Conductor sacrificó su vida para salvar a 31 niños: estrelló el bus sin frenos para evitar que cayeran por la montaña


El exinfante de Marina conducía un bus escolar con 35 personas por la zona rural de Morroa, Sucre, cuando el vehículo sufrió una falla en los frenos. Ordenó a los estudiantes ubicarse en la parte trasera y decidió impactar contra un camión para evitar que el automotor siguiera hacia una zona de montaña. Él y una estudiante de 14 años murieron.

Edwin José Oliveros Montiel entendió que el bus se había quedado sin frenos y que detrás de su asiento viajaban decenas de niños. Tenía segundos para decidir. Primero les pidió que se fueran hacia la parte trasera del vehículo y después, al encontrarse con un camión de volteo en la vía, tomó una decisión que terminó costándole la vida: chocó para detener el automotor y evitar una tragedia que, según las autoridades, pudo ser mucho mayor.

El exinfante de Marina profesional, de 48 años, murió en el impacto. A pocos metros de él se encontraba una estudiante de 14 años, alumna de octavo grado de la Institución Educativa Cristóbal Colón, quien también perdió la vida. Los demás ocupantes sobrevivieron a un accidente que hoy deja una pregunta inevitable: ¿qué habría ocurrido si Edwin hubiese intentado continuar con el bus sin frenos?

35 personas dentro de un bus fuera de control

El accidente ocurrió en la zona rural de Morroa, Sucre. En el vehículo viajaban 31 estudiantes, dos jóvenes de 18 años, una docente y el conductor. En total eran 35 personas que realizaban un recorrido habitual entre la Institución Educativa Cristóbal Colón y el corregimiento El Yeso.

El bus había salido al mediodía para llevar a los estudiantes de regreso a sus hogares. Era una ruta que Edwin conocía y realizaba diariamente. Pero durante el trayecto el sistema de frenos habría dejado de responder.

Según el relato entregado posteriormente por padres de familia y sobrevivientes a Cristina Díaz Vergara, esposa del conductor, Edwin pidió a los niños que se desplazaran hacia la parte posterior del bus mientras intentaba controlar el vehículo.

“Ellos señalaron que cuando el bus se quedó sin frenos, mi esposo les dijo que se fueran hacia la parte de atrás del carro y que cuando se dio cuenta del camión volteo en la vía, prefirió chocar para detenerse y no rodar por la montaña”, contó la mujer.

El golpe fue devastador para quienes permanecían en la parte delantera. Edwin quedó atrapado en la cabina y su cuerpo tardó cerca de tres horas en ser recuperado. La estudiante de 14 años estaba muy cerca del conductor y también recibió la peor parte del impacto.

“Infortunadamente, la niña que murió se quedó prácticamente a su lado y recibieron el impacto que les quitó la vida. Él dio su vida por ellos”, expresó Cristina.

De la Infantería de Marina a conducir niños

Edwin José Oliveros Montiel había nacido en Montería, Córdoba, pero buena parte de su vida terminó ligada a Sucre. Hace más de 20 años llegó a la Primera Brigada de Infantería de Marina, con sede en Corozal, para iniciar una carrera militar que terminaría siendo determinante en los últimos segundos de su vida.

Durante dos décadas en la Armada Nacional fue conductor, enfermero de combate e instructor de armas y tiro. Hace aproximadamente tres años alcanzó su pensión, pero siguió trabajando. Su experiencia al volante le permitió desempeñarse posteriormente como conductor de transporte escolar.

En Corozal conoció a Cristina Díaz Vergara. Una amiga los presentó, comenzaron una relación, se casaron y tuvieron dos hijos, actualmente de 14 y 12 años.

La familia también mantenía una estrecha relación con la iglesia cristiana evangélica Centro Familiar Manantial de Vida. En su vivienda del barrio San Miguel realizaban encuentros de oración semanalmente.

“Salió muy feliz”: la última mañana con su esposa

Cristina recuerda que la mañana del miércoles 9 de septiembre estuvo junto a su esposo. Nada hacía pensar que horas después recibiría la noticia de su muerte.

“Estoy segura que nunca le pasó por su cabeza que le pudiera ocurrir algo al transportar a los estudiantes hacia sus casas. Estaba muy feliz y sé que, en ese momento tan agonizante, él pensó en la vida de esos niños”, manifestó.

Para ella, la manera como actuó su esposo explica por qué los sobrevivientes y varios padres de familia comenzaron a llamarlo héroe.

“Sé que mi esposo, ante los ojos de Dios, de la comunidad y los padres de familia, es un héroe”, agregó entre lágrimas.

Había advertido sobre fallas en el bus

La tragedia tiene ahora otro capítulo que deberá ser esclarecido. Cristina aseguró que Edwin le había hablado anteriormente sobre problemas mecánicos del vehículo y las dificultades que representaba transitar por esa ruta.

Según su testimonio, incluso habría sufrido previamente un episodio en el que el bus se quedó sin frenos. Aquella vez se encontraba sobre terreno plano y logró controlar el automotor gracias a su experiencia como conductor.

También le había manifestado preocupación por el estado de la vía y por el riesgo que significaba transportar diariamente a estudiantes por ese sector rural.

Estas afirmaciones ponen ahora la atención sobre las condiciones mecánicas del bus y las revisiones que debía tener antes de transportar a decenas de menores. Las autoridades deberán establecer qué originó la falla y determinar si existían antecedentes que permitieran advertir el peligro.

Murió haciendo lo que aprendió durante años: proteger

Ingrid Martínez, abogada y amiga de la familia, llegó al sitio del accidente y presenció la dimensión del siniestro. Mientras avanzaban las labores para recuperar el cuerpo atrapado en la cabina, la noticia comenzó a extenderse por Corozal y Morroa.

Cristina describe a Edwin como un hombre dedicado a su familia. Su madre dependía económicamente de él y, según cuenta, también era reconocido en su barrio por ayudar a vecinos y atender especialmente a personas mayores.

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“Era un excelente esposo, padre, hermano, tío, buen hijo. Su madre dependía económicamente de él. Sus vecinos lo adoraban, atendía a los ancianos del barrio. Su vida como militar le sirvió para conservar esa disciplina que tenía”, relató.

El cuerpo del exinfante de Marina fue entregado a sus familiares y será sepultado en Corozal. Tenía 48 años, dos hijos y dos décadas de servicio en la Armada.

Su última emergencia ocurrió lejos de un escenario militar. Iba sentado frente al volante de un bus escolar y detrás llevaba a 31 niños. Cuando los frenos dejaron de responder, utilizó la experiencia acumulada durante años para intentar mantenerlos con vida.

Edwin no salió del bus. La mayoría de los niños que llevaba a casa, sí.


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