Limpiavidrios se vistieron de reguladores de tránsito y controlaron el tráfico tras apagarse semáforos de la av. del Ferrocarril


La falla de los semáforos en la intersección de la avenida del Ferrocarril con carrera 19 dejó sin regulación uno de los cruces más transitados de Santa Marta. Ante la ausencia de agentes de tránsito, fueron los limpiavidrios quienes organizaron el paso de los vehículos, evitaron el caos vehicular y lograron que conductores y motociclistas respetaran sus indicaciones.

Los limpiavidrios dejaron de ofrecer sus servicios por un lapso del día para convertirse en reguladores de tránsito. La falla de los semáforos en la avenida del Ferrocarril con carrera 19 los llevó a organizar el paso de los vehículos y, para sorpresa de todos, los conductores obedecieron cada una de sus indicaciones, evitando un monumental trancón.

La escena llamó la atención de quienes transitaban por el sector. Donde normalmente se escuchan bocinas, acelerones y discusiones cuando un semáforo deja de funcionar, esta vez predominó el orden gracias a los hombres que decidieron asumir una responsabilidad que nadie les había encomendado.

Los dueños del “pare” y el “siga”

Cada limpiavidrios ocupó un extremo de la intersección. Con movimientos de las manos, señales y coordinación comenzaron a controlar el flujo vehicular.

Mientras un carril avanzaba, el otro permanecía detenido. Cuando el tráfico disminuía, cambiaban el turno y daban paso a los vehículos del sentido contrario. Así, durante varios minutos, mantuvieron la movilidad sin que se registraran mayores inconvenientes.

No hubo necesidad de silbatos, radios de comunicación o uniformes. Bastó la experiencia de permanecer todos los días en ese punto para evitar que la congestión vehicular terminara convirtiéndose en un problema mayor.

Una autoridad que todos respetaron

Lo más sorprendente fue la reacción de los conductores.

Automóviles particulares, motocicletas, buses y camiones acataron las señales de quienes, hasta hacía unos minutos, se acercaban a ofrecer la limpieza de parabrisas.

Cada señal fue acatada. Los vehículos avanzaban únicamente cuando ellos lo indicaban, demostrando que el sentido común también puede imponer orden en medio de la improvisación.

La circulación se mantuvo fluida y el cruce funcionó con una organización que pocos esperaban encontrar en ausencia de los semáforos y de autoridades regulando el tránsito.

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Del rebusque al servicio ciudadano

La jornada cambió por completo para estos trabajadores informales.

Durante varias horas dejaron de lado el oficio que diariamente les permite llevar el sustento a sus hogares para dedicarse a organizar la movilidad de cientos de personas que atravesaban la intersección.

Algunos conductores, agradecidos por la labor, recompensaron el esfuerzo con unas monedas. Otros simplemente levantaron la mano en señal de reconocimiento antes de continuar su camino.

Sin proponérselo, encontraron otra forma de hacer el rebusque mientras prestaban un servicio ciudadano que terminó beneficiando a toda la comunidad.

En una ciudad donde un semáforo apagado suele traducirse en desorden y largas filas de vehículos, fueron ciudadanos del común quienes evitaron el colapso vial.

Paradójicamente, quienes muchas veces pasan desapercibidos o son vistos únicamente como limpiavidrios terminaron demostrando que el civismo también nace de la iniciativa ciudadana.

Por unas horas cambiaron el balde y el limpiavidrios por las señales de “pare” y el “siga”. Y la ciudad les hizo caso.


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