
Salieron a vender guineo y terminaron en una casa de tortura: uno murió y el otro escapó lanzándose a un arroyo
Dos vendedores fueron interceptados cuando trabajaban en Malambo. Uno fue asesinado y el otro logró sobrevivir tras huir gravemente herido. Las autoridades buscan a los responsables del crimen.
La jornada era como cualquier otra. Salieron con su carro de mula a vender guineo para llevar el sustento a la casa, pero el recorrido terminó convertido en una pesadilla. Uno de los hombres fue torturado y asesinado; el otro consiguió salvar su vida después de escapar de sus agresores y lanzarse a un arroyo para huir de la muerte.
La víctima fue identificada como Ulfran Sánchez Moreno, de 35 años, mientras que el sobreviviente es su hijastro, Darío Parejo Torres, de 18 años. Ambos recorrían las calles del barrio Mesolandia, en Malambo, Atlántico, ofreciendo guineo verde cuando, según el relato de la familia y de las primeras investigaciones, fueron engañados por varios hombres que terminaron llevándolos hasta una vivienda abandonada.
Allí comenzó el calvario. De acuerdo con la versión entregada por Darío a las autoridades, dos hombres armados con cuchillos los interceptaron y les dijeron que ellos eran “campaneros” y que estaban “tirando la zona”. Bajo amenazas los obligaron a entrar al inmueble, donde, según la denuncia, ya los esperaban otros hombres.
Dentro de la vivienda los amarraron y empezaron a torturarlos. Ulfran no logró salir con vida. Su hijastro, en medio del desespero, encontró un momento para escapar y corrió hasta lanzarse a un arroyo, aun cuando ya presentaba múltiples lesiones.
Malherido y con el rostro golpeado, el joven buscó ayuda entre quienes estaban cerca, pero, según contó su familia, nadie intervino. Solo después logró comunicarse con una patrulla de la Policía, que atendió el llamado y permitió que fuera trasladado a un centro asistencial, donde continúa recuperándose.
Cuando las autoridades llegaron al lugar encontraron el cuerpo de Ulfran Sánchez Moreno tendido en el piso de la vivienda. Tenía las manos y los pies amarrados y un cable eléctrico alrededor del cuello, elemento que fue recolectado por los investigadores como parte del material probatorio.
El ataque también dejó a la familia sin su principal herramienta de trabajo. Los delincuentes se llevaron el carro de mula con el que recorrían las calles vendiendo guineo y desaparecieron con la carga que transportaban.
Entre lágrimas, Giovanni Parejo, hermano del joven sobreviviente, rechazó cualquier versión que pretenda relacionar a su familia con estructuras delincuenciales.
“Yo los mandé a vender a ellos en Mesolandia, nosotros somos vendedores de guineo verde. Y unos muchachos allá los cogieron porque según estaban cantando zona, pero a nosotros no nos importa eso, nosotros somos vendedores”.
También relató el momento en que supo lo ocurrido.
“Los engañaron, los metieron en una casa y los amarraron, los estaban ahorcando, me mataron a mi padrastro y mi hermano se salvó porque alcanzó a huir por un arroyo”.
La familia también denunció que, además del crimen, perdieron la forma con la que se ganaban la vida.
“La gente se robó los guineos, se los repartieron entre todos y el carro de mula no aparece. Con ese carro de mula y otro que tenemos trabajamos los miembros de mi familia. Nos turnábamos para salir a vender”.
En medio de la tragedia que los golpeó insiste en que nunca han tenido relación con grupos armados.
“Nosotros no somos cantadores de zona. Nos dedicamos es a vender guineo. Llevo 12 años vendiendo y es lo que me importa a mí: vender y vender”.
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Mientras Darío permanece bajo atención médica, las autoridades avanzan en la investigación para identificar a los responsables de este crimen, reconstruir cómo ocurrió el ataque y recuperar el carro de mula robado. Entretanto, una familia quedó marcada por una jornada de trabajo que terminó en una escena de tortura, muerte y dolor.
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