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¿El Grinch de la Navidad? Piden reducir los alumbrados en Colombia por temor a una crisis de energía


El senador Juan Espinal llamó a las alcaldías y a los hogares a evaluar el uso de luces decembrinas ante las advertencias sobre el abastecimiento eléctrico. La propuesta busca ahorrar energía, pero no constituye una prohibición ni una orden del Gobierno Nacional.

Las luces que cada diciembre llenan parques, calles y fachadas de Colombia quedaron en el centro de una discusión sobre el suministro de energía. El senador Juan Espinal pidió evaluar la instalación de los alumbrados navideños de 2026 ante los riesgos que, según advirtió, podría enfrentar el sistema eléctrico por el fenómeno de El Niño.

La propuesta toca una de las tradiciones más esperadas del año: los recorridos familiares entre figuras iluminadas, los parques convertidos en puntos de encuentro y las decoraciones que también atraen compradores y turistas. Esta vez, la discusión es cuánta electricidad se puede destinar a esas celebraciones en medio de las alertas sobre el abastecimiento.

Espinal, del Centro Democrático y presidente de la Comisión Quinta del Senado, dirigió su llamado a alcaldes, empresas de servicios públicos y ciudadanos. Su planteamiento es revisar las condiciones del sistema antes de encender las decoraciones y reducir el consumo de electricidad y agua durante la temporada.

Las luces bajo evaluación

El congresista pidió que las administraciones municipales analicen técnica y responsablemente la conveniencia de instalar los tradicionales alumbrados. La invitación también alcanza a las familias que acostumbran decorar ventanas, balcones, jardines y fachadas con extensiones luminosas.

La preocupación expuesta por Espinal está relacionada con el efecto de El Niño sobre los aportes de agua a los embalses y la presión que esa situación puede ejercer sobre la generación hidroeléctrica. Bajo ese argumento, propone que el ahorro también forme parte de los preparativos de diciembre.

El llamado pone a las alcaldías frente a una evaluación que involucra tanto el consumo de energía como el papel de los alumbrados en la economía local. Para comerciantes, vendedores y prestadores de servicios turísticos, las visitas a esos espacios representan una oportunidad de ingresos durante el cierre del año.

Una petición que todavía no apaga la Navidad

Por ahora, la propuesta del senador no significa que Colombia vaya a quedarse sin alumbrados. Tampoco corresponde a una prohibición oficial o a una decisión del Gobierno Nacional que obligue a desmontar las decoraciones.

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Se trata de una solicitud para que cada autoridad local revise sus condiciones y considere medidas de ahorro. En la información conocida no se anuncian cancelaciones generalizadas de los proyectos navideños ni restricciones obligatorias para los hogares.

La diferencia es importante para las familias y los municipios que preparan sus celebraciones: hay un llamado a moderar el consumo, pero no una orden nacional de apagar las luces.

Menos horas y bombillos de menor consumo

Espinal también planteó opciones para quienes decidan mantener sus decoraciones. Entre ellas están utilizar bombillos LED y disminuir el tiempo durante el cual permanecen encendidas.

Otra de sus recomendaciones es reducir el uso de las luces durante las horas de mayor demanda eléctrica, que ubicó entre las 6:00 y las 9:00 de la noche. La propuesta apunta a revisar los horarios de funcionamiento y evitar que las instalaciones permanezcan prendidas durante largas jornadas.

Estas alternativas abren una posibilidad intermedia en el debate: conservar los espacios iluminados y ajustar su operación para disminuir el gasto energético. Su aplicación dependerá de las decisiones de las autoridades, los responsables de los alumbrados y los propios ciudadanos.

Una tradición frente al llamado al ahorro

El planteamiento tiene un ingrediente que explica la discusión: los alumbrados cumplen una función que va más allá de decorar. Son lugares de encuentro, escenarios de actividades culturales y motivos de viaje para familias que cada año visitan otras ciudades para conocer sus montajes.

Por eso, cualquier ajuste también involucra a quienes trabajan alrededor de esas celebraciones. Reducir horarios o modificar instalaciones exige considerar tanto el ahorro esperado como las actividades comerciales que dependen de la afluencia de visitantes.

La imagen del Grinch sirve para describir el temor de quienes imaginan una Navidad a oscuras. Sin embargo, lo que está sobre la mesa es una petición de evaluación y ahorro. Las decisiones concretas deberán mostrar si diciembre conservará sus luces habituales o si este año las celebraciones tendrán horarios más cortos y decoraciones de menor consumo.


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