
La vieron luchar contra el mar hasta quedar sin fuerzas: Noelia pidió ayuda, pero el rescate no llegó a tiempo
Noelia Maximino Beltrán, turista española de 31 años, sobrevivió inicialmente al volcamiento de una lancha en el Parque Tayrona y durante varios minutos luchó por mantenerse a flote. Desde Cabo San Juan, turistas la observaban enfrentarse a las fuertes olas mientras intentaban encontrar la manera de llegar hasta ella. Jorge Soto, testigo y uno de los visitantes que participó en los rescates, asegura que faltaron equipos para responder de inmediato. Cuando finalmente lograron sacar a Noelia del agua, ya estaba sin signos vitales.
Noelia Maximino Beltrán no murió inmediatamente después de que la lancha se volteó. Quedó viva en el agua y luchó con todas sus fuerzas por no morir.
Esa es quizá la imagen más dura que conserva Jorge Soto de la tragedia ocurrida en Cabo San Juan, dentro del Parque Nacional Natural Tayrona. Durante varios minutos, asegura, la turista española de 31 años peleó contra unas olas que la levantaban, la hundían y cada vez la alejaban más de quienes intentaban ayudarla desde tierra. La podían ver.
Sabían que necesitaba ayuda. Otros náufragos habían conseguido llegar hasta las rocas o estaban siendo auxiliados mediante cadenas humanas improvisadas por los mismos turistas. Noelia, en cambio, quedó en un punto donde entrar a buscarla significaba exponer otra vida.
“Ella luchó contra las olas por volver a la orilla, pero a diferencia de otros que fueron arrastrados hacia las rocas, a ella se la llevó más lejos y fue imposible sacarla a tiempo”, contó Soto.
Un video registrado durante la emergencia muestra esos momentos desesperantes. En medio del mar agitado se observa a la mujer intentando mantenerse sobre el agua mientras desde la playa varias personas siguen sus movimientos con impotencia.
Noelia todavía estaba viva. El problema era llegar hasta ella.
Un naufragio a pocos metros de la playa
Eran aproximadamente las 4:10 de la tarde cuando ocurrió el volcamiento.
Según Soto, turista oriundo de Cúcuta y residente en Argentina, el mar estaba particularmente fuerte. Minutos antes incluso se había pedido a los bañistas salir del agua debido a las condiciones de la marea.

En ese escenario salió la embarcación en la que viajaba Noelia junto a decenas de personas que buscaban evitar el recorrido terrestre desde Cabo San Juan hasta la salida del parque.
Una fotografía tomada antes del accidente muestra a más de 30 pasajeros en la pequeña embarcación.
Soto sostiene, basado en lo que posteriormente le contaron algunos sobrevivientes, que varias personas habrían viajado sin chaleco salvavidas. El testigo cree que Noelia pudo estar entre ellas porque, asegura, cuando finalmente fue recuperada del agua no llevaba uno puesto.
La cantidad exacta de pasajeros sin elementos de protección deberá ser establecida oficialmente por las autoridades.
La lancha alcanzó a avanzar poco antes de que la fuerza del mar la volteara.
En segundos comenzó la emergencia.
Noelia quedó más lejos que los demás
El mar dispersó a los pasajeros. Algunos fueron empujados hacia las rocas y consiguieron aferrarse. Otros quedaron relativamente cerca de la costa. Desde la playa, los turistas comenzaron a organizarse para sacarlos. Noelia tuvo peor suerte.
La corriente la llevó hacia una zona más alejada. Intentaba regresar, pero cada esfuerzo parecía ser contrarrestado por la fuerza del agua.
“Ella estuvo flotando sola mucho tiempo”, recuerda Soto.
Desde tierra la seguían viendo luchar.
En las imágenes de aquellos minutos se aprecia la violencia del oleaje. Meterse sin protección hasta donde se encontraba la mujer podía provocar que quien intentara rescatarla también terminara arrastrado.
Soto cuestiona que en ese momento crítico no existiera, según su relato, una embarcación o un equipo especializado capaz de llegar rápidamente hasta ella.
