Ultimátum a chivas fuera de control en Santa Marta: transitan sin licencia, sin SOAT y con la ciudad como pista de rumba


Operativos del Dadsa y la Secretaría de Movilidad confirmaron lo que ya denunciaban los samarios: chivas rumberas circulaban sin SOAT, sin licencia de conducción y con niveles de ruido por encima de lo permitido. Varias fueron inmovilizadas y se advirtió la suspensión total de la actividad.

Las chivas rumberas volvieron a quedar en evidencia en un nuevo operativo de las autoridades.

En cada parada se descubrió que sus conductores no tienen licencia, los vehículos ruedan sin SOAT y los recorridos son una fiesta descontrolada que atraviesa la ciudad sin freno.

Desde El Rodadero salen cargadas de turistas, música a todo volumen y cero control. Recorren avenidas principales, barrios residenciales y sectores turísticos mientras el sonido invade casas, interrumpe el descanso y altera la convivencia. No es una, son muchas al mismo tiempo, repitiendo la escena cada noche.

Lo que encontraron en la calle

Las denuncias terminaron generando una nueva reacción de las autoridades. El Departamento Administrativo de Sostenibilidad Ambiental (Dadsa), junto con la Secretaría de Movilidad, salió a la vía y encontró lo que muchos ya venían advirtiendo.

Conductores sin licencia de conducción. Vehículos sin los seguros obligatorios. Niveles de ruido por encima de lo permitido. Una cadena de irregularidades que convierte cada recorrido en un riesgo, no solo para quienes van de fiesta arriba de la chiva, sino para cualquier ciudadano que se cruce en su camino.

Los operativos, liderados por la directora del Dadsa, Paola Gómez, y la secretaria de Movilidad, Sarita Vives, dejaron varias inmovilizaciones y sanciones.

Fiesta para unos, problema para otros

Mientras arriba se baila, abajo se acumula la molestia. Residentes de distintos sectores llevan tiempo denunciando el mismo problema: ruido excesivo, desorden en las vías y recorridos que parecen no tener control ni regulación efectiva.

El modelo de operación de este servicio muestra a turistas que buscan diversión, operadores que priorizan el negocio y autoridades que llegan después de múltiples quejas. El resultado es una ciudad partida entre la rumba y el reclamo.

O se ajustan o se acaban

Las autoridades fueron claras durante los operativos: si las chivas insisten en incumplir las normas, la actividad podría ser suspendida por completo.

El mensaje no es nuevo, pero ahora viene acompañado de acciones concretas. Inmovilizaciones, comparendos y advertencias formales a los operadores que siguen trabajando por fuera de la ley.

El problema es que el llamado ya se ha hecho antes. Y aun así, las chivas siguen rodando como si nada.

Un riesgo que va más allá del ruido

No es solo el volumen. Es la seguridad. Un vehículo sin SOAT y conducido por alguien sin licencia no es una irregularidad menor. Es un peligro en movimiento, cargado de personas, atravesando una ciudad que cada noche se convierte en pista de fiesta sin control.

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Santa Marta convive con la contradicción de venderse como destino turístico mientras permite que parte de esa experiencia se mueva al margen de las normas.


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