Los problemas de Edwin García terminaron cobrando dos vidas: su hijo, un estudiante ejemplar, también cayó bajo las balas


La investigación por el doble homicidio ocurrido en Pivijay sigue revelando detalles que profundizan la tragedia. Mientras el padre de familia había sido capturado años atrás por su presunta participación en una banda dedicada al robo de ganado y era señalado de continuar vinculado a actividades ilícitas, su hijo de 16 años era reconocido por compañeros y docentes como un joven estudioso, respetuoso y con un futuro prometedor. La violencia que buscaba a uno terminó acabando con ambos.

Con el paso de las horas han comenzado a conocerse nuevos detalles sobre el asesinato de Edwin David García Julio, de 40 años, y su hijo Edwin Daniel García Hernández, de aproximadamente 16 años, ocurrido durante la madrugada de este miércoles en el municipio de Pivijay.

Las primeras versiones indican que varios hombres armados irrumpieron en la vivienda donde ambos dormían y les dispararon en repetidas ocasiones, causándoles la muerte dentro de la casa.

Aunque las autoridades continúan investigando los móviles del crimen, en el municipio muchas miradas apuntan hacia el historial judicial de García Julio.

En agosto de 2020 fue capturado durante un operativo de las autoridades que lo señaló como presunto integrante de la banda delincuencial conocida como ‘Los Shiller’, organización que, según las investigaciones de la época, se dedicaba al hurto de ganado en municipios como Pivijay, El Piñón, Salamina y Remolino.

Fuentes consultadas indicaron que, pese a los procesos judiciales enfrentados años atrás, seguían existiendo señalamientos sobre una supuesta reincidencia en actividades ilegales dentro de la región, una situación que habría generado conflictos y enemigos que terminaron pasándole factura de la manera más violenta.

El hijo que no tenía nada que ver

Sin embargo, detrás del crimen apareció una realidad que ha generado dolor e indignación entre familiares, amigos y habitantes del municipio.

La segunda víctima fue Edwin Daniel García Hernández, un adolescente de apenas 16 años que cursaba sus estudios en el Liceo de Pivijay.

Quienes lo conocieron lo describen como un joven tranquilo, respetuoso y comprometido con sus responsabilidades académicas. Compañeros y docentes destacan que mantenía buenas calificaciones, tenía una conducta ejemplar y era apreciado por quienes compartían con él diariamente.

La institución educativa lamentó públicamente su fallecimiento mediante un mensaje de despedida que rápidamente comenzó a circular en redes sociales, donde expresaron su dolor por la pérdida del estudiante.

Para muchas personas en el municipio, la muerte del adolescente representa la parte más dolorosa de esta historia.

Murió intentando proteger a su padre

Algunas versiones conocidas tras el ataque señalan que el joven habría intentado intervenir cuando los hombres armados ingresaron a la vivienda.

Aunque este aspecto sigue siendo materia de investigación, personas cercanas a la familia aseguran que el adolescente quedó atrapado en medio de una situación que jamás le perteneció.

Los sicarios llegaron buscando a un objetivo específico, pero las balas terminaron alcanzando también a quien apenas comenzaba a construir su proyecto de vida.

Lo que para muchos sería un ajuste de cuentas relacionado con viejos problemas terminó convirtiéndose en una tragedia familiar que dejó dos muertos y una comunidad conmocionada.

Una madrugada que destruyó una familia

La escena encontrada por las autoridades fue devastadora. Padre e hijo quedaron sin vida dentro de la vivienda donde se suponía debían estar seguros.

Mientras los investigadores avanzan para establecer quién ordenó y ejecutó el ataque, en Pivijay el sentimiento predominante es que la violencia volvió a cobrar una víctima que jamás debió estar en la línea de fuego.

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Los problemas y decisiones que durante años rodearon a Edwin David García Julio parecen haber llegado a su desenlace más sangriento. Pero junto a él cayó también Edwin Daniel, un adolescente al que sus profesores recuerdan por sus valores, sus amistades y sus sueños.

Una historia que terminó demostrando que, cuando la violencia toca la puerta de una casa, muchas veces no distingue entre culpables e inocentes.


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