Las características que tendrá la moderna autopista en doble calzada que unirá a Ciénaga con Barranquilla


El proyecto arranca este 20 de abril tras más de 10 años de trámites y planeación. Costará $2,7 billones, conectará dos polos estratégicos del país y promete transformar la movilidad, el comercio y la competitividad del norte colombiano.

La vía que une a Santa Marta con Barranquilla ha sido, durante años, una paradoja del desarrollo colombiano: un corredor estratégico para el turismo, el comercio exterior y la logística portuaria, pero limitado por una infraestructura insuficiente, lenta y vulnerable.

Ese rezago comenzará a cambiar este lunes 20 de abril, cuando inicie la construcción de la doble calzada Ciénaga–Barranquilla, una megaobra que durante más de una década estuvo sometida a estudios técnicos, ajustes, trámites ambientales y dificultades administrativas.

La magnitud del proyecto habla por sí sola: $2,7 billones de inversión, cerca de 2 millones de personas beneficiadas y un impacto directo sobre uno de los corredores más importantes del Caribe colombiano.

Pero más allá de las cifras, se trata de una infraestructura llamada a redefinir la forma en que se mueve —y se desarrolla— toda la región norte del país.

Diez años de espera: del papel a la maquinaria

La historia de esta obra comienza entre 2013 y 2014, cuando se estructuraron los primeros estudios y diseños. Actualmente ya cuenta con una primera licencia ambiental, un paso clave en un proyecto que atraviesa zonas de alta sensibilidad ecológica.

Sin embargo, como ocurre con muchas megaobras en Colombia, el tiempo entre la planeación y la ejecución se extendió más de lo previsto.

Fueron años de revisiones técnicas, dificultades en la adquisición predial, estructuración financiera y articulación institucional entre el Gobierno Nacional, la Gobernación del Magdalena y el sector privado.

“Este es un proyecto que demuestra que la infraestructura de gran escala necesita maduración. Aquí hubo una planeación de más de una década”, explicó el consultor ambiental Fabio Manjarrez.

La continuidad política también fue determinante. La actual administración departamental de Margarita Guerra retomó una iniciativa impulsada en gobiernos anteriores y realizó todo lo pertinente para llevarla finalmente a fase de ejecución, en un contexto donde muchas obras similares han quedado a mitad de camino.

Radiografía técnica: cómo será la doble calzada

El proyecto no es una simple ampliación vial. Se trata de una intervención integral que reorganiza completamente el tránsito entre Barranquilla y Ciénaga.

En total, contempla 49,92 kilómetros de nueva doble calzada; 166,82 kilómetros en operación y mantenimiento; conexión directa con la variante de Ciénaga, ya en funcionamiento e integración con viaductos existentes y proyectados en la zona de Salamanca La obra está dividida en tres subproyectos estratégicos: Subproyecto 1 que comprende el acceso a Barranquilla que incluye la conexión con el puente Pumarejo y una intersección tipo deprimido en Palermo, clave para el flujo hacia zonas portuarias e industriales.

El Subproyecto 2: es el corredor ambiental que atraviesa cerca de 45 kilómetros en la zona del Parque Isla Salamanca, uno de los ecosistemas más sensibles del país. Aquí se concentra uno de los mayores retos técnicos y ambientales de la carretera. Finalmente el Subproyecto 3 que es la conexión con Ciénaga, la cual será el primer frente de obra y se dará inicio en el sector de Tasajera hasta conectarla con la entrada a Ciénaga, en un tramo de aproximadamente 8 kilómetros.

Arrancamos donde ya tenemos condiciones ambientales, prediales y técnicas resueltas. Eso permite comenzar sin contratiempos mayores”, explicó Víctor Esper, director de proyectos de la concesión Ruta Magdalena. La meta inicial es intervenir cerca de 4,5 kilómetros en un plazo de entre 12 y 14 meses, lo que representaría cerca del 50 % de ese tramo.

Una vía pensada para la economía

El impacto más evidente será en la movilidad, pero el trasfondo del proyecto es económico.

Hoy, el corredor Santa Marta–Barranquilla es clave para el transporte de carga desde y hacia los puertos; el turismo hacia destinos como el Parque Tayrona y la Sierra Nevada y la conexión entre centros industriales del Caribe.

Sin embargo, las condiciones actuales de la vía generan sobrecostos logísticos, demoras y riesgos.

Con la doble calzada, se proyecta una circulación más fluida, con velocidades promedio de entre 80 y 90 km/h, reduciendo tiempos y costos de operación.

“Esta es una autopista de estándar nacional que permitirá mayor competitividad. Va a impactar directamente el comercio, el turismo y la logística portuaria”, señaló Esper.

Además, la obra tiene un componente social relevante: la generación de empleo en zonas con altos niveles de vulnerabilidad.

“Estamos vinculando mano de obra local. La idea es que las comunidades sientan el proyecto como propio y reciban beneficios reales”, agregó.

Igualmente, Víctor Esper como representante de Ruta Magdalena asegura que la doble calzada comenzará a ser posible gracias a todo el impulso y respaldo que ha recibido por parte de la Gobernación del Magdalena como contratante de la obra, el gobierno nacional por su supervisión y ayuda en el diligenciamiento de las licencias ambientales, la alcaldía de Pueblo Viejo que se sumó con su gestión y la banca que confió en el proyecto y decidió disponer de la suma económica requerida.

El desafío ambiental: intervenir sin afectar

Uno de los puntos más sensibles del proyecto es su paso por el entorno de la Ciénaga Grande y el Parque Isla Salamanca, una zona protegida que exige altos estándares de intervención.

El proyecto cuenta con una primera licencia ambiental, pero su ejecución implica cumplir estrictos planes de manejo.

“Este no es solo un proyecto vial. Es un ejercicio de equilibrio entre desarrollo e impacto ambiental”, explicó Manjarrez.

Entre las medidas adoptadas están: Control de afectación a cuerpos de agua; protección de fauna y flora y ajustes en el diseño para evitar interferencias con infraestructura existente, como la tubería de gas y coordinación permanente con autoridades ambientales. En esta parte el acompañamiento de Parques Nacionales ha sido clave para viabilizar la intervención en esta zona.

Lo que viene

Como toda megaobra, la doble calzada implicará incomodidades temporales: desvíos, ruido, ocupación de predios y cambios en la dinámica de movilidad.

Desde la gobernación del Magdalena aseguran que se han adelantado procesos de socialización para mitigar estos impactos.

La concesión ha trabajado con las comunidades desde antes de iniciar. Sabemos que habrá afectaciones, pero estamos buscando que sean las mínimas posibles”, explicó Efraín Vargas, gerente de infraestructura de la doble calzada Ciénaga–Barranquilla llega en un momento clave para el Caribe colombiano, que busca consolidarse como un eje logístico, turístico y energético a nivel nacional e internacional.

La obra no solo conectará ciudades. También integrará economías, reducirá brechas y fortalecerá la competitividad de toda la región.

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Después de más de una década de espera, el desafío sobra es construirla y que empiecen a transitar por ella miles de vehículos.


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