Inspector del Inpec fue a trabajar y terminó acribillado a 600 metros de la cárcel: investigan amenazas de ‘Los Costeños’


El hombre de 54 años fue atacado por sicarios cuando se dirigía a iniciar su turno en la cárcel de Palogordo, en Girón. Semanas antes, una granada y un mensaje atribuido a ‘Los Costeños’ habían encendido las alarmas tras el traslado de varios reclusos. Las autoridades investigan si existe relación entre ambos hechos.

Efraín Quesada Urrego salió a cumplir otra jornada como inspector del Inpec, pero nunca alcanzó a entrar a la cárcel. A escasos 600 metros de Palogordo, en Girón, sicarios en motocicleta le cerraron el paso y le dispararon repetidamente. Sus compañeros alcanzaron a socorrerlo y los médicos intentaron salvarle la vida, pero las balas terminaron matándolo horas después.

El crimen ocurrió hacia las 6:20 de la mañana, cuando el funcionario de 54 años caminaba por el sector de la finca Los Naranjos en dirección al establecimiento penitenciario para iniciar sus labores de custodia.

Los atacantes huyeron inmediatamente después de disparar, mientras Quesada Urrego quedó gravemente herido. Ahora las autoridades intentan determinar si su asesinato guarda relación con una amenaza que había aparecido semanas antes en inmediaciones de la misma cárcel.

Lo atacaron antes de llegar a su turno

Según las primeras informaciones, varios hombres que se movilizaban en una motocicleta interceptaron al inspector cuando se encontraba a pocos minutos de llegar al penal.

Los sicarios dispararon en repetidas oportunidades y escaparon hacia la carretera que comunica con Piedecuesta.

Las detonaciones alertaron a otros funcionarios del Inpec que se encontraban en las inmediaciones. Sus compañeros corrieron para auxiliarlo y coordinaron su traslado hasta la Clínica Foscal, en Floridablanca.

Quesada Urrego llegó con heridas de extrema gravedad. Los especialistas lo ingresaron a una intervención quirúrgica de urgencia en un intento por mantenerlo con vida, pero horas después se confirmó su fallecimiento debido a la severidad de los impactos recibidos.

Una granada y un mensaje habían encendido las alarmas

El homicidio tiene ahora a los investigadores revisando un inquietante antecedente ocurrido el pasado 10 de julio.

Ese día, unidades antiexplosivos tuvieron que atender una alerta por la aparición de una granada acompañada de un mensaje atribuido a la estructura delincuencial conocida como ‘Los Costeños’.

El contenido estaría relacionado con el rechazo de esa organización al traslado de varios de sus integrantes privados de la libertad.

Ese episodio ocurrió en la misma zona donde semanas después fue atacado el inspector, una coincidencia que ahora forma parte de las líneas investigativas del CTI de la Fiscalía y la Policía.

Las autoridades buscan determinar si el asesinato de Quesada Urrego fue una retaliación relacionada con las decisiones adoptadas dentro del sistema penitenciario o si detrás del crimen existe una motivación diferente.

Hasta el momento, el vínculo entre el homicidio y ‘Los Costeños’ no ha sido confirmado oficialmente.

Investigan si el crimen fue un mensaje contra el Inpec

La cercanía del ataque con la cárcel, la condición de la víctima como funcionario penitenciario y las amenazas conocidas semanas atrás son elementos que deberán ser cruzados por los investigadores.

Una de las tareas será establecer los movimientos de los sicarios antes y después del homicidio, determinar si Quesada Urrego había sido objeto de seguimientos y verificar si existían amenazas específicas en su contra.

El CTI de la Fiscalía y la Policía avanzan además en la búsqueda de elementos que permitan identificar a los hombres que se movilizaban en la motocicleta utilizada para cometer el ataque.

También será fundamental establecer si el crimen estaba dirigido específicamente contra Quesada o si su asesinato buscaba enviar un mensaje de intimidación contra funcionarios de Palogordo.

Una vida dedicada al sistema penitenciario

Efraín Quesada Urrego tenía una amplia trayectoria dentro del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec). Durante años prestó sus servicios en Palogordo y anteriormente había trabajado en la cárcel de máxima y mediana seguridad de La Tramacúa, en Valledupar.

Dentro de su carrera también estuvo vinculado a labores relacionadas con el esquema de perros de la guardia canina.

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Su asesinato deja ahora una investigación que va mucho más allá de identificar a los sicarios que apretaron el gatillo. Las autoridades deberán establecer quién ordenó matarlo y por qué un funcionario que simplemente se dirigía a comenzar su jornada terminó convertido en blanco de un ataque armado.

Semanas después de que una granada y una amenaza encendieran las alarmas alrededor de Palogordo, uno de sus inspectores fue asesinado a pocos metros de la cárcel. Determinar si ambos episodios forman parte de una misma cadena criminal será ahora una de las claves de la investigación.


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