Murió esperando una autorización: joven de Nueva Venecia falleció tras 10 días sin remisión de Nueva EPS


Michael Meléndez Garizábalo, estudiante de ingeniería automotriz de 24 años, murió en una clínica de Soledad mientras su familia rogaba por una remisión urgente a un centro de alta complejidad. Sus allegados denuncian que la demora administrativa de la EPS terminó condenándolo.

Michael Meléndez Garizábalo pasó sus últimos diez días conectado a una cama de cuidados intensivos mientras su familia libraba otra batalla afuera de la clínica: lograr que Nueva EPS autorizara un traslado urgente que nunca llegó.

Tenía 24 años. Era estudiante de ingeniería automotriz y había salido de Nueva Venecia, Magdalena, buscando atención médica para sobrevivir. Terminó muriendo en una habitación de la Clínica Porvenir de Soledad con una hemorragia cerebral avanzando dentro de su cuerpo y una remisión atrapada entre trámites, autorizaciones y silencio administrativo.

Su familia asegura que Michael murió esperando una firma.

El diagnóstico que desató la emergencia

Todo comenzó el pasado 27 de abril, cuando el joven ingresó de urgencia por una crisis hipertensiva que terminó provocándole la ruptura de un vaso sanguíneo en el cerebro.

La situación era crítica desde el primer momento. Los médicos determinaron que necesitaba una neurocirugía de alta complejidad que la clínica donde permanecía hospitalizado no podía realizar.

La única salida era trasladarlo de inmediato a otro centro asistencial con capacidad especializada.

Pero el tiempo empezó a correr más rápido que el sistema de salud.

Mientras Michael permanecía sedado en cuidados intensivos, la remisión médica quedó estancada en trámites administrativos ante Nueva EPS.

Diez días peleando por una autorización

La familia asegura que durante días hizo llamadas, solicitudes y hasta plantones para exigir que el traslado fuera aprobado.

Cada hora de espera significaba más riesgo para un paciente que además padecía insuficiencia renal crónica y requería atención inmediata.

Sin embargo, la autorización nunca llegó.

“Mi familiar se murió esperando el traslado de una clínica de alta complejidad, porque la Nueva EPS nunca autorizó para que lo aceptaran. Se murió en eso. Hasta el último día nosotros estábamos peleando con la Nueva EPS para que autorizara la bendita remisión”, denunció Elisandra Meléndez, prima del joven.

La impotencia terminó consumiendo a la familia. Mientras ellos insistían en oficinas y líneas telefónicas, dentro de la clínica Michael seguía deteriorándose.

La hemorragia cerebral avanzó más rápido que la burocracia.

Una muerte que desató indignación

A la 1:40 de la tarde del martes, Michael falleció sin haber sido trasladado al centro especializado que necesitaba.

La noticia golpeó con fuerza a Nueva Venecia, el corregimiento del Magdalena donde era conocido y querido por vecinos y familiares.

Sus padres recibieron el cuerpo de un muchacho que salió buscando atención médica y terminó atrapado en un sistema de salud que, según denuncian sus allegados, priorizó trámites por encima de una urgencia vital.

La muerte del joven dejó devastados a sus cuatro hermanos y abrió nuevamente el debate sobre las fallas del sistema de salud y las demoras en las autorizaciones de pacientes críticos.

Para su familia, Michael murió mucho antes de que los médicos confirmaran el deceso.

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Murió cuando la remisión urgente se convirtió en un papel retenido entre escritorios mientras su cerebro seguía sangrando.


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