Venezolanos en Barranquilla viven horas de angustia; miembros de su familia estaban de vacaciones en un resort en Tucacas que colapsó y ahora no saben de ellos


Tres integrantes de una misma familia venezolana permanecen desaparecidos tras el colapso del complejo turístico La Mar Suites en Tucacas, Venezuela, mientras sus familiares en Barranquilla intentan reconstruir, entre la desesperación y escaza información, qué ocurrió realmente después del terremoto.

El silencio es lo único que tienen hoy en Barranquilla. Una familia venezolana no ha vuelto a saber nada de tres de los suyos desde que quedaron en medio del desastre provocado por el doble terremoto que sacudió la zona norte de Venezuela. La última noticia que tuvieron los ubicaba en un hotel de la zona turística de Tucacas, justo cuando todo empezó a venirse abajo.

Desde ese momento, no hubo más llamadas, ni mensajes, ni señales claras de lo que pasó dentro del complejo donde estaban hospedados.

El punto donde se centra la búsqueda es el complejo La Mar Suites, una estructura residencial y hotelera que colapsó tras los sismos registrados el 24 de junio de 2026.

El impacto fue tan fuerte que uno de los módulos del edificio terminó reducido a escombros, con vehículos atrapados y equipos de rescate trabajando entre bloques de concreto y acero retorcido.

Las autoridades y organismos de emergencia han intentado establecer listas de personas evacuadas o trasladadas a centros médicos, pero la información sigue siendo incompleta. En ese vacío es donde hoy se mueve la familia desde Barranquilla, con más preguntas que respuestas.

Se trata de Yelusimar López, Luis Oliveros y la pequeña Fernanda Oliveros. Oriundos del estado Carabobo, habían viajado a Tucacas como parte de unos días de descanso. Sus familiares explican que era un viaje normal, de vacaciones, en una zona conocida por el turismo en el estado Falcón. Estaban allí precisamente pasando unos días de vacaciones cuando ocurrió el colapso del complejo.

Desde Barranquilla la incertidumbre es insostenible, donde parte de la familia migró hace más de una década, la reacción fue inmediata. Empezaron a llamar, a buscar contactos en Venezuela y a difundir su caso en redes sociales. Un afiche con sus nombres y fotografías empezó a circular como principal herramienta para intentar ubicarlos.

Nosotros no tenemos una llamada, un mensaje, nada. Después del terremoto se perdió todo contacto”, contó un familiar. La frase se repite una y otra vez en la casa donde hoy la espera se hace más pesada con cada hora.

Al principio creyeron que podía tratarse de fallas de comunicación, algo habitual tras un desastre de esa magnitud. Pero con el paso del tiempo, la preocupación cambió de tono.

“Uno piensa que es la señal, la luz, pero ya cuando pasa tanto tiempo uno entiende que puede ser algo peor”, agregó uno de los allegados.

La información que ha llegado desde Venezuela es fragmentada. Algunos reportes hablan de personas rescatadas con vida, otros de heridos trasladados a hospitales cercanos, y también de víctimas mortales. En el medio, el nombre de los tres desaparecidos no aparece en ninguna lista oficial.

Lo que nos han dicho es que el edificio donde ellos estaban colapsó totalmente. Eso es lo que más nos tiene golpeados”, relataron.

La familia, desde Barranquilla ha intentado abrir todas las rutas posibles: hospitales, refugios, redes de apoyo, contactos en la zona de Falcón. Incluso han buscado en registros improvisados de personas atendidas tras el desastre, donde muchos llegan sin documentos o sin poder ser identificados.

“Nos dicen que puede haber personas en hospitales sin identificar. Esa es la única esperanza que nos queda”, expresaron.

En paralelo, el trabajo de rescate en Tucacas continúa entre estructuras inestables y zonas todavía bajo revisión. La incertidumbre es total. Nadie se atreve a cerrar la búsqueda, pero tampoco hay certezas sobre cuántas personas siguen atrapadas o no localizadas.

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Mientras tanto, en Barranquilla, la familia de Yelusimar, Luis y la niña Fernanda sigue esperando una señal. Cualquier información, por mínima que sea, se ha convertido en la única forma de sostener la esperanza.


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