“En una playa tan concurrida como Cabo San Juan debería haber una lancha o equipos de rescate adecuados para atender este tipo de emergencias”, señaló.
Turistas se amarraron para entrar al agua
Mientras Noelia seguía en el mar, en la playa se desarrollaba una operación de rescate improvisada.

No eran equipos especializados los que dirigían buena parte de esas primeras acciones, según Soto. Eran turistas tratando de salvar a otros turistas.
“Hicimos cadenas humanas”, contó.
Algunos se amarraron utilizando hamacas y cuerdas para poder avanzar dentro del agua sin ser arrastrados. Otros subieron por las rocas y desde allí intentaron alcanzar a los náufragos.
Usaron prendas de vestir y cualquier elemento que permitiera extender una mano unos metros más.
Uno de los amigos de Soto sufrió una fuerte lesión en una rodilla mientras participaba en las maniobras entre las piedras.
Aun así siguieron intentando sacar personas.
Soto está convencido de que esa reacción espontánea evitó que el saldo fuera mayor.
El tiempo corría contra Noelia
Cada minuto en el agua reducía las posibilidades de la española.
Noelia continuó luchando hasta que la corriente terminó llevándola hacia el sector de las rocas. Fue desde ese lado donde finalmente pudieron recuperarla, de acuerdo con el relato del testigo.
Pero había pasado demasiado tiempo. Cuando lograron sacarla, ya no reaccionaba.
Entre quienes se encontraban aquel día en Cabo San Juan había médicos y enfermeros que habían llegado al Tayrona simplemente como turistas. La emergencia los obligó a convertirse inmediatamente en personal de atención.
También estaba una paramédica de la playa que, según Soto, corrió de un punto a otro atendiendo heridos, llevando oxígeno, mantas y gasas.
Cuando Noelia llegó hasta ellos comenzaron a practicarle maniobras de reanimación.
“Le hicieron RCP como durante 20 minutos, le pusieron oxígeno y nunca reaccionó”, recuerda.
La mujer que minutos antes había sido vista peleando por mantenerse a flote ya no respondió.
“Si hubiera habido cómo llegar hasta ella…”
La muerte de Noelia dejó a Soto con una pregunta que todavía lo atormenta.
Para él, la tragedia no puede analizarse únicamente desde el momento en que la lancha se volteó. También deben revisarse las condiciones en las que salió la embarcación, el número de pasajeros, la disponibilidad de chalecos y, especialmente, la capacidad de reacción cuando decenas de personas terminaron en el agua.
Soto cuestiona que un destino turístico de la dimensión de Cabo San Juan no tuviera, según su experiencia durante la emergencia, recursos suficientes para alcanzar inmediatamente a una persona que estaba siendo arrastrada.
También sostiene que la respuesta inicial descansó en buena medida sobre turistas y algunos pescadores.
Su versión deberá ser contrastada con los informes oficiales y con los protocolos activados por las autoridades y entidades responsables del parque.
Una mujer peleando por regresar
Para quienes estuvieron aquella tarde en Cabo San Juan, el recuerdo más difícil no es únicamente el de la embarcación volteada.
Es el de Noelia todavía viva. Tenía 31 años y había tomado la lancha para regresar sin hacer el largo recorrido a pie. Minutos después estaba sola en medio de un mar demasiado fuerte, intentando acercarse a una orilla donde decenas de personas la observaban y buscaban desesperadamente una manera de ayudarla. Noelia resistió.
Nadó, trató de mantenerse a flote y peleó contra la corriente durante varios minutos. Pero el rescate que necesitaba no consiguió llegar hasta ella a tiempo.
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Cuando el mar finalmente la empujó hacia un lugar desde donde pudieron sacarla, los intentos por reanimarla resultaron inútiles.
Noelia no desapareció inmediatamente debajo del agua. Estuvo allí, visible, luchando por sobrevivir. Y precisamente por eso su muerte deja una pregunta mucho más dolorosa: cómo una mujer pudo permanecer durante minutos peleando por su vida frente a una de las playas más concurridas del Tayrona sin que existieran los medios suficientes para alcanzarla antes de que se quedara sin fuerzas.
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