida de alias Yogui, un viejo conocido de la Policía y de los barrios donde por años sembró miedo atracando, extorsionando y disparando al servicio de estructuras criminales. Su muerte no sorprendió a nadie. Lo que sorprendió fue que, a pesar de su prontuario, siguiera caminando libre como si nada.

Castrillón no era un ladrón cualquiera: era la muestra viva de cómo un atracador de busetas puede terminar convertido en sicario de una organización como las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada (ACSN). De robar celulares y carteras, pasó a ejecutar ataques armados, incluyendo una acción criminal en Zona Bananera donde murió una mujer y otras dos personas quedaron heridas. Su ascenso fue rápido, violento y sostenido.

El plan para desaparecerlo

Todo indica que este domingo, temprano, lo subieron a un carro. No hubo persecuciones ni forcejeos. Él conocía esas dinámicas: cuando el mando criminal llama, uno sube. Lo habrían golpeado, interrogado y presionado para soltar información. Luego, le ordenaron bajarse del vehículo en un punto solitario del sector de Villa Betel.

Yogui pensó que lo peor había pasado. Dio unos pasos hacia la calle, quizá creyéndose salvado. No alcanzó a avanzar mucho. Desde el mismo carro salieron los tiros que lo derribaron sin oportunidad de reaccionar. Tres impactos en la cabeza. Ejecución limpia. Sentencia cumplida.

Personas que transitaban por allí lo encontraron tirado, sangrando en el pavimento, mientras las vainillas regadas en la vía confirmaban que aquello no había sido una pelea ni un robo: fue una entrega final, un cobro interno, una eliminación programada.

Un prontuario que explicaba su final

La Policía que llegó al sitio no tardó en reconocerlo. Su nombre había pasado por capturas, boletines, informes de inteligencia y audiencias. En febrero, había sido detenido por su participación en el ataque armado de Zona Bananera. También estaba señalado por múltiples hurtos en busetas: celulares, bicicletas, dinero… pero el botín siempre era solo una parte de la agresión. A mujeres las golpeaba, las intimidaba, les rompía la vida en segundos.

Además, sería determinador de otros homicidios en Santa Marta, todos conectados al microtráfico y a la extorsión. Su historial era tan amplio como su capacidad de moverse entre bandas y ganarse puestos a punta de violencia.

Pero en ese mismo mundo, subir rápido es tan peligroso como caer. Y a Yogui lo dejaron caer sin contemplaciones. Quienes lo usaron para ejecutar crímenes hoy se investigan entre sí para no quedar expuestos. La vida delictiva que él defendió fue la misma que lo borró.

Un crimen que reabre la guerra en Santa Marta

Con su muerte, ya son cuatro los asesinatos registrados en Santa Marta en menos de 24 horas. La Policía no descarta que el caso sea un ajuste de cuentas entre bandas ni que esté ligado a las rencillas internas de las ACSN.

También investigan si su ejecución guarda relación con los otros homicidios cometidos este fin de semana.

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Mientras tanto, en Villa Betel solo queda el rastro de la ejecución: tres disparos a quemarropa y una verdad simple y fría… alias Yogui murió en su ley.


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