¡Ni una gota por el lavaplatos! DADSA pone la lupa sobre negocios de fritos en Santa Marta


La autoridad ambiental inspeccionó establecimientos en El Rodadero para establecer qué hacen con el aceite después de cocinar y revisar el funcionamiento de las trampas de grasa. Una mala disposición puede terminar tapando el alcantarillado y generando emergencias sanitarias.

El aceite que queda después de freír una empanada, una arepa o cualquier alimento puede convertirse en un serio problema cuando termina donde jamás debería: dentro del alcantarillado. Por esa razón, el Departamento Administrativo Distrital de Sostenibilidad Ambiental (DADSA) puso bajo la lupa a establecimientos dedicados a la venta de alimentos en Santa Marta.

La autoridad ambiental realizó una jornada de inspección y vigilancia en negocios ubicados en El Rodadero para verificar cómo están manejando las grasas y los aceites de cocina usados. Los funcionarios llegaron directamente hasta las cocinas, revisaron las trampas de grasa y solicitaron información sobre la disposición final de estos residuos.

“Estamos verificando el correcto uso de trampas de grasas y la disposición de los aceites de cocina usados”, explicó una de las funcionarias encargadas del procedimiento durante las visitas.

¿Dónde termina el aceite después de cocinar?

Esa fue una de las principales preguntas durante el operativo. La autoridad ambiental busca evitar que los residuos de aceite sean vertidos directamente por lavaplatos, sifones o cualquier conexión que termine llevándolos hasta las redes de alcantarillado.

Los establecimientos que generan aceite usado deben disponerlo adecuadamente y conservar los documentos que permitan demostrar cuánto entregaron y cuál fue su destino.

“Los generadores de aceites usados, anualmente, los primeros 15 días del mes de enero de cada año, deben certificar la cantidad de aceite que dispusieron durante todo el año, con los certificados”, explicó la funcionaria.

La medida permite mantener un control sobre residuos que, aunque son generados diariamente en restaurantes y establecimientos de comida, pueden causar afectaciones ambientales cuando reciben un manejo inadecuado.

Aceite en las tuberías: un problema que termina pagando la ciudad

La advertencia del DADSA tiene una explicación sencilla. El aceite utilizado para cocinar puede adherirse a las paredes de las tuberías y mezclarse con otros residuos hasta formar acumulaciones que reducen progresivamente la capacidad de las redes.

El resultado puede ser grave: taponamientos, rebosamientos de aguas residuales, malos olores y afectaciones sanitarias en establecimientos, calles y sectores residenciales.

El problema cobra mayor importancia en zonas turísticas como El Rodadero, donde existe una alta concentración de restaurantes, ventas de comidas y establecimientos que utilizan diariamente cantidades importantes de aceite.

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Por eso, la autoridad ambiental busca intervenir desde el origen del residuo antes de que termine convertido en una obstrucción dentro de las redes.

Las trampas de grasa tienen que funcionar

Otro punto revisado durante los operativos fue el estado de las trampas de grasa. Estos dispositivos permiten separar grasas, aceites y determinados residuos antes de que el agua utilizada en las cocinas llegue al alcantarillado.

Sin embargo, instalarlas únicamente para cumplir un requisito pierde sentido cuando permanecen saturadas o carecen del mantenimiento necesario.

Los comerciantes deben garantizar su limpieza periódica y funcionamiento adecuado. Una trampa completamente llena puede perder su capacidad de retención y permitir que aquello que debería quedar almacenado termine pasando directamente hacia las tuberías.

Precisamente por eso los funcionarios inspeccionaron estos sistemas y orientaron a los responsables de los establecimientos sobre las obligaciones que tienen frente al manejo de sus residuos.

DADSA intensifica los controles

La jornada en El Rodadero hace parte de las labores de inspección, vigilancia y control ambiental adelantadas por el DADSA en Santa Marta.

La entidad pidió a restaurantes y negocios dedicados a la preparación de alimentos asumir responsabilidad sobre el aceite que generan, conservar los certificados de disposición y mantener sus trampas de grasa en condiciones adecuadas.

El mensaje también apunta a una práctica que todavía puede parecer inofensiva para algunos comerciantes: vaciar el aceite sobrante directamente en el lavaplatos.

Lo que desaparece en segundos por un sifón puede permanecer durante mucho tiempo dentro de las tuberías, acumularse con otros residuos y convertirse después en un problema para todo un sector.

Por eso, los controles continuarán. La intención del DADSA es que el aceite utilizado para cocinar tenga una disposición adecuada y que las cocinas de restaurantes y establecimientos comerciales dejen de ser el punto de partida de futuros taponamientos y emergencias sanitarias en Santa Marta.


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