Margarita Guerra consigue luz verde para avanzar en la construcción del Campus Universitario de Fundación


La Asamblea Departamental autorizó a la gobernadora Margarita Guerra para vender bienes inmuebles improductivos del Departamento y destinar los recursos a la construcción del Campus Universitario Subregional de Fundación. El proyecto beneficiaría a estudiantes de seis municipios y busca evitar que la distancia y la falta de recursos económicos sigan cerrándoles las puertas de la educación superior.

Para miles de jóvenes del norte del Magdalena terminar el bachillerato significa enfrentarse a una decisión difícil: conseguir dinero para estudiar lejos de casa, trasladarse diariamente durante kilómetros o renunciar a la universidad porque sus familias simplemente no pueden asumir los gastos.

Ese panorama podría comenzar a cambiar para cerca de 3.500 estudiantes. La Asamblea del Magdalena aprobó en segundo debate una iniciativa de la gobernadora Margarita Guerra que abre el camino financiero para construir un Campus Universitario Subregional en Fundación.

La ordenanza autoriza a la mandataria a enajenar bienes inmuebles propiedad del Departamento que actualmente no cumplen una función institucional. El dinero obtenido mediante esas operaciones deberá destinarse a financiar la nueva infraestructura educativa.

El proyecto busca convertir a Fundación en un centro universitario para jóvenes de este municipio y de Aracataca, Zona Bananera, El Retén, Algarrobo y Pivijay.

Vender bienes que no se utilizan para construir una universidad

La fórmula planteada por la Gobernación consiste en transformar activos improductivos del Departamento en recursos para financiar el campus.

Con la autorización de la Asamblea comienza una nueva etapa administrativa para identificar y adelantar la enajenación de los inmuebles que cumplan las condiciones establecidas.

El jefe de la Oficina Asesora Jurídica del Magdalena, Manuel Otero Gamero, explicó que el propósito es conseguir recursos sin mantener propiedades que actualmente carecen de utilidad institucional.

“Con la aprobación de esta ordenanza se faculta a nuestra gobernadora para enajenar bienes inmuebles de propiedad del Departamento que hoy se encuentran sin utilidad, con el propósito de obtener los recursos necesarios para la construcción de la sede universitaria subregional en Fundación”, señaló.

El funcionario agregó que la iniciativa hace parte de los compromisos establecidos en el Plan de Desarrollo departamental.

“De esta manera avanzamos en el cumplimiento del Plan de Desarrollo y reafirmamos nuestro compromiso con el Magdalena, ampliando la oferta de educación superior para nuestros jóvenes”, manifestó Otero.

Seis municipios tendrían el campus más cerca

La ubicación en Fundación tiene una intención regional.

El municipio funciona como punto estratégico para poblaciones del centro y norte del Magdalena y tiene conexión con territorios como Aracataca, Zona Bananera, El Retén, Algarrobo y Pivijay.

La proyección oficial calcula que cerca de 3.500 jóvenes podrían beneficiarse de la nueva infraestructura.

La cifra cobra importancia cuando se observa lo que implica actualmente para un estudiante de estos municipios acceder a educación universitaria presencial. Para muchas familias, enviar a un hijo a Santa Marta, Barranquilla u otra ciudad significa sumar matrícula, transporte, alimentación y, en algunos casos, alojamiento.

Esos costos terminan convirtiéndose en una barrera que pesa especialmente sobre hogares de menores ingresos.

Por eso el proyecto busca que una carrera universitaria deje de depender, en buena medida, del lugar donde nació el estudiante o de la capacidad de su familia para financiar su traslado.

El bachillerato termina y comienza la incertidumbre

Cada año, cientos de jóvenes salen de colegios públicos de estos municipios con el propósito de continuar estudiando.

El problema comienza después de recibir el diploma.

La oferta de educación superior disponible cerca de sus hogares resulta limitada frente a las posibilidades existentes en las grandes ciudades. Algunos consiguen trasladarse; otros buscan alternativas técnicas o tecnológicas y también están quienes terminan aplazando indefinidamente su ingreso a la universidad.

El Campus Subregional pretende reducir esa brecha.

La futura infraestructura deberá permitir ampliar la oferta académica disponible en esta zona del departamento y acercar programas profesionales a estudiantes que actualmente necesitan recorrer largas distancias para acceder a ellos.

La aprobación todavía no significa que el campus esté construido

El paso dado por la Asamblea es importante, aunque representa apenas una etapa dentro de un proceso que deberá superar varios procedimientos antes de convertirse en aulas llenas de estudiantes.

La autorización permite adelantar la enajenación de bienes para obtener financiación. Posteriormente tendrán que avanzar los procedimientos administrativos, presupuestales y contractuales necesarios para materializar la infraestructura.

También será fundamental definir la oferta académica que llegará al territorio y garantizar que el campus cuente con programas capaces de responder a las necesidades productivas y laborales de la región.

El reto, por tanto, será convertir la aprobación política en una universidad funcionando.

Fundación busca convertirse en polo universitario

Para Fundación, el proyecto también representa una oportunidad de transformación.

La llegada permanente de miles de estudiantes puede generar nuevas dinámicas económicas, comerciales y sociales, además de consolidar al municipio como punto educativo de referencia para una amplia zona del Magdalena.

Pero el mayor impacto estaría en las familias.

Tener educación superior más cerca puede significar que un joven de Aracataca, El Retén, Algarrobo, Pivijay o Zona Bananera pueda estudiar sin abandonar su municipio definitivamente o sin obligar a sus padres a asumir gastos imposibles de sostener.

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La Asamblea ya dio el primer paso al autorizar la iniciativa presentada por Margarita Guerra. Ahora comienza la etapa más difícil: conseguir los recursos y convertirlos en infraestructura, programas académicos y oportunidades reales.

Porque para los cerca de 3.500 jóvenes que podrían beneficiarse, el éxito del proyecto no se medirá por la ordenanza aprobada ni por los inmuebles vendidos. Se medirá cuando puedan terminar el bachillerato y encontrar una universidad mucho más cerca de casa.


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