El Mencho cayó por una cita romántica: el encuentro con una mujer selló la caída del capo más buscado


Burló operativos militares, recompensas millonarias y persecuciones internacionales. Pero su caída no empezó con balas ni infiltrados armados, sino con el seguimiento silencioso a una mujer con la que mantenía una relación sentimental. La Secretaría de la Defensa reveló que ese detalle permitió ubicarlo y activar el operativo que terminó con su muerte en la sierra de Tapalpa, Jalisco.

Durante años fue un fantasma imposible de capturar. El nombre que aparecía una y otra vez en informes de inteligencia sin que nadie lograra ponerle las esposas. Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), cayó no por una traición armada ni por una delación millonaria, sino por un error humano: confiar en un encuentro personal con una pareja sentimental.

La persecución más larga contra un capo mexicano terminó lejos de las ciudades y del ruido mediático, en la sierra de Tapalpa, donde la cotidianidad fue interrumpida por disparos y helicópteros militares.

Según reveló la Secretaría de la Defensa Nacional, todo comenzó días antes del operativo final, cuando analistas detectaron movimientos inusuales alrededor de una mujer vinculada sentimentalmente con el líder criminal.

No fue casualidad. Era el resultado de meses de vigilancia.

El detalle que rompió el blindaje

El 20 de febrero, los sistemas de inteligencia confirmaron un desplazamiento que encendió todas las alertas. Un hombre de confianza trasladó a la mujer hacia una zona montañosa de difícil acceso, un territorio ideal para esconderse y controlar cualquier aproximación.

Para los analistas, ese trayecto confirmó lo que durante años solo eran hipótesis: El Mencho estaba allí.

El lugar no era improvisado. Caminos estrechos, vegetación cerrada y cobertura natural convertían la zona en un refugio diseñado para resistir operativos militares.


La mujer abandonó el sitio poco después. Ese movimiento breve fue suficiente. En ese instante, el cerco comenzó a cerrarse.

El operativo que cambió de captura a combate

Con la ubicación corroborada, fuerzas especiales del Ejército y la Guardia Nacional activaron un despliegue quirúrgico respaldado por apoyo aéreo. El objetivo inicial era capturarlo con vida y minimizar daños colaterales.

Pero el plan se rompió en minutos.

Cuando los uniformados avanzaron, el anillo de seguridad del capo respondió con fuego.

La sierra se convirtió en un campo de batalla: ráfagas entre los árboles, maniobras tácticas en terreno irregular y enfrentamientos a corta distancia.

Ocho presuntos integrantes del CJNG murieron durante el intercambio. Dos militares resultaron heridos.

El combate dejó claro que el refugio no era un escondite temporal, sino una base preparada para resistir un asalto armado.

La última huida

En medio del enfrentamiento, ‘El Mencho’ intentó escapar hacia una zona boscosa. Fue su última maniobra.

Resultó gravemente herido y evacuado por aire hacia un hospital en Jalisco. No sobrevivió al traslado.

Así terminó la persecución de uno de los narcotraficantes más buscados por México y Estados Unidos, un hombre que durante años había logrado evadir operativos federales, recompensas multimillonarias y cercos internacionales.

Un golpe que desató violencia inmediata

La muerte del líder del CJNG provocó reacciones casi instantáneas. En varios estados mexicanos se reportaron bloqueos carreteros, quema de vehículos y episodios de violencia coordinada.

Las autoridades interpretan estas acciones como una demostración del poder operativo que aún conserva la organización criminal, incluso sin su máximo jefe.

Ahora el interrogante no es cómo cayó El Mencho, sino qué ocurrirá después. La desaparición de su figura abre un escenario de reacomodos internos, posibles disputas por el control del cartel y un periodo de alta tensión para el Estado mexicano.

El error más humano del hombre más buscado

No hubo una gran filtración pública. No existió un informante estrella. No fue una operación espectacular de última hora.
Fue un seguimiento paciente. Silencioso. Metódico.

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Un traslado cotidiano, un encuentro personal, una confianza mal calculada.

Y en ese detalle íntimo se quebró el blindaje del hombre que durante años parecía inalcanzable.


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