Siete muertos en 72 horas: la guerra entre las bandas ‘El Freseo’ y ‘Los Costeños’ desatan la criminalidad en el Atlántico


La seguidilla de homicidios registrada en Barranquilla y su área metropolitana mantiene en máxima alerta a las autoridades.

Detrás de los siete asesinatos ocurridos en menos de tres días, los investigadores siguen la pista de una confrontación entre las estructuras criminales de ‘El Freseo’ y ‘Los Costeños’, que buscan ampliar su dominio sobre la extorsión, el microtráfico y otras rentas ilegales.

Siete personas asesinadas en menos de 72 horas volvieron a mostrar la crudeza de la violencia que afronta el departamento del Atlántico. Adolescentes, trabajadores y una mujer de 63 años hacen parte de la lista de víctimas que dejó la reciente ola de homicidios registrada en Barranquilla, Soledad, Galapa y Puerto Colombia, una seguidilla de crímenes que las autoridades atribuyen, en principio, a la guerra que libran las estructuras criminales de ‘El Freseo’ y ‘Los Costeños’ por el control de rentas ilegales.

Cada homicidio ocurrió en un lugar distinto y con circunstancias diferentes, pero los investigadores encontraron un mismo patrón: sicarios que actúan con rapidez, huyen rápidamente y dejan tras de sí un nuevo mensaje de intimidación en medio de una disputa criminal que vuelve a extenderse por el área metropolitana.

Una cadena de asesinatos que disparó las alarmas

Uno de los hechos que más conmocionó a las autoridades fue el asesinato de un adolescente de 17 años en Puerto Colombia. De acuerdo con la investigación, el joven salió de su vivienda después de recibir una llamada telefónica y poco tiempo después fue atacado a tiros.

En Galapa, otro joven de 19 años también fue asesinado. Las autoridades establecieron que había recuperado su libertad hacía aproximadamente un mes, luego de enfrentar un proceso judicial por extorsión. Ahora buscan determinar si su muerte hace parte de la misma confrontación entre organizaciones criminales.

La violencia continuó en Soledad, donde un conductor de motocarro fue interceptado cuando regresaba a su vivienda y terminó asesinado. Horas después, un ciudadano venezolano que trabajaba como mototaxista también fue ultimado, un crimen que vuelve a poner en evidencia la vulnerabilidad de quienes laboran en sectores donde las bandas imponen el cobro de extorsiones.

Una guerra que también cobra víctimas inocentes

La confrontación también dejó una víctima que, según las investigaciones, quedó atrapada en medio del conflicto. Ana Cecilia Castro Bernal, de 63 años, murió después de permanecer varios días hospitalizada tras resultar gravemente herida durante un atentado perpetrado el pasado 7 de julio en el barrio Lipaya.

Su fallecimiento refleja una realidad que preocupa cada vez más a las autoridades: las balas ya alcanzan a personas sin vínculos con las estructuras delincuenciales, ciudadanos que terminan convertidos en víctimas colaterales de una guerra que se libra por el control del crimen organizado.

La lista de homicidios también incluye al adolescente Ángel Ismael Pinto Márquez, de 17 años, asesinado en el barrio Siete de Abril, y a un hombre de 26 años que fue baleado por un sicario a pie en el barrio El Ferry, en Barranquilla.

Aunque cada caso avanza en investigaciones independientes, los organismos judiciales cruzan información para establecer si todos hacen parte de una misma ofensiva criminal.

La pelea por las rentas ilegales

La principal hipótesis de las autoridades apunta a una disputa por el control de economías ilícitas que mueven millones de pesos cada mes. La extorsión, el microtráfico y otras actividades ilegales estarían alimentando una confrontación que busca redefinir el dominio territorial en Barranquilla y los municipios vecinos.

Los investigadores consideran que este tipo de enfrentamientos suele reflejarse en asesinatos selectivos, retaliaciones y mensajes de intimidación dirigidos tanto a integrantes de bandas rivales como a quienes se niegan a someterse a sus exigencias.

Las cifras respaldan la preocupación. El último fin de semana de junio dejó 25 homicidios en Barranquilla, un incremento que para analistas de seguridad coincide con los movimientos de estas organizaciones criminales para fortalecer su presencia en zonas estratégicas.

El miedo comienza a cambiar la rutina de la ciudad

La escalada de violencia ya tiene efectos más allá de los expedientes judiciales.

Comerciantes de sectores del centro, el suroriente y el suroccidente de Barranquilla han manifestado su preocupación por el aumento de los hechos violentos y el temor a quedar en medio de nuevos ataques.

Algunos establecimientos han optado por reducir horarios de atención o reforzar sus medidas de seguridad mientras esperan una respuesta más contundente de las autoridades.

Entretanto, la Policía mantiene operativos, patrullajes y labores de inteligencia para identificar a los responsables de los siete homicidios y establecer quiénes están detrás de esta nueva escalada criminal.

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Por ahora, el saldo resulta demoledor: siete muertos en menos de tres días, familias destrozadas por la violencia y un Atlántico que vuelve a enfrentarse a una guerra entre bandas criminales cuyo costo sigue pagándose con vidas humanas.


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