“Si quiere me arrodillo”: el desesperado ruego de un comandante para evitar que una multitud atacara a sus policías


Un video grabado en una zona rural de Tolima muestra el momento en que un oficial de la Policía suplica a una multitud que no agreda a sus hombres tras un operativo contra la minería ilegal. El episodio ha provocado indignación nacional.

Diez policías encerrados en una subestación. Afuera, una multitud furiosa avanzando hacia ellos. En medio de la tensión, un comandante entendió que cualquier palabra equivocada podía desencadenar una tragedia.

Entonces hizo algo que pocos imaginaban escuchar de un oficial de la Policía en pleno ejercicio de sus funciones.

Si quiere me arrodillo, pero no nos hagan nada”.

La frase quedó grabada en video y rápidamente se convirtió en uno de los episodios más impactantes de los últimos días en Colombia. El uniformado no estaba negociando una rendición ni pidiendo un favor personal. Estaba intentando salvar la vida de los policías que permanecían bajo su mando.

El operativo que encendió la furia

Todo comenzó en el corregimiento de Santiago Pérez, zona rural del municipio de Ataco.

Las autoridades adelantaron un operativo contra actividades relacionadas con minería ilegal en la región, una práctica que durante años ha generado conflictos económicos, ambientales y sociales en diferentes zonas del país.

La intervención policial provocó la reacción de varias personas vinculadas a esa actividad.

Lo que inicialmente era un procedimiento de control terminó convirtiéndose en una confrontación que fue creciendo con el paso de las horas.

La multitud rodeó la subestación

Tras el operativo, decenas de personas se movilizaron hacia la subestación policial del corregimiento.

Los reclamos aumentaron rápidamente y la tensión comenzó a escalar.

Los uniformados quedaron prácticamente acorralados dentro de las instalaciones mientras la multitud exigía respuestas por la acción desarrollada contra la minería ilegal.

La diferencia numérica era evidente.

De un lado había un grupo reducido de policías. Del otro, una masa de personas cada vez más alterada y difícil de controlar.

Las imágenes muestran momentos de alta tensión y dejan en evidencia la vulnerabilidad en la que quedaron los agentes.

El ruego que quedó grabado

Fue en medio de ese escenario cuando ocurrió la escena que hoy genera debate en todo el país.

Un testigo registró el momento en que el comandante intentaba contener a la multitud.

Lejos de adoptar una posición desafiante, el oficial apeló a la calma y lanzó una frase que reflejaba la gravedad de la situación.

Si quiere me arrodillo, pero no nos hagan nada

Más que una expresión simbólica, las palabras evidenciaban el temor de que la situación terminara en una agresión física contra los uniformados.

Según se conoció, apenas diez policías estaban disponibles para proteger la subestación y enfrentar una situación que amenazaba con desbordarse.

Un episodio que sacudió al país

La grabación provocó reacciones inmediatas en distintos sectores.

Mientras algunos interpretaron el gesto como una muestra de humanidad y responsabilidad para evitar un enfrentamiento violento, otros lo vieron como una señal de la fragilidad institucional que enfrentan los miembros de la Fuerza Pública en varias regiones del territorio nacional.

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Más allá de las opiniones, el episodio puso sobre la mesa una realidad compleja.

En numerosos municipios apartados, pequeños grupos de uniformados deben enfrentar conflictos sociales, economías ilegales y escenarios de alta tensión con recursos limitados y en condiciones de evidente inferioridad numérica.


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