
Salió de Bogotá con su esposa e hijastra muertas y habría viajado tres días con los cuerpos en el carro
Keila Fernández Ortiz y su hija Luciana Fernández, oriundas de Conejo, Fonseca, fueron identificadas preliminarmente como las víctimas del estremecedor caso descubierto en la vía al Llano. El esposo de la mujer, de 44 años, habría salido desde Bogotá con los dos cuerpos dentro del vehículo, pasó por diferentes carreteras durante aproximadamente tres días y terminó detenido en un puesto de control en Chipaque, Cundinamarca.
Durante tres días, un automóvil habría recorrido kilómetros de carreteras colombianas cargando un secreto aterrador: en su interior permanecían los cuerpos de una mujer y una menor de edad. Al volante iba el esposo de una de las víctimas, hoy principal sospechoso de un doble crimen que comenzó a ser reconstruido por las autoridades.
Las víctimas fueron identificadas preliminarmente como Keila Fernández Ortiz y su hija Luciana Fernández, oriundas del corregimiento de Conejo, jurisdicción de Fonseca, La Guajira. La investigación apunta a que ambas habrían muerto en Bogotá y posteriormente fueron trasladadas en el mismo vehículo hasta que la Policía terminó descubriendo los cuerpos en la vía al Llano.
El conductor, un hombre de 44 años y esposo de Keila, fue detenido. Las autoridades intentan establecer ahora qué ocurrió dentro de esa familia y por qué, después de las muertes, habría emprendido semejante recorrido con los cuerpos.
El crimen habría ocurrido en Usme
Las primeras indagaciones sitúan el comienzo de esta historia el pasado 7 de septiembre en la localidad de Usme, en el sur de Bogotá. Allí habrían sido asesinadas Keila y su hija, aunque las circunstancias exactas de las muertes todavía hacen parte de la investigación.
Lo que ocurrió después es uno de los aspectos más desconcertantes del caso.
Según la información conocida, el esposo de Keila habría abordado el automóvil con los dos cuerpos en su interior y comenzó un recorrido por carretera. Una de las primeras rutas que habría tomado lo llevó hacia La Dorada, Caldas.
Posteriormente habría regresado hacia el centro del país y continuó desplazándose hasta tomar rumbo hacia Villavicencio.
Tres días conduciendo con los cuerpos
Entre el 7 y el 9 de septiembre habrían transcurrido cerca de tres días en los que el automóvil pasó por diferentes carreteras mientras los cadáveres permanecían en su interior.
Esta reconstrucción preliminar será confrontada ahora con cámaras de seguridad, registros de peajes, posibles movimientos bancarios, comunicaciones y cualquier otra evidencia que permita establecer con precisión cada desplazamiento realizado por el vehículo.
Los investigadores también deberán determinar por qué el hombre habría tomado inicialmente rumbo hacia Caldas y posteriormente regresó para desplazarse en dirección al Meta.
La ruta que siguió y lo que hizo durante esas horas podrían resultar fundamentales para entender qué pretendía hacer con los cuerpos de su esposa y de la menor.
Un puesto de control terminó el recorrido
El viaje terminó la noche del 9 de septiembre en el kilómetro 17+400 de la carretera Bogotá–Villavicencio, en inmediaciones de Chipaque, Cundinamarca.
Uniformados que adelantaban un procedimiento de control detuvieron el vehículo conducido por el hombre. Durante la inspección encontraron en su interior los cuerpos de la mujer adulta y de la menor.
El procedimiento cambió inmediatamente de dimensión. Unidades judiciales fueron llamadas al lugar, el automóvil quedó bajo inspección y el conductor fue detenido mientras se adelantaban las primeras diligencias.
La identificación posterior permitió establecer preliminarmente que las víctimas eran Keila y Luciana, madre e hija provenientes de La Guajira.
Era el esposo de Keila y padrastro de la menor
Las primeras versiones indicaban que el conductor tendría una relación sentimental con la mujer. Con el avance de las indagaciones se estableció que se trataría de su esposo y que, además, sería padrastro de Luciana.
Esta relación convirtió al detenido en una pieza central de la investigación. Sin embargo, será la Fiscalía la encargada de establecer su responsabilidad individual y determinar las circunstancias en las que murieron ambas víctimas.
Los resultados de Medicina Legal serán especialmente importantes para precisar las causas y horas aproximadas de los fallecimientos y contrastarlas con el recorrido que habría realizado el sospechoso.
En el caso de Keila, los investigadores también deberán determinar si existen los elementos jurídicos para investigar su muerte como un posible feminicidio. La muerte de Luciana será analizada dentro del mismo expediente para establecer cómo ocurrió y quién fue responsable.
El dolor llegó hasta La Guajira
Mientras las autoridades reconstruyen kilómetros de recorrido y buscan respuestas en Bogotá y Cundinamarca, la tragedia terminó golpeando directamente al corregimiento de Conejo y al municipio de Fonseca.
Keila y Luciana eran oriundas de esta población guajira y su identificación provocó consternación entre familiares, conocidos y habitantes que ahora esperan conocer qué ocurrió con ellas.
El caso que comenzó con el hallazgo de dos cuerpos dentro de un automóvil tiene ahora una historia mucho más compleja detrás: una madre y su hija muertas, un esposo detenido y un recorrido de aproximadamente tres días que habría pasado por diferentes carreteras del país.
La Fiscalía tendrá que reconstruir cada kilómetro. Pero, sobre todo, deberá responder la pregunta más dolorosa: qué ocurrió dentro de aquella familia antes de que Keila y Luciana terminaran muertas y sus cuerpos emprendieran un viaje de cientos de kilómetros dentro de un automóvil.
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