
Finalizó prueba del bus eléctrico en Santa Marta; Alcaldía entrega balance y define cómo implementar este modelo de transporte con estabilidad
El piloto en la ruta Aeropuerto – Bonda validó el rendimiento del vehículo, pero dejó en evidencia la necesidad urgente de fortalecer la infraestructura eléctrica para garantizar un servicio estable antes de su implementación masiva.
El bus respondió. Cumplió. Aguantó el calor, la carga de pasajeros y la exigencia de una ruta compleja. La tecnología no falló. Pero el sistema sí mostró sus límites.
Santa Marta cerró la prueba piloto del bus eléctrico con resultados técnicos positivos, pero con una conclusión: el problema ya no es si funciona, sino cómo hacerlo sostenible en el día a día.
La administración de Carlos Pinedo Cuello tiene ahora la tarea de ajustar la ciudad para que el sistema no se quede corto cuando entre en operación real.
El bus sí dio la talla
Durante meses, el vehículo operó en la ruta Aeropuerto – Bonda, una de las más exigentes del sistema. No fue una simulación. Fue operación real.
Los resultados son claros: una autonomía de 137,5 kilómetros por carga y un tiempo de recarga de 2 horas y 30 minutos. En condiciones de alta demanda, con hasta 100 pasajeros por trayecto, el consumo energético se mantuvo estable.
En palabras simples: el bus funciona y responde incluso en escenarios de presión. Ese punto quedó superado.
El cuello de botella está en la energía
El problema aparece cuando se mira el sistema completo.
El bus eléctrico solo logra dos recorridos por carga, mientras que uno convencional puede hacer hasta cuatro. Esa diferencia, en una ciudad con alta demanda de usuarios, se convierte en una amenaza directa a la continuidad del servicio.
Sin suficientes puntos de carga, sin una red eléctrica optimizada y sin tiempos de recarga integrados a la operación, el sistema corre el riesgo de volverse inestable.
Ahí está la alerta: la tecnología está lista, la ciudad todavía no.
Con el cierre del piloto, el Sistema Estratégico de Transporte Público (SETP) entró en una nueva fase: analizar alternativas que permitan superar el déficit de infraestructura eléctrica.
Durante seis meses, el Distrito no solo probó el bus. También estructuró un proceso técnico completo que incluyó planeación, pruebas en campo y consolidación de datos.
Ahora, con esa información, se comparan escenarios: desde optimización de estaciones de carga hasta la incorporación de tecnologías complementarias que permitan mejorar la eficiencia operativa.
La meta es garantizar que, cuando el sistema eléctrico entre en operación masiva, no falle en la calle.
De la prueba a la decisión real
El bus eléctrico llegó a Santa Marta el 1 de octubre de 2025, en la Plaza Simón Bolívar, con respaldo del Gobierno nacional y aliados privados.

Desde entonces, dejó de ser una promesa para convertirse en un experimento técnico medible.
El vehículo, con capacidad para 50 pasajeros y adaptado para personas con movilidad reducida, operó con tarifa regular, permitiendo evaluar su impacto sin distorsionar la demanda.
Hoy, ese piloto ya cumplió su función.
Lo que viene: ajustar la ciudad, no el bus
Santa Marta tiene claro el diagnóstico.
El bus eléctrico es viable. Pero su implementación exige una transformación previa: infraestructura de carga suficiente, planeación operativa distinta y un sistema capaz de sostener la demanda sin interrupciones.
La discusión dejó de ser tecnológica. Ahora es estructural.
Porque el verdadero reto no era poner el bus a rodar. Era garantizar que, cuando todo el sistema dependa de él, no se detenga.
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