
Santa Marta paga dos veces por el agua: 32 barrios sobreviven entre llaves secas, carrotanques y facturas que siguen llegando
La crisis de abastecimiento de agua ya golpea a 32 barrios de Santa Marta. Mientras el servicio permanece suspendido durante semanas en algunos sectores, las familias deben comprar agua para cocinar, bañarse y limpiar sus viviendas, pese a que continúan recibiendo la factura mensual del acueducto.
Abrir la llave y que no caiga una sola gota se convirtió en el dolor de cabeza de miles de familias en Santa Marta. Lo que antes era un problema temporal hoy mantiene en crisis a por lo menos 32 barrios, donde el agua desapareció de los hogares, pero la factura del servicio sigue llegando puntualmente. La consecuencia es una sola: los samarios están pagando dos veces por un recurso que cada día resulta más difícil conseguir.
Mientras esperan el regreso del suministro, hombres, mujeres y niños recorren las calles empujando carretillas con tanques, hacen filas para llenar baldes o destinan buena parte de sus ingresos a comprar agua en carrotanques y bolsas de agua para cubrir las necesidades más básicas.
“Pagamos el recibo y también los carrotanques”
Uno de los sectores donde la situación se volvió más crítica es Juan 23. Allí, los habitantes aseguran que llevan 28 días sin recibir agua por la red de distribución.
La única alternativa ha sido comprar agua a particulares, un gasto que se suma al pago de los servicios públicos y que cada semana reduce aún más el presupuesto familiar.
“Nos toca comprar agua desde un servicio de carrotanque todas las semanas porque el servicio no llega. También debemos usar motobombas para subirla a los tanques. Estamos pagando doble: la factura del agua y el costo de los carrotanques“, relató María Margarita Villa, residente del barrio.
La queja se repite en otros sectores afectados, donde las familias consideran injusto seguir cancelando un servicio que prácticamente dejó de prestarse con normalidad.
La búsqueda de agua ya hace parte del día a día
La crisis también cambió la dinámica de miles de hogares. Conseguir agua pasó a ser una tarea diaria que consume tiempo, dinero y esfuerzo físico.
Las imágenes de personas empujando carretillas con recipientes, cargando baldes o esperando la llegada de un carrotanque dejaron de ser excepcionales para convertirse en parte del paisaje cotidiano de varios barrios.
William Nieto resume la situación con una frase que refleja la desesperación de muchas familias:
“No hay agua para preparar un tinto, para bañarse o para mandar a los niños al colegio. Después de 40 días ya se siente la necesidad“.
En numerosos hogares el agua se raciona al máximo. Se utiliza únicamente para cocinar, asearse y lavar lo indispensable, mientras otras actividades domésticas deben aplazarse hasta conseguir un nuevo suministro.
El Río Piedras trabaja al límite
Las autoridades atribuyen gran parte de la emergencia a la drástica disminución del caudal del río Piedras, una de las principales fuentes de abastecimiento del acueducto de Santa Marta.
Actualmente el afluente apenas conserva el 30 % de su capacidad, lo que representa una reducción cercana al 70 % frente a sus niveles habituales. Esa disminución limita la cantidad de agua que puede ingresar al sistema de acueducto y afecta la distribución hacia distintos sectores de la ciudad.
La falta de lluvias durante las últimas semanas ha agravado aún más el panorama y mantiene la incertidumbre sobre cuándo podrá normalizarse el servicio.
ESSMAR busca contener la emergencia
Frente al creciente desabastecimiento, el director de Acueducto de ESSMAR, Marco Toledo, explicó que la empresa implementó un esquema de sectorización para distribuir el recurso disponible entre los barrios afectados y reducir el impacto de la escasez.
Además, aseguró que la entidad adelanta operativos junto con las autoridades para combatir las conexiones ilegales y a quienes presuntamente desvían agua de las redes para comercializarla de manera irregular, una práctica que, según la empresa, profundiza la crisis.
Sin embargo, esas medidas todavía no alivian la realidad de miles de familias que siguen esperando que el agua vuelva a salir por las llaves de sus viviendas.
Una ciudad donde el agua se convirtió en un lujo
La emergencia ya dejó de medirse únicamente por el número de barrios afectados. También se refleja en el dinero que las familias destinan cada semana para comprar agua y en las largas jornadas que invierten buscando cómo abastecer sus hogares.
En Santa Marta, la crisis del agua ya no consiste únicamente en la falta del servicio. También se convirtió en una carga económica para miles de ciudadanos que pagan la factura del acueducto y, al mismo tiempo, deben sacar dinero de su bolsillo para comprar el agua con la que cocinan, se bañan y sobreviven cada día.
PAUTE
AQUÍ
420 px x 450 px
INFO AQUÍ
