
Santa Marta recuperó reconocida playa que el mar había borrado, pero la erosión sigue siendo una amenaza
El balneario del sur de Santa Marta, que prácticamente había desaparecido por la erosión costera, recuperó entre 10 y 12 metros de arena gracias a un dragado financiado por privados y acompañado por el Distrito.
Hace apenas cuatro meses, caminar por Cabo Tortuga era imposible. El mar había avanzado tanto que prácticamente borró la playa. Las carpas desaparecieron, los vendedores empacaron sus pertenencias y los turistas dejaron de llegar a uno de los balnearios más visitados del sur de Santa Marta.
Hoy la imagen es completamente distinta. Donde solo había agua volvió a aparecer una extensa franja de arena. Familias, bañistas y comerciantes regresaron al sector, mientras una obra de recuperación costera, que ya alcanza el 90 % de ejecución, le devolvió la vida económica a una playa que parecía perdida.

La intervención comenzó a principios de mayo mediante un dragado que extrajo arena del fondo marino para depositarla nuevamente sobre la orilla. El proyecto fue financiado por propietarios de condominios ubicados en el sector, contó con el acompañamiento técnico de la Alcaldía de Santa Marta y recibió la autorización de la Dirección General Marítima (Dimar), al ser considerada una intervención ambientalmente viable.
Los resultados ya son visibles. Se han recuperado entre 10 y 12 metros de playa a lo ancho y cerca de 250 metros lineales, con la expectativa de alcanzar aproximadamente 15 metros de ancho y unos 300 metros de longitud antes de finalizar las obras, previstas para comienzos de julio.
Una playa que volvió a respirar
La recuperación cambió rápidamente la dinámica del sector.

Las carpas regresaron a instalarse frente al mar. Los restaurantes volvieron a ofrecer almuerzos típicos. Los prestadores de servicios turísticos reactivaron el alquiler de sillas y parasoles. Los turistas comenzaron a regresar aprovechando la temporada de vacaciones.
Para quienes viven de esta playa, la diferencia entre febrero y junio representa la diferencia entre tener ingresos o permanecer sin trabajo.
«Esto más que recuperar espacio de playa abre nuevamente una oportunidad para el turismo y para toda la economía que gira alrededor de este sector», explicó a EL TIEMPO el director de la Oficina de Gestión del Riesgo de Santa Marta, Darío Linero.
Según el funcionario, las condiciones climáticas permitieron avanzar con rapidez.
«Cuando trabajamos en el mar siempre dependemos del comportamiento del clima, pero la naturaleza nos favoreció. Hoy podemos decir que el proyecto está ejecutado en un 90 %. Ya tenemos alrededor de 10 metros de playa recuperados y esperamos llegar como mínimo a 15 metros«, afirmó.

Linero explicó que los recursos fueron aportados por los propietarios de los condominios ubicados frente al balneario, mientras el Distrito y la Dimar lideraron el componente técnico y los permisos necesarios. La inversión ronda los 1.000 millones de pesos.
«Volvimos a trabajar»: el renacer de los comerciantes
La recuperación de la playa también significó el regreso del sustento para decenas de familias que dependen del turismo.
Los primeros en volver fueron los propietarios de carpas. Después reaparecieron los vendedores de bebidas, quienes alquilan sillas, los restaurantes y los prestadores de actividades recreativas. Poco a poco, Cabo Tortuga comenzó a recuperar el ambiente que la convirtió durante años en uno de los balnearios preferidos por turistas y samarios.
«Pensamos que este lugar se había perdido. Cuando el mar se llevó la playa dejamos de recibir visitantes y prácticamente nos quedamos sin trabajo. Hoy otra vez vemos familias caminando, niños jugando y gente alquilando carpas. Es una alegría inmensa volver a trabajar», contó a EL TIEMPO Roberto Suárez, un vendedor de bebidas de este balneario.

La misma sensación comparte Herlinda Gómez, comerciante que volvió a preparar almuerzos para los visitantes.
«Había días en los que no vendíamos casi nada porque nadie podía quedarse en la playa. Ahora otra vez estamos ofreciendo pescado, arroz de coco y comida de mar. Poco a poco la gente está regresando y eso nos devuelve la esperanza«, dijo.
Quienes administran el alquiler de carpas aseguran que cada día aumenta la llegada de visitantes.
«Antes el agua llegaba prácticamente hasta los negocios. Era imposible instalar una sola carpa. Hoy ya tenemos espacio suficiente y las familias vuelven a disfrutar de la playa. Ojalá esta recuperación dure porque de aquí vivimos muchas personas«, manifestó otro trabajador del sector.
Durante un recorrido realizado por EL TIEMPO fue evidente el contraste con la situación registrada en febrero con el frente frío. Donde hace pocos meses las olas golpeaban directamente contra las construcciones cercanas, hoy existe nuevamente una amplia franja de arena ocupada por turistas, vendedores y residentes.

