Pinedo cerró ‘La Norte’ y comerciantes celebran: una calle que vivió seis años entre motines y miedo vuelve al Centro Histórico


El alcalde Carlos Pinedo cumplió el compromiso de sacar definitivamente el Centro de Reclusión Transitorio de la calle 10C. Más de 150 internos fueron trasladados y el inmueble quedó completamente vacío. Comerciantes que durante años soportaron motines, fugas, enfrentamientos y cierres de sus negocios celebran una decisión que, aseguran, puede devolver clientes e inversión a este sector de Santa Marta.

Una calle que durante años estuvo asociada con presos, policías, rejas, motines y miedo volvió a quedar en manos de los samarios. El cierre definitivo del Centro de Reclusión Transitorio Norte se convirtió esta semana en una de las decisiones más celebradas por los comerciantes del Centro Histórico de Santa Marta.

El alcalde Carlos Pinedo Cuello oficializó la recuperación de la calle 10C con carrera Cuarta después de concretarse el traslado de más de 150 personas privadas de la libertad que permanecían en este centro. El mandatario aseguró que con esta decisión cumple el compromiso que había adquirido con empresarios, residentes y comerciantes de sacar de allí un problema que la ciudad arrastraba desde hacía más de seis años.

“El gran éxito de todo esto es haber recuperado la calle 10C para todo el Distrito de Santa Marta. Esta vía ya se entrega al comercio y al Centro Histórico, porque no volverá a ser bloqueada por centros transitorios”, expresó Pinedo.

La operación requirió gestiones con el Gobierno nacional, el Ministerio de Justicia, el Inpec, organismos de control y la Policía. Los internos fueron trasladados hacia otros centros, permitiendo finalmente entregar vacío el inmueble donde funcionaba ‘La Norte’.

Comerciantes dejaron de vivir pendientes del próximo motín

La alegría tiene una explicación. Tener un centro de reclusión en medio de uno de los corredores comerciales más importantes de Santa Marta terminó afectando profundamente la dinámica de la zona.

Cada protesta de los detenidos se convertía rápidamente en un problema para quienes trabajaban alrededor. Cuando había lanzamiento de piedras, enfrentamientos o intentos de fuga, aparecía el mismo ritual: cerrar puertas, sacar clientes, suspender ventas y esperar que las autoridades recuperaran el control.

La situación llegó a su punto más crítico en marzo de este año, cuando un motín terminó con los internos en las calles del Centro. Hubo enfrentamientos, barricadas y una fuga masiva de 34 detenidos. Algunos llegaron hasta la bahía, se metieron al mar y posteriormente regresaron, mientras otros aprovecharon el caos para escapar.

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Ese episodio dejó un interno muerto, varios heridos y una enorme afectación comercial. Pero, sobre todo, terminó de convencer a autoridades y empresarios de que mantener ‘La Norte’ en ese lugar era insostenible.

Diana Giraldo, directora de la Corporación Centro Histórico, resumió lo que significaron esos años para quienes permanecieron en el sector: la zona estuvo “secuestrada por la inseguridad y el miedo”.

Ahora, aseguró, comienza otra etapa, acompañada de limpieza, recuperación de espacios, iluminación y otras intervenciones destinadas a cambiarle la cara a la calle.

Pinedo: de la promesa al cierre definitivo

La administración de Carlos Pinedo convirtió el traslado de los detenidos en uno de sus compromisos para la recuperación integral del Centro Histórico.

El problema, sin embargo, requería mucho más que ordenar el desalojo. La ciudad necesitaba encontrar lugares para recibir a una población privada de la libertad que durante años desbordó la capacidad de los centros transitorios.

Por eso fueron necesarias mesas de trabajo y acuerdos con el Ministerio de Justicia y el Inpec hasta concretar el traslado de más de 150 internos.

Para Pinedo, el resultado tiene una dimensión adicional: recuperar para la ciudad una calle que durante años estuvo prácticamente condicionada al funcionamiento del centro de reclusión.

Con los últimos detenidos afuera, el inmueble fue devuelto a su propietario. Al tratarse de una propiedad privada, comenzará un proceso de recuperación física con la intención de ponerla a disposición de inversionistas para el eventual desarrollo de un proyecto comercial u hotelero.

Una calle para estacionar y volver a comprar

La Alcaldía también decidió darle inmediatamente un nuevo uso al espacio público recuperado.

Mediante el Decreto 417, la calle 10C fue habilitada como zona de parqueo regulado bajo control de la Secretaría de Movilidad. La apuesta es que compradores y visitantes tengan mayores facilidades para llegar al Centro Histórico y que esa circulación beneficie directamente a los negocios.

Para los empresarios, sacar a los detenidos resuelve el problema inmediato, pero ahora comienza el reto de conseguir que las personas vuelvan.

“Hoy la Calle 10C vuelve a estar disponible para la ciudad y ahora tenemos una responsabilidad compartida: dinamizar el comercio, atraer inversión y recuperar la confianza en el Centro Histórico”, manifestó Cristian Newmark, representante de la Asociación de Empresarios de la Carrera Quinta.

Del miedo a una nueva oportunidad

Durante seis años, alrededor de ‘La Norte’ hubo negocios que perdieron clientes, establecimientos obligados a cerrar durante alteraciones del orden y comerciantes que reclamaron insistentemente una solución definitiva.

Hoy la imagen es distinta.

Ya no están los detenidos asomándose desde la edificación ni las barreras que restringían la calle. Tampoco existe la amenaza permanente de que una protesta dentro del centro termine minutos después frente a los locales comerciales.

Pinedo sostiene que la recuperación de la calle 10C hace parte de una intervención más amplia para devolverle seguridad, movilidad y actividad económica al Centro Histórico.

Los comerciantes, entretanto, tienen una expectativa mucho más sencilla: volver a vender tranquilos.

Después de años mirando con preocupación hacia el edificio de ‘La Norte’, ahora esperan que por esa misma calle vuelvan a caminar compradores y turistas, lleguen nuevos negocios y aparezcan inversionistas.

La cárcel improvisada salió del corazón comercial de Santa Marta. Ahora el desafío de la administración y los empresarios será demostrar que el espacio recuperado puede llenarse nuevamente de comercio, inversión y vida.


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