“Yo me siento muerta en vida”: el grito de la madre de Sebastián, que aún no encuentra respuestas tras el asesinato de su hijo en La Guajira


Días después de que Sebastián Jose Márquez Perez, de 17 años, fuera secuestrado y asesinado en La Guajira, su madre sigue aferrada a las mismas preguntas. Entre lágrimas, asegura que nadie le ha explicado por qué le arrebataron a su hijo ni qué ocurrió en las horas previas a su muerte.

El crimen ocurrió hace varios días, pero para la madre de Sebastián el tiempo parece haberse detenido en la misma noche en que comenzó a buscar desesperadamente a su hijo. Desde entonces, el dolor no ha dado tregua y las preguntas continúan acumulándose sin respuesta.

Con la voz quebrada y el cansancio reflejado en cada palabra, la mujer recordó las horas de angustia que vivió mientras desconocía el paradero del adolescente de 17 años, quien fue sacado por hombres armados de un establecimiento comercial en Mingueo y posteriormente hallado asesinado en una zona apartada del corregimiento de Perochúa, en La Guajira.

Yo tengo mis rodillas peladas porque pasé toda la noche orándole a Dios que me protegiera a mi pelado”, dijo la madre, en un testimonio que refleja el sufrimiento que todavía acompaña a la familia.

El joven desapareció luego de que varios hombres armados llegaran al lugar donde se encontraba y se lo llevaran contra su voluntad. Horas después, su cuerpo fue encontrado dentro de un costal abandonado en una zona desértica, un hecho que generó conmoción tanto en La Guajira como en Santa Marta, donde reside su familia.

Sin embargo, para su madre, más allá de la investigación judicial, sigue existiendo una necesidad urgente: entender qué ocurrió.

Mi hijo no era un ratero, mi hijo no era un sicario”, repite una y otra vez, como quien intenta defender la memoria de alguien que ya no puede hacerlo por sí mismo.

La mujer asegura que no busca venganza. Lo que pide es una explicación que le permita comprender por qué Sebastián terminó convertido en víctima de un crimen tan violento.

“Yo quiero que me expliquen qué fue lo que pasó. Que me digan si se equivocaron, si lo confundieron o qué ocurrió”, expresó.

Mientras las autoridades avanzan en las investigaciones para identificar a los responsables y reconstruir los hechos que rodearon el secuestro y asesinato del menor, la familia continúa enfrentando una realidad mucho más difícil: aprender a vivir con una ausencia que llegó de manera repentina y brutal.

La noticia de la muerte de Sebastián fue confirmada después de que familiares comenzaran a recibir información e imágenes que circulaban sobre el hallazgo realizado en Perochúa. La esperanza de encontrarlo con vida se derrumbó en cuestión de horas.

Aun así, en medio de la tragedia, su madre reconoce que pudo despedirse de él.

“Estoy agradecida de que el cuerpo de mi hijo me lo hayan dejado en un lugar donde yo lo pudiera encontrar”, dijo entre lágrimas.

La frase, lejos de traer consuelo, deja al descubierto la dimensión del dolor que enfrenta. Porque aunque pudo darle sepultura, ninguna respuesta ha llegado para aliviar las dudas que siguen acompañando a la familia.

“Este dolor no se me va a pasar nunca”, aseguró.

Por eso, días después del asesinato, la voz de esta madre continúa resonando con la misma fuerza que la primera noche de búsqueda. No habla de expedientes ni de procesos judiciales. Habla de un hijo que no volvió a casa y de una herida que, según ella misma admite, jamás terminará de cerrar.

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Yo me siento muerta en vida”.


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