
Alarma en Santa Marta: uno de los ríos principales que abastece la ciudad perdió el 70% de su caudal
Las dos principales fuentes que abastecen el acueducto de Santa Marta registran una drástica reducción de sus caudales. Las autoridades advierten que las lluvias seguirán siendo escasas hasta enero de 2027, un panorama que amenaza con agravar la crisis del agua que desde hace años padecen miles de familias.
El agua que abastece a Santa Marta se está agotando. El río Manzanares ya perdió más del 70 % de su caudal y el río Piedras registra una disminución cercana al 30 %, una situación que pone bajo presión el sistema de acueducto y aumenta el riesgo de que miles de hogares enfrenten un servicio todavía más limitado en los próximos meses. La alerta fue confirmada por las autoridades durante el Consejo Distrital de Gestión del Riesgo, donde también se advirtió que el panorama climático será desfavorable para la ciudad.
Las cifras presentadas durante la reunión reflejan la gravedad del momento. El río Manzanares, una de las principales fuentes de abastecimiento de agua potable para Santa Marta, ha perdido más de dos terceras partes de su caudal. El río Piedras también registra una disminución cercana al 30 %, reduciendo la capacidad del sistema para responder a la demanda de la población.
Las autoridades atribuyen esta situación a las altas temperaturas y a las condiciones climáticas asociadas al Fenómeno del Niño, que han provocado una reducción progresiva de las lluvias en la región.
A este panorama se suma un pronóstico poco alentador. Según la información presentada durante el Consejo de Gestión del Riesgo, entre septiembre de este año y enero de 2027 se esperan precipitaciones inferiores a las habituales, lo que podría agravar aún más el desabastecimiento.
Una ciudad que lleva años sobreviviendo a la escasez
La preocupación va mucho más allá de los datos técnicos. Para miles de samarios, la crisis del agua dejó de ser una emergencia temporal y se convirtió en una forma de vivir.
En numerosos barrios el servicio llega apenas durante algunas horas al día. En otros sectores pasan jornadas completas esperando que el agua aparezca por las tuberías. Muchas familias aprendieron a almacenar agua en tanques, baldes y recipientes porque desconocen cuándo volverán a tener suministro.

Las zonas altas y periféricas siguen siendo las más afectadas. Allí es común que los habitantes dependan de carrotanques o deban levantarse en la madrugada para aprovechar las pocas horas en las que llega el servicio.
Con los ríos perdiendo caudal, el temor es que esas dificultades comiencen a extenderse a más sectores de la ciudad.
La calamidad pública refleja la gravedad del problema
La advertencia sobre la disminución de los caudales llega pocos días después de que el Distrito declarara la calamidad pública por la sequía, una medida que busca facilitar acciones para enfrentar una emergencia que amenaza el abastecimiento de agua y otros sectores afectados por las condiciones climáticas.
Aunque por ahora las autoridades descartaron la implementación de racionamientos oficiales, reconocen que el comportamiento del clima durante los próximos meses será determinante para evitar una crisis mayor.
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El llamado está dirigido tanto a las instituciones como a la ciudadanía, pues cada litro de agua que se desperdicie representa una presión adicional para un sistema que ya opera bajo condiciones cada vez más difíciles.
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