La OMS establece primera hipótesis sobre brote de peligroso virus que se propagó en crucero y que deja ya tres muertos


La autoridad sanitaria sitúa el origen de la infección fuera de la nave, determinando que la exposición al patógeno ocurrió durante las expediciones a tierra firme y descartando, conforme a los protocolos técnicos, la existencia de un foco infeccioso en el interior del crucero.

El foco de la investigación sobre el hantavirus que afecta a un buque de expedición se ha desplazado definitivamente hacia el exterior de la nave.

Maria Van Kerkhove, del Departamento de Preparación y Prevención de Epidemias de la OMS, ha argumentado que el periodo de incubación que abarca de una a seis semanas es el factor clave para situar el contagio en las paradas que el crucero realizó en diversas islas de la costa africana.

Es en estos puntos donde la observación de fauna silvestre y el contacto con roedores locales habrían facilitado la exposición al virus. El testimonio de la tripulación, que niega la existencia de roedores dentro del buque, robustece la hipótesis de que el patógeno no se originó en los camarotes ni en las instalaciones a bordo.

“Es un barco de expedición y muchas de las personas a bordo practicaban la observación de aves y otras actividades relacionadas con la fauna silvestre. Por lo tanto, nuestra hipótesis es que se infectaron fuera del barco y luego se incorporaron” manifestó Maria Van Kerkhove.

A pesar de esta línea de trabajo principal, la institución contempla la posibilidad de una transmisión limitada entre personas. Bajo la premisa de que el virus actuante sea la variante Andes, los especialistas no excluyen contagios en espacios compartidos o entre contactos estrechos.

Según datos facilitados por Tedros Adhanom, director general del organismo, hasta la fecha se han identificado siete casos relacionados con este trayecto marítimo, de los cuales dos han sido confirmados oficialmente y cinco se mantienen en calidad de sospechosos, incluyendo el fallecimiento de tres pacientes.

La reconstrucción cronológica de los hechos permite observar una progresión crítica de la enfermedad. El paciente inicial, un varón con historial de tránsito por Sudamérica incluida Argentina antes de embarcar el 1 de abril, comenzó con fiebre, cefalea y diarrea el 6 de abril, falleciendo cinco días después.

El segundo caso, una adulta mayor con la que compartía contacto estrecho, presentó síntomas digestivos al llegar a Santa Elena el 24 de abril, falleciendo dos días después en Johannesburgo, confirmándose su positivo por PCR el 4 de mayo.

La gravedad del brote se completa con otros dos pacientes: un hombre evacuado desde la isla de la Ascensión hasta Sudáfrica el 27 de abril, positivo por hantavirus el 2 de mayo, y una mujer adulta que murió ese mismo día tras un cuadro clínico de neumonía.

El epidemiólogo Salvador Peiró, vinculado a la Fundación FISABIO, ha caracterizado el episodio como un evento de alta relevancia médica dadas las circunstancias y la letalidad de los casos. No obstante, ha sido categórico al señalar que la población general no enfrenta ningún peligro por las rutas del buque.

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El protocolo dictaminado por los expertos se reduce al control sanitario exhaustivo de los pasajeros durante la ventana de tiempo en la que podrían manifestar síntomas, además de las labores de desratización y saneamiento profundo que debe acometer la embarcación para descartar cualquier foco residual.


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