Un plan piloto para otras playas
El Distrito considera que la experiencia podría convertirse en una alternativa para enfrentar la erosión que afecta otros sectores del litoral samario.
De acuerdo con Linero, una vez termine la obra comenzará un periodo de seguimiento que permitirá evaluar qué tan estable permanece la arena recuperada.
«Esto es un pilotaje. Si las garantías que ofrece la obra se mantienen, la Alcaldía estudiará implementar proyectos similares en otras playas del sur de Santa Marta que enfrentan el mismo problema», señaló.
La intervención fue ejecutada por una empresa especializada en dragados con experiencia internacional y operaciones en Brasil, España y Panamá.
Para la administración distrital, además de recuperar espacio para el turismo, la obra permite abrir una discusión sobre nuevas alternativas técnicas frente al avance del mar.
La otra cara: una solución con fecha de vencimiento
Aunque la recuperación genera optimismo, especialistas consultados por EL TIEMPO advierten que el problema de fondo sigue intacto.
Camilo Botero, doctor en Geografía Costera y profesor universitario, sostiene que rellenar nuevamente la playa permite recuperar arena por un tiempo, pero no elimina las causas que originaron la erosión.
«El efecto a mediano y largo plazo es prácticamente nulo. La erosión ocurrió porque se construyó sobre las dunas y sobre la playa. Esos sedimentos que antes alimentaban naturalmente la costa quedaron atrapados debajo de los edificios«, explicó.
Según el investigador, la arena depositada volverá a ser arrastrada cuando lleguen nuevos periodos de fuertes oleajes y marejadas, especialmente durante la temporada de vientos de fin de año.

«Es muy probable que buena parte de esa arena vuelva a desaparecer. El mar sigue su comportamiento natural y, al no existir reservas de arena en las dunas, habrá que volver a rellenar la playa cada cierto tiempo«, indicó.
Botero sostiene que esta situación ya ocurrió anteriormente en Playa Salguero y ahora comienza a repetirse en otros sectores del litoral urbano.
Para el experto, la expansión inmobiliaria sobre zonas costeras modificó el comportamiento natural de las playas de Santa Marta.
Explica que antes de 2010 Playa Salguero presentaba estabilidad, pero el desarrollo urbanístico aceleró los procesos de erosión que hoy afectan esa zona.
«Cabo Tortuga, Playa Salguero y Playa Dormida tienen el mismo origen. Lo que estamos viendo es consecuencia de haber construido demasiado cerca del mar. En estos casos prácticamente no existen soluciones definitivas», afirmó.
Incluso advirtió sobre el futuro de Playa Lipe, uno de los pocos sectores urbanos que aún conserva estabilidad.
«Lo que sí podemos hacer es aprender de los errores. Hay que impedir que en Playa Lipe ocurra lo mismo. Deben mantenerse las dunas como zona de protección y evitar nuevas construcciones pegadas a la playa«, agregó.
Según el investigador, estudios internacionales demuestran que cerca del 80 % de las grandes obras costeras terminan trasladando el problema de erosión hacia otros sectores del litoral.
Un respiro para Santa Marta
Mientras continúa el debate técnico sobre el futuro de la erosión costera, Cabo Tortuga volvió a llenarse de visitantes.
La playa que en febrero prácticamente había desaparecido hoy vuelve a ser escenario de caminatas, juegos infantiles y jornadas de descanso frente al mar. Los restaurantes volvieron a ofrecer comidas de mar, las carpas recuperaron sus clientes y decenas de familias retomaron la actividad económica que habían perdido cuando el mar se tragó la arena.

La recuperación representa un alivio para el turismo en plena temporada de vacaciones y una esperanza para quienes dependen de este balneario para llevar el sustento a sus hogares.
Sin embargo, detrás de la nueva franja de arena permanece una advertencia que expertos y autoridades coinciden en no ignorar: recuperar una playa es posible, pero conservarla exigirá decisiones urbanísticas que eviten que el mar vuelva a reclamar el terreno que hoy, por segunda vez, les fue devuelto a los samarios.
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