
Adolescentes de 17 y 13 años murieron ahogados durante paseos familiares; autoridades lanzan urgente llamado a la prevención en ríos y quebradas
Las víctimas, de 17 y 13 años, murieron en hechos ocurridos durante el fin de semana en San Vicente de Chucurí y Coromoro, en el departamento de Santander. Las autoridades insistieron en reforzar las medidas de seguridad en afluentes y balnearios naturales.
La diversión se transformó en tragedia para dos familias santandereanas. Lo que comenzó como paseos para compartir y disfrutar terminó con la muerte de dos menores de edad en distintos afluentes del departamento. Hoy, dos hogares lloran pérdidas irreparables mientras las autoridades insisten en que la prevención sigue siendo la principal herramienta para evitar que estos dramas vuelvan a repetirse.
La primera emergencia ocurrió en San Vicente de Chucurí. Juan Guillermo Contreras, de 17 años, disfrutaba de una jornada recreativa en un balneario cuando fue arrastrado por la corriente. La desaparición del adolescente provocó momentos de angustia entre familiares y personas que se encontraban en el sitio, quienes intentaron ayudarlo mientras era llevado por la fuerza del agua.
Horas después, organismos de socorro lograron recuperar su cuerpo sin vida.
La noticia golpeó a familiares y allegados que durante varias horas mantuvieron la esperanza de encontrarlo con vida. Sin embargo, el operativo de búsqueda terminó con el desenlace que nadie quería recibir.
La emergencia movilizó a organismos de socorro, a miembros de la comunidad, que apoyaron las labores de rastreo en la zona.
La segunda tragedia se registró en la quebrada La Ensalada, en el sector conocido como Pozo Tres Peñas, en jurisdicción de Coromoro. Allí, Gabriel, un niño de 13 años, compartía un paseo familiar junto a su abuela y un primo cuando ingresó al afluente para disfrutar de la tarde.
Lo que parecía ser un momento de diversión cambió en cuestión de segundos.

Según los reportes preliminares, el menor desapareció repentinamente bajo el agua, presuntamente tras ser arrastrado por una corriente o quedar atrapado en una zona de riesgo.
La angustia se apoderó de sus familiares, que comenzaron a buscarlo mientras pedían ayuda a las autoridades y habitantes del sector.
La búsqueda se extendió durante varias horas y contó con el apoyo de uniformados, organismos de socorro y residentes de la zona. Finalmente, el cuerpo del menor fue localizado, confirmando una tragedia que dejó consternada a la comunidad y sumida en el dolor a su familia.
Un llamado urgente a la prudencia
Los dos casos ocurrieron en escenarios frecuentados por familias durante fines de semana y puentes festivos.
Las autoridades reiteraron que muchos ríos, quebradas y balnearios naturales pueden esconder peligros que no siempre son visibles, como corrientes fuertes, remolinos, cambios repentinos de profundidad y zonas de difícil salida.

Tras las tragedias, los organismos de gestión del riesgo insistieron en la necesidad de mantener vigilancia permanente sobre los menores de edad, evitar ingresar a sectores desconocidos o profundos y atender las recomendaciones de seguridad antes de entrar al agua.
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Mientras dos familias intentan sobrellevar un dolor que llegó de manera inesperada, las autoridades esperan que estas pérdidas sirvan para generar conciencia. El mensaje es claro: un momento de descuido puede ser suficiente para que una jornada de descanso termine convertida en una tragedia imposible de reparar.
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