
Doble calzada Ciénaga – Barranquilla: el único megaproyecto en América Latina con modelo de compensación 100% social
La doble calzada Ciénaga–Barranquilla arranca con un modelo de compensación inédito en América Latina: viviendas palafíticas y módulos comerciales para comunidades históricamente golpeadas por la marginalidad.
La obra inicia este lunes, pero el centro del proyecto no está solo en el asfalto. Está en lo que promete cambiar fuera de la vía. La doble calzada entre Ciénaga y Barranquilla llega con una condición que la diferencia: pagar una deuda social acumulada por décadas en las comunidades de su zona de influencia.
El megaproyecto, valorado en $2,7 billones, arranca con una apuesta que va más allá de la infraestructura. Su eje es un modelo de compensación que busca intervenir de forma directa la vida de quienes han vivido al borde de la carretera y de la Ciénaga Grande.
La condición que redefinió la obra
El proyecto no fue aprobado en blanco. En 2023, el exgobernador Carlos Caicedo exigió que la concesión incluyera una inversión social concreta, focalizada y medible.
Esa exigencia cambió el rumbo de la iniciativa. Lo que inicialmente era una obra vial tradicional terminó incorporando un componente social estructural, que hoy se presenta como único en América Latina dentro de este tipo de proyectos.
La concesión Ruta Magdalena Sierra Mar asumió ese compromiso como parte integral del desarrollo de la vía.
700 viviendas sobre el agua
El corazón de la compensación está en la construcción de dos islas palafíticas. Cada una contará con 350 viviendas, para un total de 700 hogares destinados a familias que viven a orillas de la Ciénaga Grande de Santa Marta, en jurisdicción de Puebloviejo.
No es solo un traslado. Es una reorganización del territorio. Las viviendas buscan mantener la relación cultural y económica de estas comunidades con el agua, pero bajo condiciones más dignas y planificadas.

La inversión destinada a este componente supera los 60 mil millones de pesos, concentrada en transformar realidades que durante años han permanecido invisibles.
De la orilla de la vía a espacios formales
El segundo eje de la compensación apunta a los vendedores que durante décadas han ocupado los bordes de la carretera, especialmente en Tasajera y el entorno del puente Laureano Gómez.
El proyecto contempla la instalación de módulos comerciales para reubicar esta actividad. La intención es ordenar el comercio sin eliminarlo, garantizando condiciones más seguras tanto para los trabajadores como para quienes transitan por la vía.
La escena de ventas improvisadas al borde de la carretera empezará a ser reemplazada por espacios definidos.
Un modelo que mezcla obra y territorio
La compensación no se limita a vivienda y comercio. También incluye un enfoque ambiental orientado a proteger la Ciénaga Grande, uno de los ecosistemas más frágiles y estratégicos del país.
La intervención busca articular desarrollo vial con conservación, evitando que el crecimiento de la infraestructura profundice los impactos sobre el entorno natural.
Al mismo tiempo, la apuesta urbanística abre la puerta a consolidar la zona como un punto de interés turístico.
Más que una carretera
La doble calzada Ciénaga–Barranquilla avanza con un discurso distinto: no solo conectar territorios, sino intervenir las condiciones en las que viven quienes han estado históricamente alrededor de la vía.
El inicio de los primeros 3,2 kilómetros marca el arranque físico de la obra. Pero el verdadero impacto estará en la ejecución de su promesa social.
El reto ahora es cumplir. Porque esta vez, la vía no solo debe construirse. También debe responderle a la gente que siempre ha estado ahí.
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