
“Te amo y te amaré eternamente”: el adiós de Líneth a su esposo, que salió a jugar fútbol y nunca regresó
Siete días después de la muerte de Eduardo Rafael Trujillo García, su esposa, Líneth Hernández Posada, sigue sin poder dormir. A los 58 años, el hombre se desplomó cuando entró a disputar el segundo tiempo de un partido en el Polisur.
A Líneth Hernández Posada le cuesta aceptar que su esposo no volverá a casa. Han pasado siete días desde que Eduardo Rafael Trujillo García se despidió de ella con un beso y le dijo que iba a jugar fútbol en el Polisur. Lo vio salir contento, sin imaginar que aquella sería la última despedida entre los dos.
Desde entonces no ha podido conciliar el sueño. Asegura que recuerda su salida como si hubiera ocurrido ayer: él estaba bien, tenía ánimo para ir al partido y nada le hizo pensar que unas horas después recibiría la noticia de su muerte.
“Era un hombre sano, sin vicios, deportista. No sufría de nada. No sabemos qué sucedió”, expresa su esposa, todavía tratando de entender cómo perdió a su compañero de vida a los 58 años.
Se desplomó en el segundo tiempo
Según el relato de Líneth, Eduardo entró a jugar en el segundo tiempo. Fue entonces cuando se desplomó ante la mirada de quienes estaban en la cancha. De acuerdo con la información entregada por su familia, sufrió un infarto que le causó la muerte.
Para su esposa, la noticia sigue siendo difícil de asimilar porque no le conocía enfermedades y lo veía mantenerse activo. La imagen que conserva de ese día es la del hombre que salió de su vivienda dispuesto a disfrutar de un partido de fútbol.
Ahora vuelve una y otra vez a esa despedida. Al beso, a sus palabras, a la tranquilidad con la que le contó adónde iba. Una escena cotidiana de su vida juntos que, después de su muerte, adquirió un significado que ella nunca habría querido darle.
‘El Flaco’ y su ‘Gordita bella’
En el gremio de los taxis a Eduardo lo conocían como ‘el Flaco’. A Líneth, como ‘Gordita bella’, el apodo cariñoso que él le puso y que terminó acompañándola también entre quienes los conocían.
Así la llamaba su esposo. Por eso, al hablar de él, Líneth recuerda esas dos palabras como una de las expresiones de cariño que marcaron su relación. En medio del dolor, quiere dejar claro que lo seguirá amando, como se lo dijo tantas veces mientras estuvieron juntos.
Su despedida recoge lo que para ella significó compartir la vida con Eduardo: tener con quién dormir, caminar y enfrentar los días. Más allá de las circunstancias de su muerte, quiere recordarlo por el lugar que ocupó en su hogar y por todo lo que construyeron como pareja.
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“No hacen falta muchas palabras. Él eligió vivir conmigo, dormir conmigo, caminar conmigo. Yo fui su compañera de vida entera, y siempre seré su número uno, así como él fue el mío. Gracias por todo lo que fuimos. Te amo y te amaré eternamente”, fueron las palabras que le dedicó.
Siete días después, Líneth sigue enfrentándose a su ausencia. El hombre al que todos llamaban ‘el Flaco’ era, para ella, su compañero de vida. Y ella seguirá siendo su ‘Gordita bella’, el nombre que Eduardo le dejó y con el que hoy recuerda el amor de los dos.
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