Colgó la llamada con su hija y la alcanzó una bala perdida: hoy su vida se apaga y no hay esperanza médica


Karen Bustamante fue impactada por una bala perdida en medio de un atraco. Permanece con muerte cerebral mientras su familia clama por un milagro y exige respuestas.

La llamada terminó y minutos después todo cambió para siempre. Karen Bustamante caminaba hacia su casa para almorzar, tras una extenuante jornada laboral, cuando una bala que no era para ella la impactó. Hoy está conectada a máquinas, sin actividad cerebral, y los médicos ya no dan esperanza de vida.

Su hija fue la última persona con la que habló. Ahora es quien sostiene la historia entre lágrimas.

“Ya no tiene actividad cerebral”

El diagnóstico cayó como una sentencia. La hija de Karen lo dice llena de dolor y con la voz quebrada:

“ya no tiene actividad cerebral. No dan esperanzas de vida”.

Desde ese momento vive atrapada en una espera angustiante. Cada llamada se convierte en una amenaza. Cada minuto pesa.

“No duermo ni como. Cada vez que suena el teléfono creo que me dirán que mi mamá murió”, relata.

Una bala que no era para ella

Karen quedó en medio de un hecho violento que ni siquiera la tenía como objetivo. Según las versiones que ha podido reconstruir la familia, todo ocurrió durante un atraco.

Un delincuente habría intentado robar a una persona que llevaba dinero. En medio del ataque, se escucharon disparos. Uno de esos proyectiles terminó impactando a Karen, que simplemente pasaba por el lugar tras salir de su jornada laboral.

No hay claridad oficial. No hay responsables identificados públicamente. La familia ha tenido que armar el rompecabezas con lo que escucha en la calle y lo que aparece en medios.

“Ninguna autoridad se ha reunido con nosotros para explicarnos qué pasó”, denuncia su hija.

Una vigilia contra la muerte

La noche del sábado, el dolor se volvió colectivo. Amigos, conocidos y compañeros de trabajo se reunieron en una velatón para pedir por su vida.

Velas encendidas, oraciones y silencio. Un acto de fe frente a un diagnóstico que parece definitivo.
A pesar de lo que dicen los médicos, su hija se aferra a la esperanza. Cree en la fuerza de su madre, en su carácter, en su historia de lucha.

“Mi mamá es muy fuerte y va a ganar esta batalla”, asegura.

“No es justo”

Karen es descrita por su familia como una mujer amorosa, servicial y entregada. Una vida construida con esfuerzo que hoy pende de un hilo por un hecho violento que la alcanzó sin aviso.

La indignación crece al mismo ritmo que el dolor.

No es justo”, repite su hija, mientras pide que el caso avance y que haya responsables.

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Hoy Karen Bustamante está entre la vida y la muerte. Su historia resume el costo más cruel de la inseguridad: una vida que se apaga sin haber tenido nada que ver.


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