Petro acusa a alias Chalá de asesinar al periodista Mateo Pérez y le cierra la puerta a diálogos de paz


El joven periodista de 23 años fue hallado muerto en una zona rural de Antioquia luego de desaparecer mientras realizaba labores informativas. El presidente Gustavo Petro responsabilizó directamente a un cabecilla armado ligado a la minería ilegal y aseguró que con esa estructura criminal “no existe negociación alguna con el Gobierno”.

Mateo Pérez Rueda fundó un medio de comunicación cuando todavía estaba en el colegio. A los 23 años dirigía El Confidente de Yarumal, estudiaba Ciencia Política en la Universidad Nacional sede Medellín y se había convertido en una de las voces jóvenes que intentaba narrar el miedo, la violencia y las tensiones armadas que siguen golpeando al norte de Antioquia.

Ahora su nombre quedó marcado en otra lista: la de periodistas asesinados en Colombia.

El cuerpo de Mateo fue encontrado en la vereda El Hoyo, jurisdicción del municipio de Briceño, una zona atravesada por disputas armadas, minería ilegal y control territorial de grupos criminales. Durante días hubo incertidumbre sobre su paradero, pero finalmente la tragedia fue confirmada por las autoridades y por el propio presidente de la República, Gustavo Petro.

Petro señaló directamente a alias Chalá

La reacción presidencial llegó con un mensaje contundente en el que responsabilizó a un jefe armado del crimen y anunció el cierre definitivo de cualquier posibilidad de acercamiento con esa estructura ilegal.

“Se ha encontrado el cuerpo del periodista y estudiante Mateo Pérez Rueda de 23 años, director del medio ‘El Confidente’ de Yarumal que fundó desde el colegio y estudiaba Ciencia Política en la Universidad Nacional sede Medellín”, expresó Petro.

Luego lanzó una acusación directa:

“Fue asesinado por Jhon Edison Chalá Torrejano del frente Darío Gutiérrez, que es un grupo dividido del frente 36, hoy completamente fragmentado en diversos grupos delincuenciales”.

El presidente además aseguró que el asesinato ocurrió en la vereda El Hoyo, en Briceño, y vinculó a esa organización con economías criminales relacionadas con la extracción ilegal de oro.

“Con esta banda de Edison Chalá no existe negociación alguna con el Gobierno. La banda de Edison se dedica al control de la minería ilegal del oro”, afirmó.

Las declaraciones del mandatario golpearon directamente la narrativa de la llamada “paz total”, especialmente porque dejan claro que el Gobierno decidió cerrar cualquier posibilidad de diálogo con esa facción armada tras el asesinato del comunicador.

Un periodista joven en medio de la guerra

Mateo Pérez hacía reportería en una de las zonas más peligrosas del país para ejercer el periodismo. El norte antioqueño continúa atrapado entre grupos armados ilegales, corredores de narcotráfico, minería ilegal y disputas territoriales que convierten a líderes sociales, campesinos y periodistas en objetivos vulnerables.

Quienes lo conocieron aseguran que tenía una obsesión: contar lo que otros preferían callar. Desde Yarumal había construido un medio digital enfocado en denuncias ciudadanas, orden público y conflictos sociales. Lo levantó prácticamente solo, con equipos básicos y el apoyo de personas cercanas que veían en él una mezcla de periodista empírico, estudiante disciplinado y joven terco frente a las amenazas.

Su desaparición encendió alarmas de inmediato porque, según organizaciones de prensa, ya existían antecedentes de presiones y riesgos relacionados con su trabajo periodístico.

La Fundación para la Libertad de Prensa exigió que el crimen sea investigado teniendo como principal hipótesis su labor informativa.

El miedo vuelve a instalarse en el periodismo regional

El asesinato de Mateo reabre una herida que nunca termina de cerrar en Colombia: la vulnerabilidad extrema de los periodistas regionales.

En muchas zonas apartadas del país, informar sobre grupos armados, minería ilegal, corrupción o extorsión sigue siendo una sentencia de riesgo permanente. Los reporteros trabajan sin esquemas de seguridad, con pocos recursos y bajo amenazas constantes.

La situación se vuelve todavía más delicada en territorios donde las estructuras criminales ejercen control absoluto y donde el silencio termina siendo impuesto a sangre y fuego.

La muerte de Mateo Pérez ocurre además en medio de una fragmentación de las disidencias armadas en Antioquia. Según lo señalado por el presidente Petro, el frente Darío Gutiérrez sería una división del frente 36, estructura que históricamente ha tenido presencia en esa región y que hoy estaría fracturada en múltiples grupos delincuenciales.

La imagen de Mateo como estudiante universitario y director de un medio joven terminó convirtiéndose en símbolo de indignación nacional. Tenía apenas 23 años. Su proyecto periodístico había nacido en el colegio y su intención era seguir creciendo como comunicador y analista político.

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Pero terminó asesinado en una vereda controlada por hombres armados.


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