Calor extremo y lluvias fuera de control: el ‘súper el niño’ que se acerca a Colombia


Proyecciones climáticas indican que ‘El Niño’ podría consolidarse entre mayo y julio de 2026, elevando temperaturas globales y alterando las lluvias con sequías en algunas zonas y precipitaciones intensas en otras.

El clima se desordena: más calor, más extremos, menos equilibrio.

Los modelos internacionales coinciden en que hay más del 60 % de probabilidad de que ‘El Niño’ se forme a mitad de 2026. A partir de ahí, el escenario se vuelve más exigente. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) advierte que “si se forma El Niño, la intensidad potencial sigue siendo muy incierta, con una probabilidad de una entre tres de que sea ‘fuerte’ entre octubre y diciembre de 2026”.

Es en ese tramo cuando el impacto suele sentirse con mayor fuerza.

El fenómeno no actúa de una sola manera. A medida que sube la temperatura del planeta, la atmósfera retiene más humedad. Ese exceso no se distribuye de forma uniforme: se concentra y luego se libera en forma de lluvias más intensas. Por eso, mientras en algunas regiones del mundo se esperan precipitaciones extraordinarias e inundaciones, en otras se imponen los periodos secos y el calor persistente.

En Colombia, el comportamiento más frecuente es claro: menos lluvias y más calor, especialmente en la región Caribe y la zona Andina. Días más largos bajo altas temperaturas, suelos que pierden humedad con rapidez y fuentes de agua sometidas a presión constante. Pero ese no es el único escenario posible. También pueden presentarse lluvias fuertes en cortos periodos, eventos que no compensan la sequedad acumulada y que, en algunos casos, pueden generar emergencias.

Esa combinación —sequía prolongada con episodios de lluvia intensa— es la que más preocupa. Cambia los ciclos normales, afecta la agricultura y complica la gestión del agua. Lo que antes era predecible deja de serlo.

En este contexto surge el término ‘Súper El Niño’. No es una categoría oficial, pero se usa para describir eventos particularmente intensos, cuando el calentamiento del Pacífico supera los niveles habituales y amplifica los efectos. Las proyecciones del Centro Europeo de Predicciones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF) apuntan precisamente a un posible escenario de mayor intensidad entre el verano y el otoño.

Las advertencias de los expertos refuerzan esa lectura.

“Era probable que se produjeran cambios en la ubicación, la intensidad y la frecuencia de las sequías, las inundaciones, las olas de calor y los huracanes”, señaló el meteorólogo Ben Noll.

El científico Daniel Swain advirtió:

“Uf. Todo apunta cada vez más a un fenómeno de ‘El Niño’ significativo, incluso fuerte o muy fuerte”.

El impacto no se queda en los mapas. Se siente en la vida diaria: aumento en el consumo de agua y energía, cultivos que requieren más riego, ganado afectado por la falta de pasto y riesgos para la salud por el calor prolongado. En paralelo, lluvias intensas en poco tiempo pueden generar afectaciones localizadas.

Por eso, el llamado es claro: prepararse sin caer en el pánico. Las señales actuales justifican anticiparse. Las decisiones de manejo hídrico que se tomen hoy tendrán impacto directo en las cosechas de los próximos años. Conocer el estado real del agua en el suelo es clave para evitar pérdidas.

Herramientas como el Balance Hídrico disponible en PalmaData permiten calcular día a día la reserva de agua y ajustar el riego según la necesidad del cultivo. Activar planes preventivos antes de que los déficits se consoliden, especialmente de cara al segundo semestre, puede marcar la diferencia.

No todos los especialistas coinciden en la magnitud final del fenómeno. Pero hay un punto en común: el margen de reacción se reduce.

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El ‘Súper El Niño’ no es solo un nombre. Es una advertencia de un clima más extremo, más variable y cada vez menos predecible.


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