
261 asesinatos en seis meses: el mapa de la guerra criminal que mantiene sitiado al Magdalena
Aunque Santa Marta redujo los homicidios frente a años anteriores, el departamento cerró el primer semestre de 2026 con 261 asesinatos. La disputa entre las Autodefensas Conquistadores de la Sierra, el EGC y el resurgimiento de Los Primos mantiene bajo amenaza a municipios enteros, mientras organizaciones de derechos humanos advierten que la violencia cambió de estrategia, pero sigue cobrando vidas.
Doscientas sesenta y una personas fueron asesinadas en apenas seis meses. Son 261 familias marcadas por el dolor y un departamento que continúa viviendo bajo la sombra de los grupos armados. Detrás de esa cifra hay carreteras dominadas por hombres armados, pescadores que cruzan la Ciénaga Grande con miedo, comunidades que prefieren encerrarse antes del anochecer y municipios donde el Estado sigue perdiendo terreno frente a las estructuras ilegales.
El balance del primer semestre de 2026, elaborado con cifras de Medicina Legal y analizado por la Plataforma de Derechos Humanos PDHAL, confirma que el conflicto armado continúa reconfigurándose en Magdalena. Las balas disminuyeron en algunos sectores, pero los grupos criminales consolidaron el control sobre territorios estratégicos.
Santa Marta baja los homicidios, pero la violencia se desplaza
Santa Marta registró 60 homicidios entre enero y junio, la cifra más alta del departamento, aunque representa una reducción considerable frente a años anteriores.
Para analistas y organizaciones sociales, esa disminución está relacionada con los compromisos asumidos por las Autodefensas Conquistadores de la Sierra, ACSN, dentro de los acercamientos promovidos por la política de Paz Total. Sin embargo, advierten que el seguimiento a esos acuerdos fue insuficiente y que el alivio en la capital terminó acompañado por un recrudecimiento del conflicto en otras zonas del Magdalena.
Mientras la ciudad reducía parcialmente los asesinatos, la guerra comenzó a expandirse hacia municipios vecinos.
Fundación y Zona Bananera registraron 31 homicidios cada uno, Ciénaga sumó 25 y Aracataca otros 23, convirtiéndose en algunos de los territorios más golpeados por la confrontación entre organizaciones ilegales.
El norte del Magdalena, el principal campo de batalla
La subregión norte concentra hoy la mayor preocupación de las autoridades y de las organizaciones defensoras de derechos humanos.
Las disputas entre las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra y el Ejército Gaitanista de Colombia, así como los enfrentamientos entre el EGC y la estructura conocida como Los Primos, mantienen un escenario de confrontación permanente.
Las Alertas Tempranas 020 de 2025 y la reciente 014 de 2026, emitidas por la Defensoría del Pueblo, ya advertían sobre el riesgo extremo que enfrentan las comunidades. Sin embargo, las acciones violentas continúan siendo frecuentes y la expansión de los grupos armados mantiene en alerta a varios municipios.
Los Primos volvieron a aparecer
Uno de los fenómenos que más preocupa es el resurgimiento de Los Primos.
Durante meses se creyó que esta estructura había quedado prácticamente desarticulada. Sin embargo, según el análisis de la PDHAL, el grupo volvió a fortalecerse y estaría recibiendo respaldo financiero de la organización criminal conocida como Los Costeños.
Ese reacomodo criminal abrió un nuevo frente de confrontación con el EGC, especialmente en municipios del centro del departamento, donde la violencia vuelve a ganar espacio.
La Ciénaga Grande y el río también están bajo presión
El conflicto también se trasladó al complejo lagunar de la Ciénaga Grande.
La Defensoría del Pueblo emitió una alerta de inminencia por la presencia del Ejército Gaitanista de Colombia y la estructura conocida como Los Carperos, grupos que buscan controlar los accesos fluviales hacia varios municipios del Magdalena.
Las organizaciones sociales advierten que dominar estos corredores significa controlar economías ilegales, movilidad y rutas estratégicas para el crimen organizado.
En la subregión sur la situación tampoco ofrece tranquilidad.
Allí el EGC mantiene una presencia consolidada y ejerce control sobre corredores que conectan municipios como Fundación, El Banco, Sitio Nuevo y Botón de Leyva. A esto se suman denuncias sobre intentos de secuestro y restricciones impuestas por los grupos armados en diferentes sectores.
Menos homicidios no significan más seguridad
Aunque el departamento registró una reducción frente al mismo periodo de 2025, cuando se contabilizaron 340 homicidios, las organizaciones sociales consideran que interpretar esa disminución como una mejora sería un error.
Según explicó Lerber Dimas, director de la Plataforma de Derechos Humanos PDHAL, la violencia simplemente cambió de forma.
En algunos municipios disminuyeron las confrontaciones abiertas porque las estructuras ilegales consolidaron el dominio territorial. En otros aparecieron nuevos actores disputando rutas del narcotráfico, extorsiones y control sobre las comunidades.
«Métase por cualquier vía principal de noche para ver qué pasa«, advirtió Dimas al describir el nivel de influencia que hoy ejercen estos grupos en varias zonas del Magdalena.
Un departamento donde el miedo sigue gobernando
El informe también alerta sobre el asesinato de 19 mujeres durante el primer semestre del año, con Santa Marta encabezando nuevamente las estadísticas, seguida por Ciénaga, Fundación y Zona Bananera.
Para la Plataforma de Derechos Humanos, el problema dejó de medirse únicamente por el número de homicidios. Hoy el verdadero desafío está en recuperar territorios donde los grupos armados imponen reglas, controlan caminos y condicionan la vida cotidiana de miles de personas.
Por eso, Dimas insistió en que el próximo Gobierno deberá ir más allá de las operaciones militares y construir un verdadero mecanismo de pacificación que permita devolverle al Estado el control de las regiones.
Entre tanto, en el Magdalena la guerra sigue escribiendo la misma historia. Cambian los nombres de los grupos, se modifican las alianzas y se redistribuyen los territorios, pero las víctimas continúan siendo las comunidades que cada día sobreviven en medio del miedo.
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