
Caminaba todos los días para no abandonar la universidad y el alcalde terminó regalándole una motocicleta
Una estudiante universitaria que estaba a punto de ver sus estudios frenados por falta de transporte se acercó al alcalde Carlos Pinedo durante un evento público y le contó su situación. Semanas después recibió una llamada inesperada: la motocicleta prometida estaba lista.
Liliana Costa no tenía cómo seguir llegando a la universidad.
Cada día asistir a clases era un problema económico para su familia. El transporte se había convertido en una carga imposible y la idea de abandonar la carrera empezaba a aparecer como una opción real.
Por eso, cuando vio al alcalde Carlos Pinedo Cuello en un evento público en el barrio Galicia, decidió acercarse sin protocolo ni cita previa.
Le habló desde el corazón: quería estudiar, pero no tenía cómo movilizarse.No pidió favores políticos. Expuso un problema.
Una promesa en medio de la gente
El encuentro duró pocos minutos. Entre la multitud, la estudiante de séptimo semestre de Economía de la Universidad del Magdalena explicó sus dificultades y sus ganas de terminar la carrera.
El alcalde escuchó y le hizo una promesa concreta: ayudarle con un medio de transporte para que no dejara sus estudios.
Liliana salió del evento agradecida, pero sin creer completamente que algo fuera a pasar. Las promesas públicas suelen quedarse ahí.
La llamada que no esperaba
Pasaron las semanas y nada cambió. Seguía enfrentando las mismas dificultades para asistir a clases. Hasta que llegó la llamada.
Desde la Alcaldía le informaron que debía acercarse porque la motocicleta prometida ya estaba lista para entrega.
La solución que parecía improbable se había convertido en realidad.
“Me acerqué a él en Galicia, le conté lo que estaba viviendo y hoy veo que sí cumple. Ahora puedo transportarme a mis clases”, dijo la joven tras recibir el vehículo.
Una barrera menos para seguir estudiando
Para su familia, la motocicleta representa algo más que un regalo. Es la posibilidad de continuar un proyecto de vida que estaba en riesgo.
Su madre, Margarita Prado, resumió el impacto con alegría: ahora su hija podrá estudiar con tranquilidad y sin depender de dinero que muchas veces no tenían.
El problema no era falta de ganas. Era falta de movilidad.
Una historia simple en medio de una realidad frecuente
En Santa Marta, muchos estudiantes abandonan la educación superior por razones económicas antes que académicas. El transporte diario termina siendo una barrera silenciosa que empuja a jóvenes a renunciar.
Liliana estuvo cerca de hacerlo.
Hoy sigue estudiando porque decidió hablar y porque, esta vez, una promesa política terminó cumpliéndose.
La diferencia entre dejar la universidad y continuar estudiando llegó en forma de una llamada… y terminó estacionada en una motocicleta.
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