
Ni pagando extorsión se salvó: a comerciante lo mataron por darle dinero a un grupo rival
El hombre de 37 años, fue asesinado en Malambo tras quedar atrapado entre dos estructuras criminales que le exigían dinero. Pagó a uno. El otro le cobró con balas.
A Jorge Luis Rueda Lizcano lo mataron donde trabajaba. En la puerta de su local, a plena luz de la tarde, mientras atendía una llamada.
Eran las 5:40 p. m. cuando dos hombres en moto llegaron hasta el bulevar del barrio Juan XXIII, en Malambo. El parrillero se bajó, caminó unos pasos y le disparó a quemarropa. Varias veces. No hubo discusión, ni reclamo. Después volvió a la moto y desapareció.
Rueda, conocido como ‘el Cacha’, quedó tendido frente a su establecimiento, “Los Imparables”. Ahí mismo empezó la desesperación.
Pagó, pero no le alcanzó para salvarse
Lo que hoy reconstruyen las autoridades es una historia que ya se volvió común en el municipio: comerciantes atrapados entre bandas que convierten la extorsión en regla.
Rueda tenía dos negocios y, según las primeras hipótesis, venía pagando cuotas semanales a un grupo criminal a cambio de seguir trabajando. Pero otro grupo apareció con una orden distinta: cerrar uno de sus locales o atenerse a las consecuencias.
La presión subió de tono días antes del crimen. Lo citaron en el sector conocido como 5×10. Ahí le dejaron claro que no podía seguir respondiendo a los rivales. Era una sola decisión: obedecer o pagar.
No hubo punto medio. Tampoco salida.
Un traslado desesperado que no alcanzó
Tras el ataque, familiares y vecinos lo subieron como pudieron a una motocicleta. Intentaron ganarle tiempo a la muerte llevándolo de urgencia a la Clínica Campbell de Malambo. No lo lograron.
Los médicos confirmaron que llegó sin signos vitales. Los disparos habían hecho su trabajo antes de que cruzara la puerta del centro asistencial.
El miedo que se volvió rutina
El crimen ocurrió en una zona concurrida, a la vista de todos. Y eso es lo que más golpea a quienes viven y trabajan en el sector: la sensación de que ya no hay horarios, ni lugares seguros.
Comerciantes coinciden en lo mismo: están solos frente a estructuras que imponen pagos, reglas y castigos. El que paga, queda marcado. El que no paga, también.
Una investigación que empieza tarde para la víctima
Unidades de la Policía Metropolitana de Barranquilla acordonaron el lugar y comenzaron la recolección de pruebas. Ahora, el foco está en las cámaras de seguridad para seguir la ruta de escape de los sicarios.
La Fiscalía asumió el caso. Busca a los autores materiales y a quienes ordenaron el crimen.
Pero para Jorge Luis Rueda Lizcano, esa respuesta llega cuando ya no sirve. Su nombre se suma a una lista que sigue creciendo: la de los que quedaron en medio de una guerra que no eligieron, pero que igual los terminó matando.
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